Opinión: Mariana Massaccesi*

Poder y docencia

El manual de la ciencia política suele hacer una distinción: el cabecilla es un portador de intereses (un oportunista), el político es un conductor que conoce el camino y el estadista es un creador de caminos.
domingo, 27 de marzo de 2016 · 06:57
La gente olvidará lo que dijiste, lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir dijo la poeta Maya Angelou.
Mientras escuchaba a Obama en la Usina del Arte frente a 700 jóvenes emprendedores de mi país sentí que estaba aprendiendo algo. No pude distinguir si estaba en frente a un hombre de estado o simplemente en una charla de café. Ese espíritu docente me cautivó. Es verdad que todo transcurrió dentro de lo políticamente correcto, pero no es menos cierto que el intercambio y su capacidad de escucha nos elevó a todos los que estábamos ahí.
En un acto sencillo Obama fue formidablemente instintivo y transmitió grandes ideas en una charla de absoluta cercanía e intimidad. Colgó el saco en una silla, se arremangó la camisa e hizo contacto visual con por lo menos la mitad del auditorio. Fue fácil olvidar el gran dispositivo de seguridad que lo rodeaba, el detector de metales en el ingreso y los intimidantes guardaespaldas estratégicamente ubicados en el salón. Fue fácil olvidarse del poder que se construye atrás del Presidente del país mas poderoso del planeta.
No hubo demostración de fuerza sino que hubo una conversación triunfal. Desde el zika al conflicto palestino-israelí, Obama tuvo chances de atacar a sus oponentes, en cambio en un gesto que parece más ligado a la superación de los conflictos eligió apelar a la inteligencia de quienes lo escuchaban. Sobre la futura elección en Estados Unidos fue igual de pedagógico y prefirió dar información para entender el fenómeno Trump, principal amenaza para los Demócratas. Empoderó a sus interlocutores.
La presencia de Obama fue histórica para nuestro país, más allá de cualquier arista ideológica o de las distintas opiniones sobre la política exterior de USA. Esto es innegable. A pesar del tinte global de la visita los argentinos desplegamos nuestro más ferviente estado de asamblea para opinar de la cosa pública: desde los fondos buitres a los vestidos de las primeras damas como también de la ultima visita de Bush o el tango de Mora Godoy con nuestro visitante.
Dentro del round de líderes mundiales que circularon por Argentina, la agenda del Presidente Obama tuvo el fino diferencial de reservar un momento para los jóvenes en un formato tan desconocido como cautivante. ¿Cual es la reflexión de los jóvenes de la visita de Obama? ¿Podemos tener una mirada más crítica y aguda además de postear en las redes sociales la invitación al encuentro y la selfie en ese cálido auditorio de madera de la Usina del Arte? Es majestuoso poder conversar mano a mano con un Presidente que sin dudas va a quedar en la historia.
Uno de los grandes problemas políticos de nuestro tiempo es la distancia entre los gobernantes y su gente sumado a la ausencia de la dosis de arte que requiere la política. Es un problema mundial y no particular de algunos países. El liderazgo político no siempre es conducido por líderes. El manual de la ciencia política suele hacer una distinción: el cabecilla es un portador de intereses (un oportunista), el político es un conductor que conoce el camino y el estadista es un creador de caminos.
El poder estimula la soberbia, pero la posición de poder también es una oportunidad para desarrollar la vocación de servicio público. En su charla, Obama transmitió honradez, sobriedad y veracidad. Jerarquizó la política. Sensaciones como estas deberían ser más comunes, o al menos eso anhelo.
Aprovechemos. Hay pocos líderes que entienden el carácter temporario de su poder y los pueblos, aún sin quererlo, son imitadores de sus gobernantes.

Mariana Massaccesi

*Coordinadora, Voces Vitales Argentina 

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