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La interna que amenaza a JSRN y el desgaste de la gestión no alcanza para voltear a Weretilneck

La oposición plantea un fin de cliclo para Alberto Weretilneck. Enfrenta desgaste de gestión, pierde dirigentes y acumula cuestionamientos, pero no encuentran una figura capaz de desafiarlo.

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Sabado, 13 de junio de 2026 a las 15:38
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Alberto Weretilneck lleva dos periódos y medio gobernando Río Negro, acumula cuestionamientos por distintos déficits de gestiónperdió a dos dirigentes en pleno acto de renovación partidaria y tiene a varios de sus exsocios disparándole desde afuera. Y sin embargo, o quizás precisamente por todo eso, sigue siendo el dirigente con mayor centralidad política de la provincia e intención de voto en los sondeos que circulan en el escenario rionegrino. Esa es la paradoja que la oposición todavía no termina de resolver y que el tres veces gobernador aprovecha con la experiencia de quien lleva décadas jugando el mismo juego.

Los opositores de Weretilneck aciertan en el diagnóstico, pero se equivocan en la solución. Sí, la gestión sanitaria es una herida abierta. Arabela Carreras, gobernadora hasta hace apenas dos años, lo expresó con crudeza al sostener que “se perdió la mística, el compromiso con el ciudadano”. La ex mandataria intenta recuperar terreno político después de la dura paliza que sufrió frente a Walter Cortés en Bariloche y eligió la salud como principal eje de sus cuestionamientos. No parece una mala elección. Si existe un punto vulnerable para el oficialismo, es ese.

La respuesta del Gobierno apunta justamente a ese frente. un crédito de 60 millones de dólares destinado a fortalecer el sistema sanitario. La apuesta incluye la digitalización de los 36 hospitales y los 191 Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS), incorporación de tecnología médica, herramientas de telesalud, mejoras edilicias y soporte para más de 7.000 trabajadores del sector. La estrategia es evidente: mostrar resultados antes de que la campaña electoral ocupe definitivamente la agenda pública. ¿Le alcanzará?

La foto del sábado que nadie quiere ver

El acto de renovación partidaria realizado en Cipolletti representó, al mismo tiempo, la mejor y la peor noticia para Weretilneck. Positivo, porque logró algo que pocos líderes consiguen: transferir la presidencia del partido sin resignar autoridad real. Rodrigo Buteler se quedó con el sello partidario, la foto institucional y el desgaste cotidiano de administrar la estructura. En cambio, conservó lo verdaderamente importante: la última palabra. Cuando aparezcan reclamos, heridas o disputas por espacios de poder, será la nueva conducción la que deba administrar los costos. El liderazgo sigue exactamente donde estaba.

Weretilneck cedió la conducción del partido a Rodrigo Buteler, el intendente de Cipolletti es el que deberá enfrentar, ahora, los reclamos internos

La peor noticia se había hecho pública apenas unas horas antes. Marcela González Abdala, vinculada al sector de Gustavo Gennuso, y Daniel Sanguinetti, identificado con Arabela Carreras, presentaron sus renuncias al bloque de Juntos. La legisladora, que hace unas semanas participó de una reunión interna del Pro, no se fue en silencio. “Hay mucha gente que se quiere ir pero tiene miedo. Me advirtieron que no me vaya, que tenga cuidado porque empiezan a pasar cosas”, afirmó. La frase excede la decisión personal de una dirigente. Refleja una percepción sobre el funcionamiento interno de un partido donde referentes de peso denuncian la ausencia de debate real. Si el temor a disentir se volvió parte del clima político interno, entonces el problema es más profundo que una simple renuncia.

Weretilneck respondió y apostó al desgaste de quienes se van. “Están los que quieren estar”, resumió. Y siguió adelante. Sabe que las salidas individuales generan ruido mediático, pero difícilmente alcancen para poner en jaque a una estructura con fuerte presencia territorial en toda la provincia.

Los que se fueron e incomodan

De todos los jugadores del tablero rionegrino, Pedro Pesatti parece ser quien se mueve con mayor sofisticación política. No lanza candidatura, no rompe ferozmente con el oficialismo y tampoco se alinea con la oposición. Pero no se queda quieto. Y eso es precisamente lo que incomoda.

La distancia con Weretilneck terminó de consolidarse cuando el gobernador eligió a Facundo López para encabezar la lista al Senado nacional, un lugar que el Vice consideraba propio después de años de lealtad política. Desde entonces, comenzó a construir una agenda paralela. Intentó habilitar nuevos bloques legislativos que hubieran otorgado representación institucional a Aníbal Tortoriello y a La Libertad Avanza. Esta semana el oficialismo bloqueó la iniciativa en Labor Parlamentaria.

Gustavo Gennuso representa otro caso particular. Pasó de ser una de las figuras más importantes de Juntos Somos Río Negro a quedar progresivamente relegado de los espacios centrales de decisión. Coqueteó políticamente con María Emilia Soria, despertó expectativas de acercamiento entre sectores del peronismo y dirigentes desencantados del oficialismo, pero aquella posibilidad no se consolida. Finalmente aceptó conducir Intecnus por designación del gobierno nacional. La incógnita es si ese movimiento lo aleja de la disputa política inmediata o simplemente lo coloca en una posición de espera.

La oposición que no se consolida

Aquí aparece el verdadero problema del fin del ciclo. La oposición detecta correctamente los signos de desgaste. Lo que todavía no consigue es construir una alternativa competitiva.

María Emilia Soria mantiene a General Roca como el feudo familiar donde sostiene su base de operaciones, conversa con distintos sectores políticos para no cargar con la cruz del peronismo y sigue siendo una de las dirigentes con mejor posicionamiento. Sin embargo, continúa atrapada en las dificultades de un espacio que todavía no logra resolver sus propias tensiones internas ni despegarse completamente de la imagen cuestionada del kirchnerismo o de Axel Kicillof.

María Emilia Soria busca ser alternativa, pero aún no consigue una alianza para evitar quedar pegada a la cruz del peronismo

Aníbal Tortoriello, por su parte, registra niveles de conocimiento e intención de voto interesantes. Pero sigue enfrentando el mismo problema que lo acompaña desde hace años: una construcción política excesivamente personalista. Incluso entre quienes lo acompañaron en distintas etapas aparece la sensación de que todavía le cuesta consolidar equipos y generar volumen político más allá de su figura.

Mientras tanto, Weretilneck administra el calendario como recurso de poder. Como ocurrió en 2019 y en 2023, la fecha de las elecciones provinciales sigue dependiendo de una decisión política que permanece en sus manos. No tiene ningún incentivo para acelerar los tiempos. Cuanto más tarde se convoque a elecciones, menos margen tendrá la oposición para ordenar candidaturas, cerrar acuerdos y construir una propuesta competitiva.

La fragmentación opositora también juega a favor del oficialismo. Cada semana que pasa sin definiciones claras es una semana que Weretilneck aprovecha para consolidar su posición. El tiempo, al menos por ahora, sigue corriendo de su lado.

De todas maneras, el desgaste existe. Se percibe en las críticas internas, en la pérdida de dirigentes históricos, en las renuncias recientes y en una gestión que parece no generar el entusiasmo de otros tiempos. Pero una cosa es el desgaste y otra muy distinta la derrota.

La oposición lleva años anunciando el final del ciclo político de Weretilneck. El problema es que todavía no encontró quién lo reemplazará. No tiene un candidato firme, no logró construir una coalición competitiva y tampoco encontró un discurso capaz de interpelar a toda la provincia. Los tiempos políticos no cambian solos. Hay que empujarlos. Y por ahora, quienes buscan jubilar políticamente a Weretilneck carecen de una alternativa real.

El gobernador conserva el poder. Y también el tiempo. Por eso, pese al desgaste lógico, las críticas y las fracturas internas, el gobernador sigue observando el tablero desde una posición de ventaja. El partido está lejos de terminar. Recién empieza el calentamiento.

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