La victoria del oficialismo en Bariloche duró 48 horas. El gobernador Alberto Weretilneck y el intendente Walter Cortés se quedaron con ocho de los quince convencionales para reformar la Carta Orgánica. El peronismo, dividido en tres listas, terminó segundo con poco más del 16% y festejó por comunicado, como si eso fuera una victoria. La Libertad Avanza, aliada con el PRO, quedó tercera con casi el 12% y demostró que con llevar a Javier Milei en la lista no alcanza. Parecía material para una semana de análisis. Pero el miércoles, María Emilia Soria anunció que Roca pagaría apenas el 70% de los salarios de octubre. La política rionegrina cambió de escenario: de la foto electoral al problema de caja.
Desde 2003, pagar los sueldos el último día hábil fue el orgullo del sorismo. Era la prueba de que los Soria administraban mejor que todos y el argumento para diferenciarse de la Provincia. Esa bandera no se bajó con honores. Se bajó porque no había con qué sostenerla.
La crisis dejó al descubierto otra cuestión: durante años, la gestión hizo del silencio una política. Ni el gasto, ni la planta política ni las partidas presupuestarias tuvieron demasiadas explicaciones públicas. En la audiencia por el Presupuesto 2027, Erika Acosta, exfuncionaria de Carlos Soria padre cuestionó la falta de acceso a la información.
La explicación oficial fue el clima. Fueron las lluvias las que dispararon el gasto un 30% y por eso se suspendió el Festival de la Sidra y se terminó pagando en cuotas. El líder del PRO, Juan Martín, en modo candidato a intendente, lo resumió con ironía: ¿en Cipolletti no llovió? ¿En Neuquén tampoco?
La lluvia puede explicar una emergencia. Lo que no puede explicar es una estructura de gastos que ya venía haciendo agua. El Niño no explica los $5.412 millones de déficit financiero de 2025, y $2.372 millones de las arcas propias para pagar la Fiesta de la Manzana, ni los $22.410 millones de financiamiento externo previstos en el Presupuesto 2027. Tampoco el pedido de licencia de Pablo Rolo el secretario de Hacienda, aunque la versión indica que fue la intendenta la que le pidió la renuncia.
La pesada herencia es un espejo
Roca lo gobernó Carlos Soria, después Martín y desde 2019 María Emilia. No hay a quién echarle la culpa del pasado. El legislador Martín lo dijo con sorna: ¿ya se puede hablar de la pesada herencia?
La ironía mayor llegó desde la capital provincial. Para completar los salarios, Roca necesitó un anticipo de coparticipación de $800 millones que deberá devolver en dos cuotas. La plata llegó desde el mismo gobierno al que la familia Soria cuestionó reiteradamente por el reparto de fondos. De proclamar a los cuatro vientos que Roca tenía ahorros y las cuentas ordenadas, del discurso fanfarrón del Gringo de querer prestarle plata a la provincia para pagar los sueldos, a tener que recibir un salvavidas financiero de su principal rival político.
Weretilneck no necesitó nombrarla. Le alcanzó con decir que no sabía qué había pasado en Roca, pero que sí sabía que no había podido pagar. También explicó que la inflación había disimulado ineficiencias y que, cuando los recursos dejan de crecer al ritmo del gasto, las cuentas pasan factura. Ya no están los millones que se negociaban en Nación y se ponían en los balances.
El gobernador ganó en Bariloche el domingo y el jueves terminó financiando a una de sus principales adversarias políticas. No fue un regalo: fue un anticipo que Roca tendrá que devolver. Pero la fotografía quedó instalada. El Weretilneck que acaba de imponerse electoralmente terminó aportando los fondos para que una intendenta opositora pudiera completar los salarios.
2027 ya no es un trámite
María Emilia Soria es la candidata natural del PJ para disputar la Gobernación. Nadie discute ese lugar. Aunque son pocos los que se suman. Los sectores internos buscan respaldos, espacios y garantías que históricamente la familia Soria no concedió. La candidatura está encaminada; el cheque en blanco, no.
El peronismo pide "paciencia" por su campaña, y espera la resolución de la interna nacional. En Bariloche, donde se concentra casi el 20% del padrón provincial, volvió a mostrar sus divisiones, fue en tres listas y festejó un pobre segundo lugar. A esas complicaciones se le suma la caída de la imagen de la candidata indiscutible, la única también.
Y en Roca, la sucesión familiar tampoco está resuelta. Las críticas por lo bajo ahora se pueden escuchar. El sorismo piensa en Carlitos Soria para la intendencia, con el ultrasorista José Luis Berros dando el tema por cerrado, pero dentro del PJ ya aparecen otros anotados, uno que sueña es el diputado Luciano Delgado Sempé, ex titular de ANSES en épocas de Alberto Fernández.
La oposición también sueña. Ve posible romper el Fuerte que refundó Carlos Soria en 2023 y heredaron sus hijos. Juan Martín se proclamó como líder de un frente amplio capaz de derrotar al sorismo, Weretilneck dejó abierta la puerta para que Juntos Somos Río Negro se sume. Y La Libertad Avanza busca en el fondo de una olla bastante vacia que aún no pudo definir sus líneas internas: el sector de Lorena Villaverde y el oscuro Julián Goinhex posicionan al expolicía y empleado judicial Gonzalo Barbero; mientras que el farmaceutico Roberto Zgaib (el que destapó el escándalo de las facturas truchas en la campaña anterior), quiere sacarse la chaqueta del ambo y ponerse el traje.
Los Soria ganaron con casi el 60% en 2023. Durante 23 años, Roca fue el bastión desde el que el sorismo imaginó su desembarco en Viedma y repetir la gesta de su papá, que apenas duró 21 días en 2011. Ahora tiene que explicar por qué necesitó que Viedma le adelantara plata para llegar a fin de mes.
La candidatura de María Emilia sigue en pie. Lo que acaba de entrar en crisis es el relato de solvencia con el que pretendía llegar a la Gobernación.