Miles de personas caminan cada día por la calle Mitre sin imaginar que, bajo sus pies, permanecieron durante más de un siglo rastros de la vida cotidiana de los primeros habitantes de Bariloche. Ahora, parte de esa historia podrá verse gracias a la primera ventana arqueológica de Río Negro, un dispositivo instalado en pleno centro que exhibe una reconstrucción de un antiguo pozo de basura utilizado entre aproximadamente 1908 y 1930.
La iniciativa surgió a partir de hallazgos realizados durante la remodelación de calle Mitre en 2016 y busca acercar el patrimonio arqueológico a vecinos y visitantes. Botellas, medicamentos, restos de vajilla, envases de alimentos y otros objetos recuperados permiten reconstruir aspectos de la vida urbana de una ciudad que recién comenzaba a consolidarse. Detrás del proyecto hubo años de investigación, rescate patrimonial y trabajo conjunto entre universidades, organismos científicos, el municipio, la provincia y el Museo de la Patagonia.
De una obra pública a una ventana al pasado
La idea de crear una ventana arqueológica nació durante un programa de regeneración urbana impulsado por el Municipio de Bariloche entre 2017 y 2018. Según explica la arqueóloga Solange Fernández Do Río, la propuesta buscaba generar valor urbano a partir del patrimonio local.
"Una de las estrategias era potenciar y generar valor a partir del patrimonio, y dentro de esas estrategias apareció la implementación de esta ventana arqueológica", señala.
El proyecto tuvo su origen en los descubrimientos realizados durante las obras de remodelación de calle Mitre. Ante la ausencia de un estudio de impacto patrimonial previo, profesionales de distintas instituciones decidieron intervenir de manera voluntaria. "Nos pusimos de acuerdo arqueólogos, paleontólogos, historiadores, geólogos y distintos equipos para hacer el monitoreo arqueológico de toda la obra", recuerda. Durante meses siguieron el avance de las máquinas a lo largo de siete cuadras del centro barilochense. Aquella experiencia permitió detectar estructuras y materiales vinculados con los primeros momentos del desarrollo urbano local.
La concreción de la ventana demandó varios años. Aunque los primeros planos fueron elaborados en 2017, el proyecto quedó momentáneamente suspendido por cuestiones presupuestarias. Finalmente fue retomado por el Ente de Patrimonio Histórico de Bariloche y logró materializarse. "Lo que se ve hoy es una reconstrucción muy fiel de lo que encontramos en su momento. Los materiales son originales y están ubicados tal como aparecieron durante la excavación", explica Solange.
Lo que contaba un antiguo basural
Para los arqueólogos, un basural puede ser una fuente extraordinaria de información. Allí quedan registradas costumbres, hábitos de consumo, tecnologías y formas de vida que muchas veces no aparecen en los documentos históricos. "Para nosotros un basural es el verdadero tesoro porque representa todo lo que una sociedad consume y descarta", sostiene la especialista.
El pozo exhibido en la ventana arqueológica estaba ubicado detrás de un almacén de ramos generales situado en la intersección de Mitre y Quaglia. Allí se recuperaron cientos de objetos utilizados entre comienzos del siglo XX y la década de 1930.
Entre los hallazgos aparecieron huesos de vaca, caballo y aves, envases de alimentos, botellas de bebidas alcohólicas, frascos medicinales, tinteros, botones de vestimenta, piezas de vajilla y hasta un reloj despertador.
Algunos objetos permitieron reconstruir circuitos comerciales de la época. La mayoría de los productos llegaban desde Chile antes de la apertura del Canal de Panamá y de la consolidación de nuevas rutas comerciales con Buenos Aires. También surgieron hallazgos particularmente llamativos. "Encontramos medicamentos del Instituto Biológico de Buenos Aires, frascos de aspirina y productos que contenían radio o estricnina, componentes que hoy sabemos que son peligrosos pero que en aquel momento se utilizaban con fines terapéuticos", explica.
Otro de los elementos que llamó la atención fue una vajilla fabricada en Bélgica que representaba edificios históricos de la Plaza de Mayo. "Sabemos el modelo y la fecha, pero todavía no pudimos determinar por qué llegó hasta Bariloche", comenta.
Los materiales recuperados fueron inventariados y resguardados mediante un convenio entre la Provincia de Río Negro, el Municipio de Bariloche y el Museo de la Patagonia, donde continúan siendo estudiados.
Patrimonio a la vista de todos
La ventana arqueológica se instala exactamente en el lugar donde apareció el antiguo basural. La intención no es solamente atraer visitantes, sino también acercar la historia local a quienes viven diariamente en la ciudad. "Siempre pensamos más en la comunidad local que en el turista. Nos parece importante saber dónde vivimos, cómo éramos antes, cómo nos alimentábamos, cómo nos curábamos y cómo era la vida cotidiana", afirma Solange.
El dispositivo cuenta con cartelería explicativa, iluminación para observación nocturna y un código QR que permitirá acceder a información ampliada, material histórico, futuras audioguías y contenidos en distintos idiomas.
Además, existe un plan de conservación permanente. La estructura se encuentra sellada herméticamente y será abierta periódicamente para tareas de limpieza y mantenimiento. "Está pensado para que pueda conservarse durante muchos años y seguir mostrando este patrimonio a las próximas generaciones", indica la arqueóloga.
Arqueología urbana e identidad patagónica
Aunque suele asociarse con sitios antiguos o grandes excavaciones, la arqueología urbana trabaja sobre las huellas materiales que permanecen dentro de las ciudades contemporáneas. Su objetivo es reconstruir historias que muchas veces quedan fuera de los relatos oficiales. Para Solange, el aporte principal de esta disciplina es ayudar a comprender cómo se construyen las identidades colectivas. "La identidad es una construcción social que hacemos entre todos. La Arqueología tiene un rol muy importante porque permite recuperar historias que muchas veces quedaron invisibilizadas", señala.
La especialista remarca que el patrimonio arqueológico no solo habla de objetos, sino también de personas, costumbres y formas de convivencia. En una región marcada por múltiples procesos migratorios y culturales, esos vestigios ayudan a comprender mejor la compleja construcción histórica de la Patagonia.
"La convivencia en la diversidad es una forma de identidad. Y la arqueología aporta evidencias concretas para entender quiénes fuimos, cómo vivimos y cómo llegamos a ser lo que somos hoy", concluye.