Nido Blando

Mano a mano con el fuego

Hace cuatro años que Benjamín Reynal es bombero en Bariloche. En ese “mundo maravilloso” que descubrió, encontró infinitas historias de rescates, no siempre con finales felices, que merecían estar en un libro. Los invitamos a conocer, no sólo la reseña de ese material, sino también cómo estos héroes anónimos conviven con lo extraordinario, de una manera común y cotidiana.
viernes, 31 de enero de 2020 · 13:30

Por Cecilia Russo. Colaboración especial para 100 pájaros volando desde Bariloche. 

Cien dotaciones de bomberos salen a cada hora en Argentina para cubrir alguna emergencia. En total, los 44 mil voluntarios atienden 900.000 salidas al año. En Bariloche hay 200 bomberos, aproximadamente, distribuidos en cuarteles y destacamentos. Atienden desde incendios y rescates, hasta primeros auxilios, RCP y partos.

Sorprendentemente, y en contra de lo que podría suponer el imaginario colectivo, el 70% de las salidas no son a incendios: “La mayoría son accidentes de tránsito y, también, hay una gran cantidad de atención primaria a personas”.

Es un mundo emocionante por unos cuantos motivos: “Primero por lo dinámico que es; hay de todo. Atendés un incendio, un choque, un RCP, un parto, una explosión; nunca sabés. Después, porque rescata lo mejor del espíritu de las personas. Acá somos todos voluntarios y estar rodeado de personas que lo dan todo de manera voluntaria, es estimulante. Por último, quizás lo más frívolo es la adrenalina que te da”.

"Acá somos todos voluntarios y estar rodeado de personas que lo dan todo de manera voluntaria, es estimulante", dice Benjamín. 

Todo lo que usted quería saber sobre el fuego  

El relato anterior pertenece a Benjamín Reynal, bombero voluntario del cuartel Melipal de Bariloche, y autor del libro Contra el Fuego (Editorial Planeta) donde recoge historias de los bomberos de todo el país y acontecimientos catastróficos que dieron la vuelta al mundo.

“Hacer un libro de bomberos y no contar sobre las grandes catástrofes, es como que le iba a faltar algo”, explica Reynal. Entre sus primeras páginas se pueden encontrar historias como la del atentado de las Torres Gemelas, en el que murieron 300 bomberos. También está la de Chernobyl; y un capítulo muy curioso sobre piromaníacos e incendiarios.

Otro apartado de Contra el Fuego está dedicado a los incendios forestales. Y, finalmente, el corazón del libro son las historias de bomberos en Argentina: “desde derrumbes, AMIA, el avión de LAPA, hasta perfiles de los bomberos anónimos del interior del país”, cuenta Benjamín.

Una de las historias más impactantes que se pueden encontrar, es la de Cromañón, la de los rescatistas que llegaron primeros: “Había casi 700 chicos adentro y ellos apenas eran 12. Había chicos intoxicados que no podían salir porque las puertas estaban bloqueadas, oscuridad plena. Abrieron las salidas de emergencias y se encontraron con algo para lo que ningún bombero del mundo está preparado: sacar montañas de chicos”, destaca.  

Paradójicamente, cada capítulo, cada historia, cada página del libro, es atrapante como una llama misma.

La Patagonia, penosamente, es una gran protagonista de incendios o catástrofes. Otra historia que recoge Benjamín como impactante, fue el rescate de bomberos en Río Turbio (Santa Cruz): El 14 de junio de 2004, el socavón de mina 5 de YCRT fue el escenario de la fatalidad cuando una fricción en la cinta transportadora de carbón desató un incendio que se llevó la vida de 14 trabajadores.

“Quedaron atrapados 17 mineros y mandaron bomberos del grupo especial de rescate de Buenos Aires. Esa mina tiene 80 kilómetros de túneles, con una profundidad de 700 metros; todo oscuro, con derrumbes, monóxido e incendio. Ahí tuvieron que trabajar. Es un caso de análisis y estudio en varias instituciones”.

Paradójicamente, cada capítulo, cada historia, cada página, es atrapante como una llama misma.

Todo se activa con la sirena

“Nunca es igual; y cuando salís no sabés con qué te vas a encontrar”. En medio de esta charla con Benjamín, sonó el teléfono de emergencia. No hubo tiempo para disculpas ni esperas. Los voluntarios corrieron al instante. “Cada vez que suena, no sabés qué puede ser: si es equivocado o se incendian tres casas”. El llamado fue descartado y seguimos con la historia del cuartel pero el estado de alerta es constante.

“Al cuartel convoca la sirena. En un día normal está el cuartelero y pasan al menos una vez todos los que están de guardia, que vienen a hacer tareas específicas. Y dos veces por semana, hacemos capacitaciones y prácticas. Eso es lo rutinario”, resume.

Pero, agrega que “todo se activa con el toque de sirena. Suena y acuden todos los que pueden; salen rajando con los móviles. Nunca en la historia del cuartel – casi 50 años – se dejó de salir a un llamado”.

"Nunca en la historia del cuartel – casi 50 años – se dejó de salir a un llamado”.

En este sentido, hay algo de paradójico porque ningún bombero quiere que suene la sirena, “pero si lo hace, querés ser el primero en llegar”, cuenta el bombero y escritor. “La sirena me aturde, es como un taladro en la cabeza, es angustiante. Te pone al palo y te apura por llegar. Es como si te pasara electricidad en el cuerpo. Es una metamorfosis”.

Pero después, llega la descompresión total y, Benjamín explica que lo satisfactorio está “cuando llegás rápido al incendio y pudiste atacarlo bien, sabiendo que si llegabas un minuto más tarde esa persona lo perdía todo. No cambio ese momento y sensación por nada”.

La química de ser bombero

“De trágico en la vida de un bombero, hay mucho. Nadie nos llama por algo bueno. Puede ser una macana chica, pero también puede ser un accidente grande, con gente lastimada o una persona que se le incendia la casa. Siempre es trágico. Pero también lo trágico tiene una profunda carga emotiva. Y tiene algo de divertido, por ejemplo, en alguna práctica o cuando estamos en el cuartel compartiendo mates o un asado”. Así se compone, para Benjamín, el espíritu de cada cuartel, en cada salida, cada vez que la sirena responde a un llamado.

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