nueva vida

Mara y Rana...mejores amigas

La excelente relación de la elefanta con otro ejemplar del santuario sorprende a sus cuidadores
lunes, 3 de agosto de 2020 · 00:00

Cuando Mara llegó al Santuario de Elefantes ubicado en el estado brasileño de Mato Grosso en el mes de mayo de éste año y luego de un inédito operativo en pleno aislamiento dispuesto por la pandemia del coronavirus, nadie imaginaba que en solo 3 días iba a ser capaz de hacer una amiga, Rana, otra elefanta asiática como ella. Tal vez la primera amistad en toda su vida.

Y no es un dato menor, teniendo en cuenta que durante 25 años, Mara mostró indiferencia con Kuki y Pupi, dos elefantas africanas con las que compartía espacio en el ex zoológico porteño, pero con las que no se relacionaba. Mara ha superado todas las expectativas.

El 20 de julio, día del amigo en la Argentina, la elefanta y su nueva amiga recibieron un regalo muy especial, una sandía, que compartieron con mucho placer y muy contentas.

Lo siguientes pasos serán conocer a otros compañeros, el santuario tiene otras tres elefantas asiáticas y tiene que  aprender a equilibrar esas amistades.

Cada elefante que llega, trae consigo una historia de abusos, traumas, negligencia en el cuidado y vida solitaria de muchos años.

Mara fue rescatada del Circo Rodas donde no era bien tratada y de allí trasladada al antiguo zoológico porteño el 16 de octubre de 1995.

Rana tiene algunos años más que Mara y fue rescatada en muy malas condiciones de un precario zoológico en el norte de Brasil. Tenía las patas muy lastimadas, algo común en los elefantes que están en cautiverio y que les causa infecciones y muchas veces la muerte. No tenía siquiera los cuidados mínimos y ya casi no caminaba. En una de sus patas quedan todavía secuelas. Luego de ser trasladada al santuario, Rana pasó un largo tiempo para volver a confiar en el animal humano.

Ahora Mara y Rana disfrutan de su nueva vida en un predio de 1.100 has, pasean sobre una alfombra de gramilla natural, se echan tierra sobre su cuerpo para sanar las huellas del cautiverio, se bañan en el río que pasa por el lugar y se dan el gusto de probar alguna de las exquisiteces que la madre naturaleza les brinda.

Sus cuidadores piensan que ambas ya se conocían, como si hubieran tenido un pasado común o como si tuvieran una gran conexión.

Rana recibió a Mara con fuertes vocalizaciones que al principio intimidaron un poco a la recién llegada, pero poco a poco se fueron acercando, se olfatearon, se tocaron con sus trompas y hoy, a poco más de dos meses del encuentro, son amigas inseparables.

Pero hay otra buena noticia, el éxito del traspaso de Mara y su adaptación al nuevo destino, ha motivado a la Secretaría de Ambiente de la ciudad de Buenos Aires a trasladar a Kuki y Pupi al mismo santuario de Brasil. Habrá que ver cómo las recibe Mara.

Todo el proceso puede llevar unos 20 meses, pero saber que las dos elefantas africanas van a poder vivir en un ámbito natural, muy similar al de su nacimiento, al igual que Mara, Rana y otros ejemplares que se encuentran en el Santuario de Elefantes de Brasil, en Chapada dos Guimaraes en el Mato Grosso , nos alegra a los que luchamos por el bienestar de todos los animales no humanos y  su derecho a una vida digna.

 

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