HISTORIAS DE AMISTAD

“Los amigos son para siempre, no mueren nunca”

Este 20 de julio será muy especial. La cuarentena impondrá una mayor distancia. Pero son tiempos de estar más unidos que nunca. No te pierdas las “historias de amistad”.
domingo, 19 de julio de 2020 · 13:59

La muerte tiene distintos rostros, pero el dolor, ese que arde cuando sale de las entrañas va con cada uno. La vida sigue, dicen. Y así, con la mochila de anécdotas y sueños compartidos, sintiendo que esa “otra” parte te faltará siempre, se sigue caminando por la vida, pero nada vuelve a ser igual. No hay recetas ni mandatos. Cada uno lo hace como puede.

Esta es la historia de Faby y su amiga Marcela, dos salteñas de pies a cabeza que el sur supo recibir, como a tantos.  

Si esperan el final felíz, les aviso que no lo tiene. Pero tiene algo muy valioso: que no tiene final, el nexo de ellas perdura en el tiempo. “Su amistad sigue, duró acá lo que duró su vida, pero siempre la llevo en mi corazón”, dice Faby y así la relata:

“Ella ya no está, pero aún así aprendí a llevarla a todos lados, en el corazón y en los lindos recuerdos que compartimos. Nuestra amistad fue desde que nacimos. Vivíamos enfrente, sobre la calle Rivadavia - allá en nuestro Tartagal querido- y crecimos pasando por todas las etapas. Cuando ya éramos adolescentes nos queríamos hacer las grandes, me acuerdo, que fumábamos palitos huecos y tirábamos humo. Compartimos nuestras primeras salidas al boliche, nuestros desencuentros amorosos, nuestra felicidad, los sueños, todo. 

Nuestra amistad aquí duró lo que duró su vida, pero al morir ella después de una fuerte lucha contra el cáncer, aprendí a seguir contándole mis cosas, a reírme cada vez que la recuerdo, porque era eso, una risa constante. Es la hermana que la vida me dio. Fue la primera en saber que esperaba a mi hermosa hija Victoria, mi consejera, mi aliada. El tesoro más grande que me pudo regalar la vida es su amistad. 

No siempre vivimos en Salta. Cuando crecimos, el tiempo nos distanció porque ella se fue a vivir a Neuquén, pero la vida nos volvió a juntar; al poco tiempo yo también me mudé allí. Qué alegría que teníamos. Con Marce era solo mirarnos y saber que pensaba la otra, eso no lo tienen todos. Nosotras no necesitábamos siempre hablar. Con el tiempo le ‘conseguimos’ un candidato, en una noche fría y de empanadas salteñas, que al final terminaría siendo su amado esposo.

Se casó y se fueron a vivir más al sur, nos llamábamos todos los días, hasta que enfermó. Fue tremendo verla así, pero ella siempre con una sonrisa y dándole pelea a ese mal de mierda. Pasaron dos años, un día me llamó y me dijo: ‘vieja, paso por Neuquén a saludarte, espérame’. Qué felicidad, todos la esperamos, juntamos los amigos salteños, y nos divertimos tanto esos días. Como siempre, a carcajadas.

Pero esa fue la última vez que la vi. Si lo hubiese sabido, la hubiese abrazado tan fuerte como ella lo hizo. Cuando se despidió, me dijo: te quiero amiga, cuídate mucho. Y se fue... 

Nos quedamos llenas de planes, de viajes, de recetas de comidas que nos pasábamos. Nos quedamos a media con la vida, pero aún así estoy agradecida, porque no todos tienen el privilegio de tener una amistad como fue y es la nuestra. Hoy la nombro y sonrío. Las lágrimas se las llevó el tiempo, comprendí que siempre estará presente. No está físicamente, pero aprendí a hablarle, a contarle, a llevarla en el corazón para siempre, hasta que Dios nos vuelva a reunir.

Los amigos son para siempre, en la tierra o en el cielo, los amigos no mueren nunca mientras uno los lleve bien adentro del corazón. Era una más de mi pequeña familia, se fue mi amiga, pero me dejó el valor de la amistad”.

Esta es la historia de Faby Molina y su amiga Marcela De Ávila.  ¿Cuál es tu historia de amistad?

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