El ejercicio práctico de la política en tiempos de redes digitales va camino, en Neuquén, al momento de marcar el fin de la presunta ingenuidad popular, para dar paso al fuerte protagonismo de los hechos por sobre las palabras, y, aún, de las intenciones, en la valoración de las mayorías.
El gobierno de Rolando Figueroa está cómodo en un rol de ejecutor de acciones concretas. Básicamente, ha encontrado en la gestión la corroboración de lo que había planteado como línea teórica esencial: el ordenamiento del Estado, en contraposición con el drástico achicamiento que se ha planteado, y practicado, a nivel nacional.
Figueroa muestra como logros haber achicado (38%) el endeudamiento provincial, y, al mismo tiempo, haber incrementado exponencialmente la obra pública focalizada en la infraestructura en todo el territorio. Se ufana del “federalismo interno”, y del aumento de la actividad privada, que ha puesto a Neuquén como líder del crecimiento en puestos de trabajo en el país.
La estrategia oficialista provincial no es misteriosa, está a la vista. El gobierno provincial ha volcado inversiones y trabajo hacia el territorio más olvidado, mientras complementa y refuerza lo que la intendencia de Mariano Gaido hace en la capital.
En ese contexto, se defiende (sin retórica de por medio) la política recaudatoria, con la bandera del ritmo acelerado de obras con financiamiento con recursos propios: no le hace falta explicar que, si Nación no hubiera recortado, no habría habido necesidad de establecer pautas de recaudación exigentes, para posibilitar esos recursos.
La Libertad Avanza, y el radicalismo, han focalizado su posibilidad crítica y, posiblemente, su chance electoral, en el distrito capitalino. La campaña es en contra de la política recaudatoria de los tributos municipales. Su principal dificultad, objetiva, es hacerlo sin al mismo tiempo poner en esa balanza todo lo que el Estado nacional dejó de aportar.
El peronismo, mientras tanto, pasará por la inevitable compulsa interna electoral para definir su conducción, y, al mismo tiempo, una línea política que sea más clara en cuánto a qué se propone concretamente en Neuquén como opción, tanto al oficialismo como a la oposición libertaria.
El achicamiento del peronismo en Neuquén es dramático, pero no sorprendente. En todo caso, corrobora un proceso que se fue quemando a sí mismo en la hoguera de la defensa de causas imposibles: la libertad de Cristina, de Milagro Sala, el panfleto del lawfare, etc, mientras, en paralelo, no se enfatizó en los últimos años en cuestiones más cercanas a las necesidades populares.
Así, lo que se avizora en lo mediato, para la política neuquina, es una contienda focalizada en distritos; y, de esos distritos, el más probable para la competencia, y, a la vez, el más apetecible, será el capitalino.