Nido del Tiempo

Malvinas. El soldado y la lavandera. Amor entre las bombas.

Él no hablaba inglés. Ella no hablaba castellano. Pero no importaba. Decidieron comunicarse de otras formas. Nicola comenzó a lavar la ropa de Andrés, y así los dos fabricaban excusas para rozar sus manos con movimientos que no por bruscos dejaban de ser tiernos en medio de la guerra.
miércoles, 1 de abril de 2020 · 17:09

 Ahí, así estaban ellos. Tiernos entre el odio.

“Yo vivía en mundo en blanco y negro, en una ciudad de libertad, en Merlo, de trabajadores todos morochos, compañeros de la escuela todos morochos, la televisión en blanco y negro, todo era en blanco y negro. Poder ver a esta mujer tan bella, como yo la recuerdo, rubia entrecana de ojos azules profundos, totalmente blanca, casi rosada, muy sonriente, simpática, una sonrisa hermosa a pesar de lo que estaba viviendo, fue enamorarme para mi. Eso fue lo que me pasó. Un amor cuando todo era tan tétrico y terrible” recuerda y nos cuenta Andrés Fernández, ex combatiente de Malvinas, actualmente actor y Director de teatro y protagonista de esta historia real, que él mismo se encargaría en transformar en la premiada obra de teatro “Silencio ficticio”.

 

Tan cerca la cerca

Durante una caminata de seguridad que hacía en el pueblo, Andrés conoció a Nicola, una colorada hermosa de 25 años y 4 hijos,  una kelper que no había podido escapar a la guerra.

Después, a diario, se volverían a ver, cada vez que ella recogía la ropa en el patio de su casa, que coincidía con la zona donde estaban ubicados los soldados argentinos del Batallón de Comunicaciones.

Él no hablaba inglés; ella no hablaba castellano, pero no importaba. Decidieron - acaso si estas cuestiones puedan decidirse - comunicarse de otras formas. La joven empezó a lavar la ropa de Andrés, y así los dos fabricaban excusas para rozar sus manos con movimientos que no por bruscos dejaban de ser tiernos. “Nosotros nos comunicábamos a través de un verja de madera. Yo un poco la recreé en mi casa, acordándome de Malvinas. A ella, un día se le voló una prenda y como nosotros hacíamos guardia en una casa donde funcionaba un centro de comunicaciones que daba al patio donde vivía Nicola, nos conocimos” recuerda Andrés.

 

“Tiénela”

Eso era amor, amor capaz de arriesgar la vida. La última vez que Andrés recibió su ropa limpia, entre la muda encuentra una radio y una nota en castellano.

“Ella me lavaba la ropa. Y en un momento, hacia Junio, cuando la cosas ya se estaban complicando mucho, Nicola me dio un atado de ropa y dentro de eso había una radio y una notita que decía: ‘Es para ti, tiénela´. Y en la radio, en el borde, -una radio Sony, chiquitita, de las portátiles-, tenía calado una florcita y decía ‘Nicola’. Ella no me dijo nada cuando me la dio, solamente me sonrió y nos despedimos, ‘bye´, ´chau´ y me fui, mirándola con mucho dolor, porque yo sabía que me iba para siempre.”

Tiempo después, cuando el soldado cae prisionero de la milicia inglesa, por temor a una represalia tanto para él como para ella se deshace de la radio y de la esquela.

Brillante sobre el mic 

Andrés jamás volvería a ver a Nicola. Al menos en la vida real.

Sí supo de ella. Que había podido salir de las islas junto a sus hijos... que había iniciado una buena nueva vida en Inglaterra... 

Por su parte, la Nicola de Andrés, la de tinta y escenarios, la que vivirá por siempre entre los renglones de su obra, recientemente vio torcer su destino. 

Quiso Andrés modificar su pieza, otorgándole un final que si bien no fue, bien podría haber sido. “ Salimos con mucho trabajo de ahí. El lanchón se movió con un ruido, como cuando se rompe una rama grande. Yo no recuerdo sombras. Había en todas partes una luz apagada. Y eran dos teatritos a la deriva: el muelle y el lanchón. Y ahí había como unos 50 , todos mirando en silencio, y los gringos también… te miraban fijo… Yo miro el muelle, por que me hizo falta y se me ocurrió... ´Por ahí viene. y la veo … ´y vos podes creer kelper que sí. ¡La veo! ¡Fue! Resplandecía. Sobre las tablas del muelle. Nicola…. ella estaba ahí y nos íbamos... Por suerte todo era lento. Y eso ayudó. Me olvido del lanchón y me quedo con ella. Hola, qué haces… ” (extracto del episodio final recientemente escrito por Andrés para su obra “Silencio Ficticio”).

 

Mirando amar

El amor de Andrés nació en las islas Malvinas y se inmortalizó en su obra de teatro “Silencio ficticio”.

Hoy Fernández es responsable del Espacio Cultural Malvinas que depende del Centro de Veteranos de Guerra que él mismo fundó en 1990. Andrés vive en una casa en Río Gallegos con una ventana que da al mar. 

 

 

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