A 42 años del Mundial ‘78

El día en que Menotti habló de otra cosa en Cipolletti

El DT de la Selección campeona del mundo vino a la región y fue entrevistado por Hilda López.
jueves, 25 de junio de 2020 · 22:09

Se cumplen 42 años de la obtención de la Copa del Mundo del Fútbol Argentino, el 25 de junio de 1978.  En el año 1974, asumía como director técnico de la formación blanca celeste, César,el "flaco", Menotti, el gran hacedor de ese equipo y ese triunfo. La relación con el gobierno de la dictadura fue evidente.

Los propios uniformados aprovecharon la gesta para hacer la macabra propaganda de su mandato que hirió tan profundamente el alma del país. La final fue contra Holanda y nadie olvidó aquel momento, aquel partido, aquellos días.

La emisora LU19, La Voz del Comahue estaba ubicada frente a la rotonda de ingreso de la ciudad de Cipolletti. Un enorme terreno presidía la casa antigua donde funcionaba la radio. Yo hacía un programa de radio por la tarde, a partir de las 14 horas que se llamaba "Hilda en el Aire".

No recuerdo la fecha exacta, tal vez algún protagonista de entonces lo tenga mejor guardado en su memoria, pero sí recuerdo la situación. Menotti participaba de un almuerzo en el Club Cipolletti, ofrecido por sus seguidores que se contaban de a cientos.

Todos los medios dieron cuenta de la presencia del Flaco en la zona. Mi inquietud periodística, y no exenta de cierta soberbia, hizo que anunciara a mis compañeros de entonces: "voy a entrevistar a Menotti", en cuanto entré a la radio.

Algunas miradas y sonrisas burlonas y mi andar entre la sala de redacción y el estudio, marcaban el momento que se suponía llegaría si la suerte estaba de mi lado. Hice llamadas telefónicas varias, en cadena, hasta llegar a quien dijo" si vamos".

Al poco tiempo, ya iniciado el programa, una polvareda en el sendero de acceso anunciaba el arribo de la comitiva con el invitado. Varios autos, personas y seguidores montaron el espectáculo que debía acompañar a semejante figura.

 Entró al estudio, junto a un acompañante que me dijo "cinco minutos", como un mandato que debía cumplir a rajatabla.

Se sentó y comenzamos a conversar. Confesé mi ignorancia sobre el tema que él dominaba tan bien y me sorprendió cuando se prestó a contestar sobre algunas preguntas para ingresar a una charla inolvidable.

Menotti habló de Mercedes Sosa, de García Márquez, de tantos temas vinculantes a la música y la lectura que pasaban los minutos y nadie se movía.

El acompañante cayó vencido ante esta revelación de su ídolo y el reloj marcó el tiempo de lo intransferible: un hombre exitoso en el mundo del fútbol vibraba al compás de una zamba de la Negra.

Con pesar, se terminó el embrujo. El Flaco volvió al auto, los seguidores, el polvo del camino, los aplausos, los autógrafos, la tensión, los goles, el podio. Ese día había pasado algo que se me grabó para siempre: en medio del horror de la dictadura, una sonrisa me quebró el llanto: había entrado al otro ser, aquel desconocido Flaco Menotti.

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