HISTORIAS CRUELES

La niña de 15 años que murió porque no quería novio

Es una causa judicial que ahora irá a juicio. Un amor adolescente cruzado por la violencia machista.
lunes, 3 de agosto de 2020 · 00:30

Emilce Soledad Ayala tenía 15 años. Iba a la escuela. Tenía un novio con quien había roto relaciones, y otro que estaba por sellar compromiso. Pero no pudo hacer nada de eso. Su cuerpo, muerto, magullado, estrangulado, fue encontrado sobre un colchón en el piso, en una pobre habitación a medio construir, en la casa de la abuela del asesino.

La mató Luis Tobías Zuchelli. Tiene 19 años, y un único argumento: dijo que discutieron por “problemas de pareja”. Esos problemas, según su interpretación, fueron la causa de que, tras una larga charla de horas, atacara a Emilce a golpes de puño; la golpeara, después, con un palo; y, finalmente, tomara su cuello entre sus manos, y apretara, apretara fuerte, hasta que ella dejó de respirar.

Los padres de Emilce Soledad dijeron después que Zuchelli había empezado a “hostigar” a su hija cuando ella decidió “terminar con la relación”. Eso fue un mes antes del crimen. Durante ese mes, cada vez que Emilce se veía con su ex novio, terminaba llorando. En muchas de esas ocasiones, él “le levantó la mano” … una expresión liviana para decir que ya la había golpeado, que ya había empezado a escribir la historia de un femicidio más.

Zuchelli fue a buscar a Emilce el 19 de agosto de 2019, poco después de las 15, a la escuela. Ella salió de clases para atender, una vez más, a su ex novio. “Yo quería hablar… recomponer la relación”, dijo él, después, ya preso, ya esperando el juicio.

Con esa intención, fueron a la casa de la abuela de Zuchelli. Entraron, a eso de las 19, a la habitación, todavía en construcción, en la que precariamente vivía él. Allí, sobre un colchón en el piso, hablaron. Tuvieron sexo de a ratos. Pero ella se mantuvo firme. No quería seguir siendo “la novia”.

El comenzó a enfurecerse. No entendía cómo podía tener el cuerpo, pero no a la mujer. Golpeó una, dos, tres veces, ese pequeño cuerpo. Cuando más ella gritaba, más se enfurecía. Agarró un palo, y le dio con él, más fuerte. Ella se desmayó. El estaba enloquecido. Ya no podía retroceder. Puso sus manos en el cuello, y apretó.

Después, escapó, corriendo. Lo atraparon caminando por la colectora de la ruta 3, rumbo a Cañuelas, lejos ya de Etcheverry, lejos del cuerpo de Emilce Soledad, lejos de cualquier redención posible.

 

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