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Manos a la bolsa

Fracking Backpack. La historia de cómo los bolsones plásticos contenedores de arena de la industria petrolera le esquivan a las llamas para convertirse en accesorios premium con propósito medioambiental.
miércoles, 12 de febrero de 2020 · 10:57

Ornella Basilotta es la médium del cambio. Ella lo vio antes, las vio antes. Cientos de bolsas Big Bags en donde transportan arena a los pozos petroleros descartadas al costado de la ruta, esperando la llama que las devorara. El humo negro que vendría después, la contaminación, el daño ambiental, la huella que duele. Algo tenía que hacer.

Era el 2018 cuando vino a Neuquén en búsqueda de textiles naturales para su marca cuando se topó con otra realidad. La que leemos a diario los patagónicos, con la que se enfrentan las empresas petroleras, y con la que conviven sus trabajadores. Los desechos de la industria que más contamina en el mundo (la moda ocupa el puesto número dos) los tenemos tet a tet y ella no lo podía creer. Por ahí era el camino, el que había estado buscando desde hacía tiempo, que estuviera alineado con el diseño sustentable, la economía circular y el cuidado del planeta. Y agarró viaje.

 

Manos a la bolsa. Para convertir la bolsa en un textil eco-amigable intervienen trabajadores de cooperativas textiles tanto de Neuquén como de Buenos Aires, que ya llevan recuperados más de 3200 metros de arpillera plástica.

 

“Ver el contra paisaje patagónico de las montañas de bolsas descartadas me pareció demoledor. La basura plástica que se quema es altamente contaminante y una práctica que hay que desterrar. Entender que podemos hacer algo para evitarla reutilizando esos residuos y convirtiéndolos en productos de alta calidad es lo que me propuse hacer. Como marca dedicada a la moda y al diseño nos interesa transmitir otro mensaje, el del consumo responsable, el del cuidado del medio ambiente, el de que cada uno desde su lugar puede hacer algo para reducir la huella de carbono en el planeta. En mi caso la semilla del cambio la sembró mi hija de 8 años, y a partir de ahí ya no hubo vuelta atrás”, describe.
 

Nuevo rumbo
Ornella es junto a sus tres hermanos, dueña de la marca Basilotta, que durante una década fue de indumentaria y hoy se reinventa en este proceso productivo de diseño slow, ese que busca un consumidor eco-consciente que valora el impacto positivo de sus desarrollo no solo en el planeta sino también en la economía y la sociedad. Fracking Backpack va por ahí. “Es una línea de accesorios (mochilas, carteras, bolsos de viaje, billeteras, cartucheras, materas, etc.) realizados con textiles plásticos ciento por ciento reciclados, inspirados en todos los trabajadores viajeros de la ruta de Vaca Muerta”, cuenta la diseñadora.

 

"Productos con propósito, únicos, atemporales y sin género, para inspirar el cambio que quieras ver en el mundo". 

Desde que empezó con el proyecto hasta hoy pasaron veinte meses. En ese tiempo consiguió que mediante una cooperativa de Neuquén las bolsas fueran acopiadas y enviadas a Buenos Aires. Luego las limpió a alta presión y planchó, las sometió a pruebas de resistencia y durabilidad apoyada en la tecnología del INTI, hasta que logró convertirlas en una arpillera plástica que enrolla y trabaja con cooperativas textiles, priorizando el comercio justo.  De ahí salen al mercado productos de alta calidad que vende en la web, en el Museo Malba de Buenos Aires, y que también hace a pedido para regalos empresariales, mientras apunta a posicionarse para vender al exterior. Es que en definitiva el diseño sustentable tiene que ser parte del cambio global, y en eso están.  

Identidad
De los 3540 productos que ya llevan fabricados no hay uno igual al otro, eso se debe a que la arpillera se usa tal y como es, con sus dibujos, sus inscripciones y sellos. “La elección de no teñir la arpillera tiene que ver con una decisión medioambiental, no queríamos someterla a otro proceso industrial y a la vez nos parecía importante mantenerla en crudo, recordando su primer uso y valorando su reutilización”, explica Ornella orgullosa.

 

La mochila fue el primer prototipo que hizo y a partir de ahí nació toda la línea de accesorios. Lo que sigue serán nuevos desarrollos y la búsqueda de textiles alternativos totalmente reciclados. 

 

La calidad es excelente, ultra resistente y liviana, incluye forrería biodegradable, y muchas creaciones suman detalles con retazos de cuero de descarte de las curtiembres. Todo ello le vale los premios ya cosechados: Sello del Buen Diseño Argentino otorgado por el Ministerio de Producción de La Nación y ganador del Mejor Diseño Sustentable de la Feria Puro Diseño 2019.  

Sos tentable
“Lo más gratificante para nosotros es cuando una persona se acerca a comprar una mochila o cartera porque le pareció linda y no por todo lo que representa”, explica Ornella. “Es que en esa persona está la clave para sumar consciencia, para contagiarlo con las buenas prácticas y sea propagador de esta iniciativa sustentable. Porque estamos seguros que si el producto le gustó de entrada, la historia que tiene detrás le va a gustar mucho más”.

 

Se educa con el ejemplo. Ornella lleva su filosofía a cuestas y usa sus propias carteras y bolsos, lo mismo hace su hija, que  para este comienzo de clases ya tiene la mochila eco lista.

 

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