Estados Unidos

El fracking, detrás de la guerra del petróleo

miércoles, 28 de enero de 2015 · 11:32

 
La producción intensiva de petróleo y gas de esquisto mediante fracking en Estados Unidos enfrenta dos acusaciones graves: por parte de la OPEP de ser la responsable del desplome de los precios del crudo, y de grupos ambientalistas por el uso desproporcionado de agua y de químicos  que conlleva dicha técnica
El mundo está inmerso en una guerra de precios en materia petrolera y el fracking es el arma, señala la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que antes de la bonanza petrolera de Estados Unidos mantenía bajo control los precios internacionales.
El "boom” petrolero observado en Estados Unidos es resultado del fracking, principalmente en las formaciones de Eagle Ford Shale, ubicado al sur de Texas; la Cuenca del Pérmico, entre los estados de Texas y Nuevo México; y Bakken Pizarra, Dakota del Norte. A través de esta práctica el país se posicionó como el segundo productor de crudo y a un paso de la independencia del petróleo árabe.
Sin embargo, de manera paralela al "boom” petrolero alcanzado a través del fracking también crecieron las voces en contra de este método por su impacto ambiental, incluso en Estados Unidos, que cuenta con una experiencia de más de una década y con la tecnología más avanzada para llevarla a cabo.
A la fecha, dos estados de la Unión Americana y varias naciones de Europa han prohibido este método
La prohibición del fracking en Estados Unidos varía según las leyes federales, estatales y municipales que difieren en todo el país. El 4 mayo de 2012, Vermont fue el primer estado en prohibir esta práctica y desde el 16 de diciembre pasado el estado de Nueva York fue el segundo en vetar esta práctica.
Fue el propio Departamento de Conservación Ambiental de Nueva York el que recomendó prohibir esta técnica en el estado por su posible impacto económico y ambiental en el estado, una decisión que provocó críticas por parte de Rick Perry, gobernador de Texas, un estado ampliamente beneficiado pero que no ha estado exento de movimientos en contra del fracking.
En esta entidad, Dallas prohibió desde el 11 de diciembre de 2013 la instalación de pozos a medio kilómetro de zonas residenciales; mientras que el condado de Denton vetó el método el 4 de noviembre de 2014. En sentido inverso, en Pennsylvania, en diciembre de 2013 se emitió un fallo que declaró el acta 13 que restringe el poder de los municipios en contra del fracking.

Impacto ambiental

Para diversas instancias contra el fracking tanto en Estados Unidos como en México la principal preocupación radica en el uso de agua. De acuerdo con la Alianza Mexicana contra el Fracking y Greenpeace se requieren entre 9 y 19 millones de litros de agua –con químicos y arenas finas– bombeadas a presión para ‘fracturar’ un solo pozo.
Otros riesgos asociados son la contaminación de mantos acuíferos por el uso de químicos. "El 25 % de las sustancias usadas para el fracking son cancerígenas o mutagénicas, y el 37% pueden afectar el sistema endócrino, además de causar daños al sistema nervioso y provocar alergias”, según datos de la organización Greenpeace
Además, se ha asociado un aumento en la actividad sísmica con la fractura de placas de roca subterráneas mediante el bombeo de agua. Un estudio del Departamento de Recursos Naturales de Ohio, Estados Unidos, reportó 77 temblores de poca intensidad en marzo de 2014 en el condado de Mahoining, ubicado en la formación de lutitas de Utica
De acuerdo con el informe, la actividad sísmica cesó cuando terminaron los trabajos de extracción. Casos similares se reportaron en Oklahoma y Texas.

Altos costos

El impacto ambiental no es el único argumento en contra de esta práctica. El centro de análisis Fundar sostiene que este tipo de extracción es poco viable desde el punto de vista económico. El rendimiento energético de lutitas equivale a una cuarta parte de lo obtenido por un pozo convencional, y entre 30 y 50% de las reservas prospectivas en el país no son viables para explotar, según datos de dicho centro.
Pese a que el costo de un barril de petróleo de esquisto se encuentra entre 20 y 25 dólares por barril, la mayoría de los pozos iniciaron operaciones cuando el costo por tonel se ubicaba arriba de los 90 dólares, un precio lo suficientemente atractivo para los inversionistas. Un precio por barril en los 40 dólares mermaría la capacidad del gobierno mexicano para atraer capitales.
En Estados Unidos, empresas como Baker Hughes han reportado el cierre de al menos 60 pozos en Eagle Ford a principios de año, y se teme que disminuyan las nuevas inversiones en extracción de lutitas.

Fuente: Enernews

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