En la jornada de hoy, los sindicalistas participarán de una misa particular del Pontífice. Francisco les pedirá la unidad del movimiento obrero, hoy quebrado en tres CGT y dos CTA. La división sindical es un escenario ideal para el Gobierno, que encuentra al poder gremial atomizado y debilitado ante los reclamos.
Los distintos sectores sindicales coinciden en pocas cosas. Una de ellas es que la unidad de las CGT no es posible en el corto plazo. Los gremios más poderosos se encuentran divididos en tres centrales: la oficial, reconocida por el Ministerio de Trabajo, que lidera Antonio Caló; la CGT Azopardo, de Hugo Moyano y sus cada vez menos aliados; y la Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo. Además, a la fragmentación gremial se suma la CTA, dividida en la oficial de Hugo Yasky, y en la opositora de Pablo Micheli.
La unidad parece hoy un objetivo a largo plazo. La figura del ambicioso Moyano –que no quiere renunciar a ser la cabeza de la central–, los intereses particulares de los dirigentes, la cola del Gobierno y la intromisión de Sergio Massa en el escenario gremial agudizan las divisiones ya históricas entre los distintos sectores.
No es la primera vez que el Pontífice pedirá que los sindicatos se unan en una única CGT. La primera y última visita de los cegetistas al Papa fue el 21 de junio.
Entonces, la comitiva sindical fue mucho más chica y Caló no asistió por cuestiones personales. Fue un mano a mano entre Francisco y Viviani (siempre presente en las visitas vaticanas), Héctor Daer (sanidad, diputado electo por la lista de Sergio Massa), Horacio Ghilini (docentes privados), Norberto Di Próspero (empleados legislativos), Omar Suárez (portuarios del SOMU) y Marcos Castro (capitanes de ultramar).
Estaba también Ricardo Pignanelli, titular del Sindicato de Mecánicos (Smata). Tras el encuentro, el dirigente reveló: "Esto me lo dijo el Papa: ‘Hacia adelante hay que ir a la unidad del movimiento obrero’”.
También el Papa le habría pedido a Hugo Moyano -antes de ser Papa- la unidad del movimiento obrero.