LA MÉDICA QUE MILITA LA CUARENTENA EN REDES SOCIALES

“Por primera vez tuve temor a contagiarme, miedo de contagiar”

Se llama Victoria Cubas y es médica terapista en una clínica de Neuquén. Desde la trinchera, relata cómo se vive esta pandemia.
domingo, 28 de junio de 2020 · 02:16

Pasaron 100 días desde que se declaró el aislamiento social preventivo y obligatorio en la Argentina. Para algunos “eterno” y para otros, “insuficiente”. Pero para quienes protagonizan esta batalla cuerpo a cuerpo, frente a un enemigo que le llaman Covid 19, del que muchos hablan y poco se conoce; la vida se mide minuto a minuto.  

Victoria es médica terapista (*) . Su trabajo es similar al de miles de profesionales de la salud que hoy protagonizan, quizás, su mayor batalla. Es que esta pandemia, la del coronavirus, dejará huellas en el mejor de los casos, y en el peor, miles de cicatrices y dolorosas pérdidas. También ruinas. Ella es misionera pero trabaja en Neuquén. Su postura es clara: “Hasta que no haya un tratamiento efectivo, hasta que no tengamos una vacuna, lo único que podemos hacer es aislarnos”.

“Antes que comenzara el aislamiento social preventivo obligatorio (ASPO), mal llamado cuarentena, recibí el llamado de una de mis hermanas, Georgina. Ella también es médica, pero anestesióloga y vive en Londres. El llamado me sorprendió, ya que a pesar de ser hermanas, no solemos hablar por teléfono, digamos que la comunicación es más habitual a través del grupo de “whatsapp” familiar.

La llamada en cuestión duró casi una hora, y escuchar el tono prepocupado de mi hermana menor, realmente encendió una alarma en mí. Hasta ese momento la pandemia parecía estar muy lejos, pero ese llamado la acercó vertiginosamente. Georgina me contó con lujos de detalles todo lo que estaba viviendo, la cantidad de personas afectadas que estaban recibiendo, como le exigían a los directores del hospital donde trabaja, que les brindaran todo el equipamiento necesario para poder atender a los pacientes, ya que hasta ese momento usaban tres camisolines, uno arriba de otro, triple par de guantes, algo que aquí sería imposible, por los costos de todo eso, algo inviable para nuestro sistema de salud, tanto para el público, como el privado.

Días después de ese llamado, se confirmó el primer caso positvo de Covid19 en la Argentina, y el resto es historia conocida.

Pero lo que no es tan conocido es lo que vivimos los trabajadores de la salud, esos que al principio aplaudían y llamaban héroes, pero que luego pasamos a ser personas peligrosas, “probables focos de contagios”, y que incluso algunos fueron repudiados y agredidos por sus vecinos, simplemente por ser “caso sospechoso”. Ciertamente estos 100 días han sido intensos, cargados de muchas emociones y situaciones vividas.

Hace una semana, falleció un colega en la provincia del Chaco, el Dr. Miguel Duré, se había contagiado cumpliendo con su trabajo, y murió a consecuencia del mismo. Ese día intubé a mi primer paciente Covid19 positivo, fue un punto de inflexión. Perdón, para los que no saben, intubar es colocar un tubo en la boca del paciente, para que respire por ahí y luego se lo conecta a una máquina que hace el trabajo de los pulmones. Les decía, fue un punto de inflexión ya que por primera vez tuve temor, temor a contagiarme, miedo de contagiar a mi familia, e incluso miedo a morir. La verdad que siendo terapista, o intensivista como también nos llaman, estamos en contacto con la muerte, y para mí la muerte es parte de la vida, pero creo que esta pandemia ha hecho que vea las cosas de manera diferente.

Así que después de intubar a mi primer paciente positivo, luego de realizar los procedimientos habituales con este tipo de casos, me desvestí retirando todo el equipamiento tal cual dicen los protocolos, lavé mis manos y me fui a realizar la parte administrativa del trabajo, y en ese momento, con una taza de té caliente, pensé en que necesitaba descargar toda la tensión acumulada. Por la hora que era, no podía llamar a nadie, así que usé el “cara libro” para contar lo que estaba viviendo. Saqué una foto del pizarrón de la terapia, donde anotamos los nombres de los pacientes, el número de cama, la obra social, la edad y el diagnóstico, y noté que la cantidad de pacientes por la enfermedad de moda, había crecido exponencialmente. 

Desde ese día, los contagios y las muertes aumentaron, y veo que las personas protestan por la “cuarentena más larga del mundo”, algunos incluso llegaron a decir que prefieren contagiarse pero vivir libremente. Mientras tanto, yo sigo yendo de mi casa al trabajo, usando tapabocas, lavandome las manos constantemente, y “militando” la cuarentena por las redes, porque aunque sea una medida odiosa para algunos, es la única medida que ha demostrado ser efectiva para bajar la curva de contagios. Hasta que no haya un tratamiento efectivo, hasta que no tengamos una vacuna, lo único que podemos hacer es aislarnos.

Algunos pensarán que sólo hablo desde la salud, que no pienso en las consecuencias del aislamiento a nivel económico, social y educativo, pero aunque no lo crean también pienso en eso, pero soy de las que cree que lo primordial es la salud, si no estamos sanos, no podemos trabajar, estudiar, abrazar a nuestros seres queridos, no podemos vivir. Por eso les pido que seamos responsables, cuidémonos entre todos, que la única manera de salir de esto es con empatía y solidaridad, nadie nos obliga, simplemente nos recuerdan que no estamos solos en este mundo”.

(¨) Victoria Sol Cubas, Médica intensivista.
Mat. esp. Nº4100

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