HISTORIAS EN LA PANDEMIA

La bronca de “El Tío”, la de miles de gastronómicos

Es uno de los restaurantes con más tradición en la capital neuquina. Su producción cayó un 75% desde que se declaró la pandemia.
lunes, 29 de junio de 2020 · 15:37

Bronca, impotencia y tristeza. Así define la situación Octavio Ramírez, al frente del tradicional restaurante de Neuquén, “El Tío”. Desde la vereda, con una pizarra, grita su enojo hace varios días: “Si querés cenar, no podés”. Se mantiene en pie, por ahora, básicamente por 2 razones claves: no paga alquiler con lo cual ya se ahorró un promedio de 150 mil pesos por mes y además, en su reducido plantel de empleados, abundan la familia y los amigos. “El más joven de nuestros empleados tiene 10 años de antigüedad y el más viejo, 35. Eso ayuda, todo se comprende de otra manera”, manifestó.

La pandemia lo golpeó tan fuerte, que redujo su producción casi un 75 por ciento: de un promedio de 200 cubiertos diarios, pasó a casi 40, incluyendo las exigencias del caso, como viandas para delivery o para retirar en el local. “Hoy por lo pronto comeremos ñoquis, mañana no se”, cuenta resignado, a la espera de la información oficial, si Neuquén vuelve a Fase 1.  

El bodegón tiene una inmensa historia en Neuquén, en sus 42 años de vigencia. El protagonista del Tío era Domingo, papá de Octavio. “Hoy seguimos junto a mi hermano mayor, y mi mamá que siempre estuvo acá pero ahora está en cuarentena desde casa. También está mi sobrino y mi hija”, cuenta.

Cuando comenzamos esta charla, Octavio estaba metido de cabeza en la cocina, eran las 13 horas y en pleno preparativo de los ñoquis. ¿Y mañana?, le pregunté. “No se, la verdad que hay muchas cosas que no se entienden, no sólo en nuestra actividad sino en varios rubros. Somos 20 restaurantes y miles de comercios de otros rubros, entonces como somos los menos, se castiga. Siempre al que menos se queja lo castigan. Hace una semana que sólo hacemos almuerzo, porque venir a la noche por 4 viandas, poner en riesgo al personal que tiene que salir a la noche, no vale la pena”, opinó. Y sigue. En cada palabra no puede ocultar su enojo.

Volvemos en la charla a la pizarra. ¿Es un gesto de rebelión?: “No, pero mirá, me gusta mucho la política y aprendí una cosa. Cuando no se puede prevenir, entonces se prohibe.  Acá no pudimos prevenir, entonces ahora prohibimos. Si este protocolo tan estricto lo hubiéramos aplicado en marzo, quizás hubiéramos ganado dos meses de economía”, responde.

“Pero no, no es una rebelión. La realidad es que no puedo pagar impuestos, estoy debiendo 3 meses de luz. Mi prioridad son los empleados, segundo los proveedores, luego los servicios...y los impuestos que Dios los ayude”, afirma, resumiendo su realidad. Una realidad a la que no le encuentra en esta coyuntura una salida. Una realidad que, como la suya, se multiplica en miles y miles, en todo el país.

Una realidad que duele. “No hay muchas salidas, cuidarse, buenos controles y seguir adelante. Creo que somos como 45 millones de argentinos y 1200 fallecidos por coronavirus, si sacas el porcentaje de muertes por delitos o accidentes de tránsito...es morir de una manera o morir de la otra”.   

El Tío, un restaurante tradicional de la ciudad de Neuquén, estilo bodegón, fundado por Domingo y Dominga Grigoracci y cuyas generaciones sostienen. Intentan sostener -sería lo correcto- en esta pandemia, que va dejando la economía hecha pedazos y difícilmente, se levante con una vacuna.

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