La vida es una tómbola se dice siempre. Y que cada cosa que sucede en ella viene marcada por la suerte o por el destino. Es como que ya estaba todo escrito desde antes. Esta es la historia de César González, un joven de 34 años que vive en el pequeño rincón neuquino de Bajada del Agrio. Una esclerosis no tratada a tiempo paulatinamente lo fue dejando sin la capacidad de caminar y desde los 18 años quedó en silla de ruedas. Así las cosas comenzó a enfrentar la vida desde otra perspectiva. Ese mismo destino le venía siendo esquivo desde la infancia ya que se crió solo al amparo de su padre y apenas cumplido los 14 años se quedó sin su fundamental compañía. Hasta ese entonces pasaba sus días en el paraje Agrio del Medio. Allí mismo completó sus estudios primarios en la Escuela 244 y después no pudo continuar el ciclo secundario por la imposibilidad de trasladarse hasta el pueblo contiguo. Al fallecer su padre finalmente se fue a vivir a Bajada del Agrio y aquí lo sorprendió la enfermedad que le cambió su realidad. Sin embargo, siempre fue para adelante y luchó por mejorar su calidad de vida.
Una tómbola para comprar una heladera
En Bajada del Agrio, César de a poco fue escribiendo una nueva historia. En los últimos años pudo lograr contar con un hogar propio donde vive solo y se vale por sus propios medios. Justamente aquí el pasado mes de diciembre un golpe de tensión en su servicio de luz le provocó la rotura total de su heladera. Esta situación le trajo múltiples complicaciones para sobrellevar su cotidianidad. Sin embargo lo que más le preocupa a César es la conservación de su medicación. “Lamentablemente un golpe de luz me dejó sin heladera. Todo lo que fue el mes de enero y lo que va de febrero he estado sin este servicio y me ha perjudicado no tener donde preservar las medicaciones y la comida”, contó. Comentó además que este percance lo ha obligado de alguna manera a comprar sus alimentos en forma diaria, en especial la carne y según sus palabras eso “se le hace muy costoso”.
Por esta razón, dada su escasez de recursos (sólo percibe una pensión mensual por discapacidad), el joven con la colaboración de una hermana lanzó esta semana una tómbola para cambiar su suerte y seguir mejorando su calidad de vida. La misma cuenta con una cantidad de 300 números a un valor de 2.500 pesos cada uno. “La idea es tratar de juntar algo de plata para poder costear el valor de una heladera porque están súper caras. Así que sueño con lograr el objetivo y poder comprar una heladera nueva”, dijo con esperanza César. Los premios establecidos para el sorteo son del primero al tercero con pagos de 30.000, 20.000 y 10.000 pesos respectivamente. Los interesados en colaborar se pueden comunicar con los números: 2942-460393 y 2942-442393. Ambos cuentan con Mercado Pago.
Los interesados en colaborar se pueden comunicar con los números: 2942-460393 y 2942-442393. Ambos cuentan con Mercado Pago.
La locución como un medio de recreación
Entre las múltiples actividades que ha desarrollado César González a lo largo de su vida para abrirse camino se cuenta su amor y pasión por la locución y por el mundo radial. Afortunadamente hace cerca de 3 años tuvo la oportunidad de desplegar su afición en la emisora municipal FM Milton Aguilar a través de un programa radial con música regional y campera. “Mi programa se llamaba Embozalando Tradiciones y lo hacía dos días a la semana en diferentes horarios. La verdad que era muy escuchado y le gustaba mucho a la audiencia, en especial a la gente del campo. Yo siempre hacía recitados”, relató César. Siempre habló en pasado porque a finales del año 2023 con el cierre de la gestión de gobierno de la intendenta Mabel Pino se quedó sin trabajo. Ahora se aferra a la esperanza de que la nueva gestión del intendente Ricardo Esparza lo pueda convocar para continuar desarrollando su trabajo y su programa. “Más allá del trabajo en sí el programa me ayudaba mucho a mi en la faz personal, ya que me servía para salir de mi casa y distraerme. Yo nunca salgo de mi casa y ese programa radial le hacía mucho bien a mi vida”, afirmó. Para cerrar argumentó de alguna manera su estancia permanente en su vivienda. “Yo no salgo a ningún lado por el tema de que las calles no son aptas para andar porque son calles de tierra. Entonces es muy dificultoso transitar y muchas veces tengo que recurrir a otra persona para que me vaya llevando en la silla”, enfatizó.