En un mundo atravesado por el consumo y los residuos, hay quienes deciden mirar el descarte con otros ojos. Francisco Martinenghi, diseñador gráfico y emprendedor neuquino, eligió no naturalizar la basura que genera su propio rubro y convertirla en el punto de partida de una propuesta innovadora. Así nació Punto Verde Gráfico, un proyecto que une creatividad, tecnología y compromiso ambiental.
Con 34 años y más de cinco de experiencia en el sector gráfico, Francisco fue testigo directo del impacto ambiental de la actividad. Retazos de vinilo, lonas, envases plásticos y restos de pintura se acumulaban día a día. “Empecé a ver tanto residuo que sentía que no podía ser que todo eso se tirara”, recuerda. Esa inquietud se transformó en acción.
Sin grandes maquinarias ni estructuras industriales, el emprendedor comenzó a experimentar de manera artesanal. Modificó una impresora 3D, investigó procesos y probó materiales. “Me di cuenta de que el material que estaba afuera lo podía usar. Una cosa llevó a la otra y la curiosidad me empujó a investigar qué tan sustentable podía ser”, explica.
Hoy, en Punto Verde Gráfico, las botellas plásticas dejan de ser basura para convertirse en filamento para impresión 3D. A través de un proceso manual de corte y extrusión, una sola botella de gaseosa de 2,25 litros se transforma en más de once metros de filamento. “Eso rinde entre seis y siete horas de impresión”, detalla Francisco, y subraya otro dato clave: el color del filamento es el original del envase, sin tinturas ni agregados químicos.
La lógica del aprovechamiento total atraviesa todo el proyecto. Tapitas, bolsas, restos gráficos, lonas publicitarias y vinilos descartados se reutilizan para crear telas, placas plásticas y nuevos insumos. Incluso avanza en la recuperación de baterías de computadoras y residuos electrónicos, que combina con plástico reciclado para desarrollar aplicaciones tecnológicas de menor impacto ambiental.
“Mi idea es brindar un servicio ecológico de una gráfica sustentable”, resume, aunque se define con humildad como “un emprendedor neuquino chiquito”. Sin embargo, su iniciativa ya marca un camino posible: demostrar que el reciclaje puede ir más allá del gesto simbólico y convertirse en una solución productiva real.
Ese potencial fue reconocido recientemente cuando Punto Verde Gráfico accedió al financiamiento del Programa Impacta Neuquén. Los fondos estarán destinados a la compra de maquinaria —como una trituradora industrial, una extrusora de mayor escala y una cortadora láser—, al fortalecimiento de la comunicación del proyecto y a la formación de nuevos colaboradores.
“El espacio y el trabajo son hoy lo más necesario. Si lo tuviera, podría sumar más gente y generar empleo verde”, asegura Martinenghi, quien también destaca el acompañamiento recibido a través de capacitaciones como Empretec. “Fue fantástica la guía y el contacto con colegas y futuros socios”, señala.
El objetivo es claro: escalar la producción sin perder la esencia. “Es el mismo plástico que se reinventa y no genera plástico nuevo”, dice Francisco. Desde Neuquén, su emprendimiento invita a repensar los residuos no como un problema, sino como una oportunidad para producir, cuidar el ambiente y construir futuro.
“Aguante Neuquén, aguante mi ciudad. Quiero cuidarla y trabajar para eso”, concluye.