NIDO BLANDO

De la oscuridad a la luz de una cámara

Pensar en la Patagonia y en Bosnia o Serbia era pensar en dos mundos distantes. Culturas, paisajes, realidades, parecían alejados completamente. Hasta que el ojo y la lente del fotógrafo Matías Quirno Costa llegó para acercarlos y echar luz sobre los momentos más oscuros de la humanidad.
lunes, 18 de marzo de 2019 · 12:42

Por Cecilia Russo

Nacido y criado en San Isidro (Buenos Aires), Matías Quirno Costa eligió San Martín de los Andes – hace 25 años – para vivir, echar raíces y dejarse encontrar por la montaña y el oficio de fotógrafo. Y también para volar hacia el otro lado del mundo - Bosnia, Lesbos, Irán, Turquía - con el objetivo de retratar que aún en la guerra y entre refugiados, se pueden encontrar momentos de solidaridad, amor y bondad.

Foto: el fotógrafo Matías Quirno Costa.

Pero pasar de un lugar al otro no es fácil. Hay meses de preparación y casi 30 horas de viaje: “Vengo trabajando sobre el lugar, la historia, dónde voy a estar, entonces el chip ya está más preparado para cuando llego allí. Me pongo a laburar y no tengo tiempo de otra cosa”. A la vuelta, con los pies en el hogar, la adaptación cuesta un poco más: “Las primeras noches son difíciles. A veces cuesta un poco dormir, estar atento a lo que pasa alrededor mío acá. Pero con los días me voy acostumbrando. Cuando uno labura con personas, con afectos o con situaciones complicadas, algo queda”.

Foto: “Quiero creer que siempre hay otra opción de vida, antes del horror”.

Contar la vida

Un cambio en la forma de ver los horrores de la guerra, es lo que moviliza a Matías a viajar año tras año hacía las fronteras entre el Oriente Medio y Europa: “Fui a buscar historias de vida. Trato de contar la historia de las personas que sufren con la guerra o el desarraigo. Poder mostrar que un refugiado es una persona que tiene una historia de vida, igual que la tuya, igual que la mía, que tenía hijos que iban a la escuela, que laburaba, que hacía un montón de cosas iguales a cualquiera de nosotros y que por una situación de crisis humanitaria, tiene que dejar todo e irse de un día para el otro. Contar la vida de esa gente, de esas personas”.

Foto: Campo de refugiados en Indómini. La búsqueda de una nueva vida.

Mucho más que una foto bonita

Pero su paso por cada uno de los conflictos armados y humanitarios, llevó a Matías a hacer algo más que contar una historia: busca ser parte, estar, meterse en la escena. Por eso, con su gran angular, encuentra momentos únicos, íntimos, al calor de una familia que dejó todo atrás. Y tal es así, que hay situaciones que lo alcanzan y “te colgás la cámara en la espalda y empezás a ayudar a la gente. Nos pasó en 2015, en Lesbos (Grecia). Llegaban muchísimos botes con refugiados todo el tiempo, por todos lados y había poquísimos voluntarios. Hacía la foto cuando el bote se acercaba y luego colaboraba con los rescatistas a bajar gente, sobre todo a chicos, mujeres, embarazadas, personas con discapacidad”.Desde ese lugar, Matías puede narrar y mostrar una historia diferente, con amor y solidaridad: “Lo que me sorprendió, cuando empecé en 2015, es la hospitalidad y la generosidad de los los pueblos árabes, los sirios, los afganos, los iraníes. Eso fue alucinante. Estuve con gente en sus trabajos y todos con mucha predisposición para contar, para hablar (...).

Foto: Siria: “La vida poco a poco vuelve a la normalidad”

En abril del 2016 estuve en Indómeni, en un campo de refugiados armado de improvisto. Allí conocí a Hasan, un sirio de unos 46 años, un tipo bastante adinerado que se dedicaba a ayudar a la gente en situaciones complicadas. Este hombre ayudó a una familia, con una historia muy dura, a ir de Indomeni a Alemania. Y tengo el honor de tener una amistad con él. Hasan podría haber seguido su vida, pero decidió llevar a esta familia -una mujer, su hija y un hijito al que le habían pegado un tiro en una pierna cuando tenía cuatro años; una familia a la que le había matado al padre – hasta Alemania y ahí los ubicó. Eso me parece una muestra de amor, de generosidad”. Historias así, Matías documenta con cada foto, con cada trabajo, con cada viaje.

Foto: Niños que, huérfanos o con su familia, buscan una nueva posibilidad de vida.

La foto que salva al pueblo

Estar frente a frente con la muerte, con el peligro, la deshumanización de las personas, no es fácil. Pero hay algo muy bueno, según Matías, en su trabajo: “Lo mejor es cuando sentís que la foto sirve para generar empatía, conciencia de lo que pasa con una guerra, en los pueblos. Y a esta gente la salva el pueblo. Los otros se pelean en la ONU, en la OTAN, pero los que  mueren son los pueblos y los que salvan a los pueblos, son los pueblos”. Una filosofía de vida estimulante a la hora de decidir dejar la costa del río Quilquihue en San Martín de los Andes – “que es mi lugar en el mundo” – para ir hasta alguna ciudad devastada en Medio Oriente.

Foto: Siria y el dolor de quienes debieron dejar su patria.

Antes de partir

¿Cómo poder encontrar algo bueno en la guerra, en un bombardeo, en funerales y hasta en las erupciones de los volcanes Puyehue y Calbuco? Matías Quirno Costa parece tener una respuesta simple: “Quiero creer que siempre hay otra opción de vida, antes del horror. Quiero creer que se puede hacer algo diferente. Me gusta poder encontrar eso y demostrarlo, porque mostrar el drama y nada más que el drama es como regodearse de algo que no está bueno”.

Foto: Matías Quirno Costa tiene una serie de fotografías dedicada a las “Infancias Robadas”.
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Homs , Sira

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