EDITORIAL

El gobierno, ATE, la guerra, y el origen del mal

Las empresas privadas que trabajan en los hospitales. El sistema y sus razones. La ambición de los gremios. ¿Cómo se arregla?

El hospital Castro Rendón tiene servicios prestados por empresas privadas: la seguridad, la limpieza, la lavandería. El hospital Heller, en la capital neuquina, es el más nuevo y el más "tercerizado” de todos: seguridad, limpieza, cocina, jardinería, camilleros…todos servicios prestados por empresas privadas.

Una sola de estas empresas que presta servicios en el Castro Rendón, y que participó de la huelga que terminó con una estruendosa trifulca callejera alrededor del mítico edificio, CBS, cuenta en ese hospital con unos 60 empleados, según le dijo a este periodista el director del hospital, Adrián Lammel. No se sabe con certeza cuántos empleados privados se mueven en el ámbito público de Salud. Es una cuenta de esas que raramente se informan, como así también los detalles: cómo se contrató a la empresa, por cuánto, cómo fue elegida, etc.

¿Por qué lo que sucede con estas empresas fue la gota que terminó de rebasar el vaso y desencadenó la batalla? Lammel coincidió en esto con otro director de hospital, el Heller, Víctor Noli, quien también habló con este periodista: los gremios (ATE, más que nada) quieren activa participación en la contratación de las empresas. Fundamentalmente, pretenden terciar en la discusión de cuánta gente hay que contratar, y qué gente hay que contratar. Demás está decir que los empleados de CBS, por ejemplo, están afiliados a ATE.

¿Por qué importa la cantidad de empleados, tratándose de la contratación de una empresa que lo que debe hacer es garantizar determinado servicio? Preguntó, tal vez con inocencia, este periodista. El director del Heller respondió que sí, que podía ser, pero que esto estaba dispuesto de esta manera. Así funcionan las cosas en el sistema estatal cuando se requiere de los privados. Es importantísimo, parece ser, la cantidad de gente. Es más: es lo que le interesa a los gremios.

Las contrataciones las hace el ministerio de Salud, no cada hospital. Está, el sistema, centralizado. En el caso del servicio de lavandería, por ejemplo, se contrata una empresa para todos los hospitales capitalinos. La ropa se lleva, se lava, y se devuelve a cada hospital. Esto es lo que se pretendía hacer el jueves, cuando ATE bloqueó la entrada, fue desalojado, planteó resistencia, empezó a los piedrazos, y originó la respuesta de la policía, que utilizó gases y disparos con postas de goma.

Los hospitales, el fin de semana, fueron limpiados. La tregua funcionó, pero quedará supeditada a lo que se "negocie” en la semana en la que comienza a transcurrir diciembre. Allí se verá si retorna "el diálogo”, que según el gobernador Omar Gutiérrez, está siempre abierto. Hay tanta ingenuidad en la recurrencia a la gastada palabrita, que podría confundirse con cinismo. A veces, da la sensación que se estuviera en medio de la Segunda Guerra Mundial, y que alguien propusiera, en medio de los bombardeos, que se buscara arreglar todo sentando a la mesa del diálogo a Roosevelt, Churchill, Mussolini y Hitler. "Tratemos de llegar a un acuerdo, porque hablando todo se puede”, diría el personaje neuquino metido en ese fondo de la historia.

Sencillamente, no parece que se pueda llegar a un acuerdo con los gremios que realmente arregle el sistema de Salud. Pasa lo mismo que con la educación. Es el sistema el que está mal, porque se ha ido degenerando. Y así como en educación es incesante la mudanza de lo público a lo privado, en Salud pasa lo mismo, a través de las derivaciones, y de las contrataciones de empresas privadas, que fácilmente podrían confundirse con necesidades que están más cerca de la corrupción que de las buenas prácticas. El Estado neuquino no solo es supernumerario en cantidad de empleados, sino que necesita de las contrataciones privadas cada vez en mayor medida. Las dos cosas juntas no deberían poder ser. O tenemos un Estado grande que hace todo, o un Estado chico que contrata. De lo contrario, no habrá plata que alcance, nunca. Y además, habrá sospechas permanentes sobre la forma en que se contrata, porque no se informa, no se publica, no se publicita.

Así, el Estado neuquino, con más de 80 mil empleados, contrata personal privado; alquila vehículos aunque compra nuevos todo el tiempo; alquila oficinas, sedes, edificios, aunque construya enormes centros ministeriales; y al mismo tiempo, se da "el lujo” de tener empleados que no trabajan, sino que se quedan en sus casas, por orden de sus propios jefes, y por razones que tienen que ver con las internas del partido gobernante.

Todo esto, en alianza directa con el silencio cómplice de los dirigentes sindicales. Que solo salen a gritar alguna cosa cuando necesitan obtener algo que se les niega.

Por esto, y por muchas cosas más que exceden los propósitos de esta editorial, crece la convicción de que no bastará con seguir medicando sobre las consecuencias, sino que habrá que tratar las causas. Ir al fondo, al origen, al nacimiento del mal.

Y cortarlo de cuajo.

Rubén Boggi

 

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