A Trump no lo frena nadie. Esta semana volvió a demostrar que el vértigo que le impone a su agenda internacional está lejos de moderarse y que hasta sus más insólitas propuestas, iniciativas o estrategias avanzan y, al menos hasta ahora, le salen bien. Mientras sigue consolidando su vínculo con el chavismo, avanza hacia la segunda fase de su plan en la Franja de Gaza e insiste con quedarse con Groenlandia a pesar del pataleo de los europeos. Repasemos.
El efecto Venezuela: dos mensajes que resonaron
Los dos mensajes que Trump transmitió con el operativo militar que extrajo de Venezuela a Nicolás Maduro hace dos semanas parecen haber hecho efecto en todos los actores internacionales que en estos tiempos se cruzan en el camino del presidente de Estados Unidos. Se terminaron de convencer de que no cuentan con herramientas ni recursos económicos y mucho menos militares para hacerle frente. Solo les queda la política y la diplomacia para amortiguar daños: casi nunca les alcanza.
En primer lugar, dejó claro que Estados Unidos es capaz de hacer una operación militar de las características de la que ejecutó en Venezuela: capturar, sin ninguna víctima propia, al presidente de un país que estaba fuertemente custodiado (al menos 30 agentes cubanos que lo protegían fueron eliminados). Lo segundo que también quedó demostrado es la voluntad política de Trump para hacer lo que dice que va a hacer.
En Venezuela, el presidente estadounidense sigue adelante y estrecha vínculos con la dictadura chavista, que entendió el mensaje y parece alinearse con los designios de Trump. Delcy Rodríguez fue elogiada al mismo tiempo que Trump recibía a la referente principal de la oposición, María Corina Machado, quien no se llevó nada de Washington a pesar de entregarle a Trump su premio Nobel. Acto seguido, el jefe de la CIA viajó a Caracas para estrechar vínculos.
Groenlandia, su obsesión
Mientras encamina Venezuela a su gusto, Trump acelera para quedarse con Groenlandia y avisó que impondrá aranceles a países de la OTAN que no lo apoyen en su plan de anexionar la isla. Como en todo lo que pasa cerca de su país, Trump invoca la seguridad nacional y el peligro de que la isla y el Ártico queden a merced de los rusos y de los chinos.
Europa, como ante todas las embestidas de Trump, se muestra impotente y busca mecanismos para frenarlo en su intención manifiesta de, en el mejor de los casos, comprar Groenlandia y, en el peor, asaltarla militarmente para quedársela. Luego de inútiles comunicados, busca alternativas para convencer a Trump de no hacer lo que sabe que está dispuesto a hacer. Con las maniobras militares de esta semana en ese territorio, Europa, más que un desafío a Trump para mostrar que estaría dispuesta a un conflicto abierto —algo que no sucederá—, intenta convencerlo de que está preparada y dispuesta a movilizarse para proteger Groenlandia de las mismas amenazas. Es un mensaje de que pueden ser socios para defender el Ártico de cualquier amenaza contra Occidente.
Está claro que nadie imagina un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y Europa, pero sí, después de lo de Maduro, cada vez son más los que creen capaz a Trump de ordenar alguna operación militar para despojar a las autoridades groenlandesas del poder e imponer el control estadounidense. La alternativa para Europa es entonces buscar demostrarle a Trump que su sociedad alcanza para impedir o disuadir a China y Rusia de que amenacen la libertad de movimiento de las vías de transporte, comunicación y comercio en el Ártico. Esta aparece como la alternativa más fuerte que tiene Europa para evitar los peores escenarios que Trump tiene en la cabeza.
Gaza: la paz según Trump
Y la semana la terminó cumpliendo su promesa de poner en marcha la fase dos del plan de paz de Gaza. La Casa Blanca anunció la composición de la junta ejecutiva del Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), que funcionará bajo la Junta de Paz, que será presidido por Trump y cuyos miembros serán jefes de Estado y de gobierno. Ya recibieron invitación, entre otros, Javier Milei, el turco Recep Tayyip Erdoğan y el presidente de Canadá. Estados Unidos quiere que la Junta de Paz se utilice para ayudar a resolver otros conflictos en todo el mundo también.
Al gobierno de Israel le cayó mal cómo se está armando todo esto. La oficina de Netanyahu dijo que la reciente presentación de la Casa Blanca de un panel internacional clave de supervisión para Gaza "no fue coordinada con Israel y contradice su política". Israel objeta la composición del CNAG, que incluirá a altos funcionarios de Catar y Turquía, dos países con los que Netanyahu no se lleva bien. Estarán el ministro de Relaciones Exteriores de Erdoğan, Hakan Fidan, y un alto diplomático catarí, Ali Thawad.
Si bien técnicamente operará bajo la Junta de Paz, el Comité ejecutivo estará más directamente involucrada en la supervisión de la gestión de Gaza después de la guerra, desempeñando un papel fundamental en comparación con la Junta de Paz, que es más simbólica. Este comité deberá gestionar la Franja hasta pasársela a la Autoridad Nacional Palestina cuando esta demuestre capacidad y garantías de que puede gobernar ese territorio y llevar a la creación de un Estado palestino. Serán ellos los que tengan que gestionar en el terreno la desmilitarización de Hamas, lo que llevaría a un repliegue del ejército israelí. De eso se encargará el estadounidense Jasper Jeffers, mayor general quien fue nombrado comandante de la Fuerza Internacional de Estabilización.
A través de su canciller, Gideon Saar, Israel planteará las críticas a Marco Rubio. Habrá que ver cómo lo toma Trump, a quien no le gusta que nada ni nadie le arruine sus planes.
El manual Trump: negociación dura y golpes precisos
Trump tiene todas las cartas y a lo largo de este primer año de mandato las fue poniendo sobre la mesa. Negociación dura y amenazas para acomodar las disputas comerciales en su guerra arancelaria, ataque puntual para mostrar que puede hacer lo que quiere y que habla en serio para disciplinar al chavismo, y bombardeo preciso de infraestructura nuclear en Irán en junio para terminar la guerra de 12 días entre Israel e Irán. Y esta semana pareció que estuvo cerca de jugar otra carta con Irán cuando parecía que estaba bien cerca la decisión de un ataque masivo sobre el régimen para hacerlo caer. Lo frenó el temor al caos en lo que se podría transformar la región ante la respuesta iraní, un régimen en decadencia pero todavía con capacidad de hacer daño, y mucho, dentro y fuera de su país.