OPINIÓN: Nidia Maresero *

Ahora se porque se creía eterna

Me animo a escribir estas sensaciones y sentimientos, convencida de que haber tenido el privilegio de trabajar cerca de Carmen Argibay, conlleva la obligación de intentar compartir algo de lo mucho que nos transmitió en un espacio tan caro a sus sentimientos como fue la Oficina de la Mujer, que -como le gustaba decir- era la concreción de muchos de sus sueños. Y así: invitando a compartir utopías, en lugar de pedir respaldo o imponer criterios, fue concitando adhesiones –a veces inesperadas- a los numerosos proyectos emprendidos.
jueves, 15 de mayo de 2014 · 16:22

Me animo a escribir estas sensaciones y sentimientos, convencida de que haber tenido el privilegio de trabajar cerca de Carmen Argibay, conlleva la obligación de intentar compartir algo de lo mucho que nos transmitió en un espacio tan caro a sus sentimientos como fue la Oficina de la Mujer, que -como le gustaba decir- era la concreción de muchos de sus sueños.
Y así: invitando a compartir utopías, en lugar de pedir respaldo o imponer criterios, fue concitando adhesiones –a veces inesperadas- a los numerosos proyectos emprendidos.
Y para ello no buscaba aliados, porque si bien era consciente de que en este afán de desterrar la cultura patriarcal del poder judicial era necesario vencer muchas resistencias; no lo concebía en términos de lucha de poder, sino de construcciones colectivas, con la claridad de que allí radica la solidez de sus logros.
Nadie podrá desconocer su impronta en cada producto, pero desde su humildad valorando y agradeciendo todos los aportes, supo hacernos sentir que eran obras de todas/os y cada una/o, de manera tal que nos hagamos cargo de que perduren, crezcan y se multipliquen.
El pasado 11 de marzo tuve el placer de acompañarla a un acto que organizó la Comisión de Cultura de la Institución SHOLEM Buenos Aires, con auspicio de ICUF, Federación de Entidades Judías de la Argentina, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que este año se propuso poner el acento en los progresos y logros de las mujeres en los últimos 100 años y plantear, como resultado de dicho proceso, la visibilización de conflictos que hasta ahora permanecían escondidos pero que la sociedad ya no acepta: el aborto, la violencia familiar, el femicidio, la trata de personas, la educación sexual, la maternidad adolescente, nuevos-viejos temas que la sociedad toda debe enfrentar con seriedad y responsabilidad y  por eso la invitaron a ella junto a Dora Barrancos. Y con la claridad y convicción que la caracterizó asumió el desafío y fijó posiciones. Afortunadamente tomé notas en la que no imaginé sería una de sus últimas conferencias,  aquí las entrego: 
"En toda la historia de la civilización siempre hay alguna pionera que dio su vida para luchar por los derechos de las mujeres, elijo a Olympia de Gouges para representarlas.
En lo personal,  vengo de una familia tradicional de Buenos Aires. Una familia con predominio de mujeres. 
A mi tatarabuela la casaron a los 13 años  y tuvo 22 hijos, a los 50 años no reconocía a nadie.
Yo en cambio fui al Colegio de señoritas (y al mencionar señoritas esboza una sonrisa picaresca y asoman  sus hoyuelos) Entré a la facultad a los 16 años y me encontré con la discriminación: Vaya a su casa, consiga un novio-me dijeron.
Entonces había sólo dos profesoras mujeres y unas pocas alumnas, ahora es al revés. 
Cuando terminé la  facultad me invitaron de una institución que daba cursos a mujeres sin capacitación, empleadas, obreras y jubiladas a dar charlas sobre derechos de las mujeres. Me marcó la frase de una obrera que me dijo "las mujeres  no tenemos derechos, si no obligaciones”
Y entendí que una cosa es lo que dice la Constitución,  pero después estaban los códigos que eran el segundo orden.
Entré a un terreno vedado, que era el Derecho Penal, recién cuando fui jueza empezó a cambiar la cosa. Y como ustedes saben, recién en  2004 hubo dos mujeres en la Corte.
Siempre señalo a quienes me acompañan: en esta tarea si se para, retrocedemos; porque faltan muchas cosas, subsisten mitos y estereotipos de siglos de patriarcado.
Encontramos colegas que dicen: nunca me sentí discriminada, pero a la vez reconocen que tenían que demostrar todos los días que eran mejor que ellos.
Hemos logrado muchos avances, pero hay mucha resistencia.
Cuando una llega a un lugar con responsabilidad tiene la obligación de hacer algo, y eso hicimos con la doctora Highton.
Primero la Oficina de Violencia Doméstica (OVD)
Luego la Oficina de la Mujer (OM) desde donde iniciamos una evaluación de todos los problemas en la institución judicial. Descubrimos problemas de acceso. Iniciamos un plan de capacitación en todo el país, abarcando la justicia provincial y federal y ahora también países vecinos.
Abordamos también el tema de Trata de personas, nos ocupamos de todo eso, pero no se puede parar, porque nos pasan por arriba.
Recordemos cuánto costó lograr la ley de divorcio. No hemos conseguido todavía una ley de aborto, el código solo lo permite en dos situaciones. 
A mi me atacaron mucho, no soy abortista, quiero que una mujer con la información necesaria pueda decidir.
Hay miles de circunstancias que llevan a una mujer a querer abortar
En todos los lugares donde está permitido el aborto tiene condiciones, como el límite de doce semanas, se analiza si no hay otras posibilidades. ¿Por qué no podemos nosotros analizar y debatir? 
No se ponen sobre la mesa todos los argumentos, se esgrime la religión;  pongo en duda que la mayoría de los argentinos sean católicos. El país admite todas las religiones, el Estado es laico, tiene que ser para todos los ciudadanos; todo lo que tenga vetas confesionales no puede ser sostenido por el Estado pero no hemos logrado que se discuta en serio.
Si Eva hubiera escrito el génesis diría que no nació de ninguna costilla (y nuevamente se asoman sus hoyuelos)
La prensa tiene mucha culpa en estas cosas, invisibiliza. Arma una telenovela de un homicidio y hacen mal a la investigación y a la gente.
Por eso tenemos que valorar a periodistas que hacen las cosas bien en materia de equidad: por ejemplo el libro de Mariana Carbajal "Maltratadas”, cada capítulo es un mito de los tantos que hay en torno a la violencia de género.
Tratamos de concientizar, no sólo al Poder Judicial que es nuestro objetivo, también a la sociedad. Para que la sociedad reaccione bien hay que introducir nuevas nociones y eliminar esos mitos y estereotipos alrededor de la violencia, la  trata, el  aborto.
Esto requiere mucho trabajo de las que venimos de hace años -y quizá no lleguemos a ver los resultados- y mucho más de la gente joven que ya encuentra el camino abierto pero hay que seguir ampliando lo que con tanto esfuerzo  hemos logrado.”
No hay nada que agregar, simplemente asumir el párrafo final como mandato y, -para no caer en la tentación de descansar sobre los logros alcanzados- adoptar como lema esa consigna que, efectivamente solía reiterar: "Parar es retroceder”


Nidia Marsero
*Integrante del equipo de trabajo de la Oficina de la Mujer


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