Estados Unidos e Israel iniciaron un ataque militar masivo y coordinado contra Irán, en una operación sin precedentes en la historia de Medio Oriente. La primera oleada de bombardeos apuntó directamente a la cúpula del poder iraní, incluidos el líder supremo Ali Jamenéi y el presidente Masoud Pezeshkian.
Trump calificó la operación de "masiva" y llamó al pueblo iraní a tomar el poder una vez concluyan los ataques, mientras Netanyahu prometió que la guerra sería "mucho más fuerte" que el conflicto del año anterior y que no cesaría hasta eliminar la amenaza que representa el régimen de los ayatolás.
Irán respondió de inmediato con misiles y drones dirigidos hacia Israel y bases militares estadounidenses en Medio Oriente. En Jerusalén se sucedieron las sirenas antiaéreas y la población se refugió en búnkeres, mientras Israel declaró el estado de emergencia y cerró su espacio aéreo. El conflicto se extendió rápidamente a la región: se registraron explosiones en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, donde instalaciones norteamericanas fueron alcanzadas. Irán quedó casi de inmediato sin conexión telefónica ni acceso a internet.
La operación fue el resultado de meses de planificación conjunta entre Estados Unidos e Israel, con la fecha definida con semanas de anticipación pese a que negociaciones diplomáticas aún estaban en curso.
El ataque se produce en un contexto de escalada sostenida desde 2024, durante la cual Israel fue debilitando progresivamente a los principales aliados regionales de Irán, entre ellos Hezbolá en Líbano. Netanyahu busca aprovechar esa debilidad acumulada para dar el golpe definitivo al régimen. La duración de las operaciones, según el propio primer ministro israelí, será la que haga falta.