Toda la lamentable rutina de la violencia política se desplegó frente al Congreso Nacional este miércoles, mientras en el recinto del Senado se debatía, con rumbo a su aprobación en general, el proyecto de ley de reforma laboral. Manifestantes de sindicatos, organizaciones sociales, y partidos de izquierda, voltearon vallas y se enfrentaron con la policía, que reprimió utilizando gases, balas de goma, y otros elementos usuales en estos casos. La postal fue la misma que en tantas ocasiones, con algunos detalles innovadores.
Se vio, por ejemplo, a militantes armar bombas molotov en plena calle, frente a cámaras que los grababan, y después arrojarlas contra la policía.
En el recinto del Senado, la violencia pasaba solo por la oratoria de algunos congresistas; pero con el conocimiento asumido de que el gobierno de Javier Milei ya tenía los votos necesarios para aprobar el proyecto de reforma laboral: un total de 44 legisladores habrían asegurado el voto a mayor en general, según había anticipado el martes la jefa del bloque oficialista, la senadora Patricia Bullrich.
Los incidentes fueron serios en cuanto a la magnitud de la violencia. A las 17 de este miércoles, se contaban al menos cuatro policías heridos, del primer cordón desplegado, el que se enfrentaba cuerpo a cuerpo con los manifestantes. También se mencionó un número aun no determinado de militantes detenidos.
El ambiente estaba muy cargado, desde las horas previas: No ayudó para nada, por ejemplo, que el rionegrino Roberto Aguiar, titular de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) amenazara a los gobernadores que apoyan el proyecto de la Casa Rosada, con un sonoro "firmarán su sentencia de muerte".