ANÁLISIS

El desafío del sector: Generar Valor

La industria petrolera se encuentra en la disyuntiva de repetir los errores del pasado o salir de la zona de confort asumiendo el riesgo de no "ser valorados" por decidir "generar valor"
lunes, 21 de septiembre de 2020 · 16:23

Durante la presidencia de Cristina Fernandez de Kirchner y la gobernación de Jorge Augusto Sapag la situación de la industria petrolera pasaba por un escenario similar. Las empresas solicitaban una mejoría de los precios internos, los funcionarios del Gobierno Nacional buscaban otras alternativas y el líder gremial declaraba un alerta y movilización que terminó afectando el suministro de gas a Buenos Aires.

Por ese entonces, el gobierno decidió iniciar el camino de la confrontación con los sectores de la industria. Aumentó la importación de gas de Bolivia, suspendió las exportaciones programadas e interrumpió el suministro a las Centrales Térmicas.

Todas las medidas adoptadas apuntaron a conseguir la aprobación de una masa critica de gente. El Gobierno Nacional focalizó su decisión en “ser valorado” por sus seguidores y no generar “valor”.

En diciembre de 2016 los actores cambiaron y el escenario comenzó a revertirse. Los adversarios pasaron a ser “amigos” del gobierno luego de la reunión que Mauricio Macri tuvo con Omar Gutierrez en Villa La Angostura.

En ese momento, el gobierno central necesitaba “domesticar” al líder petrolero para incorporar previsibilidad y certidumbre en las inversiones.

Esa reunión posibilitó poner en la escena nacional a la entidad gremial. Guillermo Pereyra se reunió con Mauricio Macri y acordó la famoso adenda del Convenio Colectivo de Trabajo con “beneficios” para sus afiliados.

Tanto Cristina Fernandez de Kirchner como Mauricio Macri no asumieron los riesgos que implica gestionar cambios culturales y centraron sus decisiones en el sencillo objetivo de “ser valorados”.  La expresidenta otorgó subsidios al consumo y el expresidente generó un bondadoso acuerdo con el gremio petrolero.

Las medidas adoptadas por el actual Gobierno Nacional para frenar la circulación del Covid-19 terminó paralizando todas las actividades económicas, lo que generó en la industria energética situaciones similares a los años anteriores. Pedidos de mejoras de precios internos, proyectos alternativos para el incentivo a la producción y amenazas del gremio petrolero.

En este contexto, Omar Gutiérrez se reunió con Alberto Fernández en la villa cordillerana como lo hizo con el anterior presidente de la Nación.

Luego de ese encuentro llegó el famoso “precio sostén”, la discusión entre productores y refinadores y el malestar gremial por las deudas de algunas empresas y la falta de actividad. La medida, que solo benefició a los estados provinciales, tuvo un rotundo fracaso y no fue acompañada ni siquiera por la propia empresa de bandera.

A medida que pasaron los días el gobierno provincial observaba una considerable baja en la recaudación y la inacción en los campos petroleros. YPF es quien tiene la mayoría de las áreas de concesión de la provincia, y esta situación le genera al gobierno de Omar Gutierrez una dependencia política y económica no solo de la administración Fernández sino de la mayor empresa petrolera.

Bajo este escenario Gutiérrez se valió de su aliado partidario. El conflicto gremial y el pedido de información sobre inversiones a las productoras puso en evidencia la batalla por el dominio de Vaca Muerta.

En estos días y en pleno pico de contagios en la región, la principal operadora de la cuenca subió siete equipos de torres. Algunos leen esta decisión como una victoria del sindicato, aunque otros consideran que es parte de una estrategia que condiciona la conciliación obligatoria.

La realidad es que el gremio llegó a la mesa del Ministerio de Trabajo con cuatro demandas puntuales. Según los analistas laborales, para que el sindicato salga airoso de este conflicto al menos tendrá que obtener dos de los cuatro pedidos.

La complicación que observa la organización sindical es que aún existe una falta de demanda interna que condiciona las negociaciones y el ritmo de actividad en los campos petroleros. Pero el tema no está en la negociación que llevan adelante las empresas y el sindicato, sino en el “reconocimiento” del gobierno central a la entidad gremial.

La estrategia comunicativa del sindicato es clara. La semana pasada Marcelo Rucci dijo que “lo que está haciendo YPF no se condice con un gobierno democrático… Es toda imposición y está arrastrando a otras empresas productoras”. Luego de la reunión del 16 de septiembre, Guillermo Pereyra sostuvo que “faltan otros actores que tienen que estar, porque el Gobierno Nacional deberá darles respuestas”. En síntesis, Pereyra se dirige al Gobierno Nacional y Rucci a las empresas.

Bajo esta pirotecnia verbal y con el lineamiento de ser una administración nacional que tiende al “diálogo”, llama la atención que Alberto Fernández aún no se haya reunido con el líder sindical. La respuesta se puede encontrar en el concepto de productividad consensuado entre las empresas petroleras y llevado adelante por el nuevo management de YPF.

La realidad es que el concepto de productividad no solo tiende a bajar costos sino a incorporar desafíos en el sector gremial. Generar “valor en la industria” no es solo una decisión del sector empresario sino de todos los actores.

Es aquí donde radica el problema. Asumir “riesgos” podría significar perder la “valoración” de los seguidores, de los votantes o de los propios afiliados. En este sentido, la entidad gremial se ubica en el extremo opuesto al concepto de productividad.

La posición de “ser valorados” conlleva la decisión de no importar el sistema productivo ni la cadena de valor; sino la cantidad de gente que agradece “el incremento salarial” y no el “trabajo productivo”.

Tanto en la gestión de Cristina Fernandez de Kirchner como en la de Mauricio Macri la problemática puso foco en el “reconocimiento gremial y el incremento salarial”. Esta lógica sumada a los vaivenes económicos dejo fuera de competencia a Vaca Muerta en el escenario mundial.

La pandemia terminó de sacar a todos de la zona de confort y para poder estar nuevamente en escena será preciso que los principales actores de la industria, “generen valor sin esperar ser valorados” como ocurrió en otras gestiones.

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