FEMICIDIO A JUICIO

El loro que fue testigo de martirio y femicidio... y lo contó

¿Puede haber un testigo no humano y usarse en un juicio? Es lo que ocurrirá en las próximas semanas.
sábado, 23 de mayo de 2020 · 17:55

Elizabeth Toledo, una mujer con retraso madurativo, fue asesinada hace dos años. El femicidio se juzgará ahora. Y será un juicio con elementos muy singulares, ya que la acusación incluirá una pericia clave, en el cuerpo de la víctima, que fue la mordida de uno de los criminales. Además, una frase: “Ay, por favor, soltame”. La frase no fue pronunciada por un humano, sino por un loro, mascota de la mujer, que habitaba una jaula en la habitación donde se produjo el femicidio.

Los dos acusados son Miguel Saturnino Rolón (52), alias "Mambo", y Jorge Raúl Álvarez (64), alias "tío Jorge". Serán juzgados por "abuso sexual agravado y homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género (femicidio)". Estas categorías permiten prever que, de encontrarse culpables, se aplique prisión perpetua.

Elizabeth Toledo vivía con estos hombres en su vivienda. La maltrataban, la golpeaban. Nunca hizo una denuncia. Su casa, en San Fernando, fue el escenario de crueles historias que solo comenzaron a trascender con su muerte, y por el más singular testimonio de la historia del crimen universal. El loro, testigo de golpizas frecuentes, en su jaula blanca del comedor de la casa, aprendió esa frase repetida, ese “soltame, no me pegues” casi rutinario. Y lo soltó, cuando ya era tarde, para que lo escuchara un sorprendido policía.

El dato fue incorporado por la fiscal de San Fernando, Bibiana Santella, a la requisitoria de elevación a juicio, a partir del testimonio de un policía. El uniformado, el 30 de diciembre de 2018, estaba custodiando la vivienda del crimen, esperando que llegara la policía científica.

Según declaró en el expediente, escuchó "gritos provenientes del interior de la vivienda, los cuales le llamaron poderosamente la atención", consta en el expediente. Incluso se asustó, porque le habían dicho que en la vivienda solo estaba el cadáver de la víctima.

Así que, tomando coraje, cuidando no estropear la escena del crimen, fijándose dónde ponía los pies y de no tocar nada, el policía se asomó al interior de la habitación donde yacía el cuerpo, y volvió a escuchar gritos agudos. Allí fue cuando advirtió la presencia de un "loro de color verde y tamaño estándar" dentro de una jaula blanca.

El loro volvió a gritar: "¡Ay por favor, soltame, ay no!".

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