NEUQUEN

A 20 años de la muerte de Jaime de Nevares

Llegó a la patagonia en 1961, cuando el papa Juan XXIII lo nombró obispo de la Diócesis del Neuquén, recién creada.
martes, 19 de mayo de 2015 · 06:22

Neuquén.- Don Jaime Francisco de Nevares nació en Buenos Aires el 29 de enero de 1915 y falleció en Neuquén el 19 de mayo de 1995. Llegó a la patagonia en 1961, cuando el papa Juan XXIII lo nombró obispo de la Diócesis del Neuquén, recién creada. Fue padre conciliar en el Concilio Vaticano II.

Su trabajo como pastor de nuestra Iglesia se centró en anunciar con sencillez profunda el anuncio del Evangelio de Jesús, especialmente a las hermanas y los hermanos más alejados físicamente o postergados socialmente, en el ejercicio de la justicia y de la defensa de los derechos humanos y constitucionales.

Decía Don Jaime que "la misión de predicar el Evangelio en el tiempo presente requiere que nos empeñemos en la liberación integral del hombre ya desde ahora, en su existencia terrena.El amor cristiano al prójimo y la justicia no se pueden separar. El amor implica una exigencia absoluta de justicia, es decir, el reconocimiento de la dignidad y los derechos del prójimo”.

"El evangelio no es una leyenda. Tampoco es solamente una historia del pasado. Es una profecía: nos predice lo que está pasando actualmente, lo que pasará siempre en el mundo. Es una revelación viva, actual, que nos manifiesta el verdadero sentido de lo que está pasando a nuestros ojos”, predicaba el primer obispo de Neuquén.

Última bendición de Don Jaime de Nevares
Don Jaime, con su última bendición, nos dejó su valioso testamento diciendo: "Tata Dios nos pide coraje, que no nos achiquemos. Tenemos una doctrina que practicar y que predicar y que vivir. Y si cuando se presenta la oportunidad, cuando hay un riesgo en vivirla en toda su interioridad, y nosotros nos achicamos, entonces hemos perdido la oportunidad y Tata Dios se encuentra defraudado por nuestra falta de fidelidad. Sean santos como Dios espera que los seamos, en la vida cotidiana, nada extraordinario; pero sí lo extraordinario de vivir hasta en sus detalles la doctrina del amor”.


 


 

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