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Domingo 01 de Marzo, Neuquén, Argentina
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Figueroa y sus recuerdos del futuro: ultimátum y certezas

Se concreta una línea de gestión de gobierno que es a la vez plataforma electoral, proyección de modelo, búsqueda de certeza bajo el signo del ultimátum: no hay más tiempo.

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Mientras Rolando Figueroa hablaba en su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias, en la Legislatura de Neuquén, el precio del petróleo subía 10 por ciento, y los analistas pronosticaban que podría llegar a los 100 dólares de cotización. El mundo es un lugar dinámico y extraordinariamente exigente.

Sin mencionar prácticamente nada del contexto internacional y nacional, el gobernador neuquino centró su último mensaje en esta cualidad irreversible.

Dijo, centralmente, que es aquí y ahora. Que lo que no haga esta generación, significaría no aprovechar “la última oportunidad” que da la producción de hidrocarburos. Reivindicó a los neuquinos como artífices de esa oportunidad. Criticó la mirada desde “la punta del obelisco”, que piensa a Vaca Muerta como una lámpara de Aladino, que solo hay que frotar.

Hablar de Vaca Muerta como si fuera algo mágico, es faltar el respeto, dijo Figueroa.

Antes, había enumerado larga y rápidamente (leyó muy rápido, los números eran demasiados) los resultados de sus dos primeros años de gestión. Con enfoque en la “deuda moral” que -dijo- había recibido de los gobiernos anteriores. Con énfasis en que se está superando esa deuda, recomponiendo la consigna, que es, fundamentalmente, “que los neuquinos vivan mejor”.

Mencionó así, que Neuquén pasó del puesto 20 al 3, en eficacia fiscal. Que la pobreza en la provincia se redujo 36 por ciento. Que el desempleo cayó 26 por ciento. Y que el último año se habían radicado en la provincia 21 mil familias, que le aportan 4 mil niños a las escuelas, en un contexto nacional donde pasa al revés: baja la demanda de aulas, porque se reduce la población infantil.

Figueroa habló, centralmente, de los recuerdos del futuro.

Quedó esa sensación de su largo discurso, a partir del momento sustancial, el final, el no leído. Fue cuando habló de lo que venía, de lo que piensa hacer en su gestión, que -evidentemente- descuenta con reelección incluida.

“Nos tenemos que apurar”, dijo. “Si no traemos inversiones, no se generarán oportunidades”, sentenció. Y habló de un plan quinquenal. El plan 2030. Ese es el futuro: muy cerca. De ahí el apuro.

Para ese año, la actual producción de hidrocarburos, según las proyecciones serias, se duplicará. Primero, 150 mil barriles por día. Después, 550 mil. Y GNL, para exportar en barcos hacia el mundo: el 70 por ciento de la producción neuquina se exportará.

El recuerdo del futuro empezó a escribirse, dijo, aunque sin decirlo, Figueroa. Según la curva que diseña su equipo de técnicos, entre 2029 y 2030 la provincia quedará sin deuda. En cero. Allí habrá que decidir qué hacer. Por eso habló del retorno como asociado de las grandes operaciones de Gas y Petróleo del Neuquén (GyP). Porque Neuquén no podrá cobrar impuestos a lo que se va; pero sí podrá participar de esa renta.

Para aumentar la renta, pues, habrá que ser competitivos con los precios internacionales. Se enviará, pues, un proyecto de ley del GNL para concretar ese rumbo, este mismo año, en la Legislatura.

El futuro, dice Figueroa, indica déficit cero, superávit, poder, si se quiere, reducir carga tributaria para los ciudadanos. Mejorar, como dice la consigna, la vida de los neuquinos.

Así, en este discurso neuquino mientras las bombas explotan en Medio Oriente, se concreta una línea de gestión de gobierno que es a la vez plataforma electoral, proyección de modelo, búsqueda de certeza bajo el signo del ultimátum: no hay más tiempo. Es ahora, o nunca.

Esto se verá, muy posiblemente, reafirmado en este año. Al mismo tiempo, se confirmará, o no, hasta dónde llega, y si efectivamente sirve, la visión que dio el gobernador, este domingo 1 de marzo, clavado en un almanaque impiadoso.

 

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