Río Negro volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética nacional con un mensaje directo y cargado de impacto: el gobernador Alberto Weretilneck aseguró que la Provincia será pieza clave en el esquema que busca ampliar la capacidad exportadora argentina de gas natural licuado (GNL). Y lo dijo sin rodeos: “No son promesas, son realidades”.
Con esa frase, el mandatario buscó instalar la idea de que Río Negro no habla de expectativas a futuro, sino de proyectos concretos que ya están en marcha. El dato territorial, insistió, importa en el mapa nacional de inversiones y logística.
Weretilneck fue más allá y apuntó al escenario internacional: “Hoy la Argentina tiene la posibilidad de estar entre los 10 países exportadores de GNL del mundo, y que eso se haga en Río Negro no es un dato menor”. La declaración instala a la provincia como epicentro de una estrategia nacional que busca posicionarse en el comercio exterior con volumen y competitividad.
Pero el mensaje no se limitó a la energía. El gobernador buscó ampliar el encuadre y lo vinculó directamente con la economía cotidiana: “Esto no es solo energía. Es una estrategia integral de desarrollo, con impacto real en la economía y el empleo”. La consigna es clara: el GNL no se presenta como un sector aislado, sino como motor que arrastra producción, trabajo y riqueza.
En ese marco, Weretilneck conectó la agenda energética con el entramado productivo tradicional. “Si a la energía le sumamos la industrialización de la agricultura y la ganadería como creadoras de empleo y riqueza, el modelo se fortalece”, aseguró. Para respaldar su argumento, puso cifras sobre la mesa: 87.000 hectáreas dedicadas a la agricultura, con la horticultura bajo riego como punta de lanza del salto productivo.
El gobernador enumeró cultivos que sostienen la matriz provincial: 24.000 hectáreas de maíz, 27.000 de alfalfa y 7.000 de cebolla. Cada número se conecta con empleo estacional, cadenas de valor y movimiento económico en distintas regiones. El énfasis en el riego aparece como condición indispensable para ampliar escala y estabilizar la producción. “El camino que estamos recorriendo tiene que ver con sumar más hectáreas bajo riego, producir más, industrializar más y generar más trabajo”, concluyó.
La discusión de fondo queda atada a dos planos que se mueven en paralelo: por un lado, la pretensión de llevar al país a un lugar destacado en exportaciones de GNL, con Río Negro como sede de proyectos; por otro, la necesidad de sostener un entramado productivo que traduzca esa agenda en empleo y actividad concreta.