El presidente de la Federación de Productores de Fruta lanzó un diagnóstico que sacudió al Alto Valle: “2025 fue un año de supervivencia, con costos fuera de control y márgenes pulverizados”. La frase, dura y descarnada, resume el drama de un sector que se siente acorralado por la inflación, los insumos dolarizados y la falta de políticas claras, y que apenas logra mantenerse en pie en medio de una tormenta perfecta.
La radiografía del sector es alarmante. Los insumos básicos se encarecieron de manera brutal, la energía y el transporte se volvieron un lujo, y los productores debieron enfrentar una tormenta perfecta: precios internacionales estancados, inflación interna sin freno y una presión impositiva que no da respiro.
“Los márgenes se pulverizaron, muchos apenas pudieron sostener la actividad y otros directamente quedaron en el camino”, reconoció el dirigente, en una entrevista exclusiva con Agrovalle, en un tono que mezcla bronca y resignación. La palabra “supervivencia” se repite como un mantra en cada párrafo de su balance, reflejando la crudeza de un año que dejó cicatrices profundas en la fruticultura del Alto Valle.
El panorama no es solo económico: la falta de políticas claras y de apoyo estatal agrava la crisis. “No podemos seguir así, necesitamos medidas urgentes para que el productor no desaparezca”, advirtió, dejando en claro que el 2026 arranca con más incertidumbres que certezas.
La Federación, que nuclea a cientos de productores, se convirtió en vocera de un sector que siente que ya no tiene margen de error. El mensaje fue contundente: o se toman decisiones de fondo, o la fruticultura regional corre riesgo de colapso.