Michel Rolland, reconocido enólogo francés que adoptó Argentina como su segunda patria, falleció este viernes a los 78 años debido a un infarto fulminante. La noticia fue confirmada por la Bodega Rolland, ubicada en Tunuyán, Mendoza, donde mantenía un viñedo emblemático.
Desde la bodega expresaron: “Michel nos dejó hoy a causa de un infarto fulminante. Aún estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje. Puede ser que su corazón se vio abrumado por esa vida ajetreada que tanto amaba, por sus 55 años de arduo trabajo, sus viajes a todas la latitudes del mundo, su lado pasional y su vida de bon vivant”.
La bodega también destacó la pasión de Rolland por la vida y su entusiasmo: “Amaba la vida, vivió varias con mucho entusiasmo. Amaba y se entusiasmaba por tantas cosas que compartía con el prójimo y su familia: cacería, golf, gastronomía, degustaciones, viajes y correr por el mundo. Qué vida magnífica vivió, como una aventura. Extrañaremos su entusiasmo y energía contagiosa, como su amor y su generosidad”.
Por su parte, Dany Rolland, esposa del enólogo, confirmó la noticia a sus amigos más cercanos: “Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia!”.
Rolland y su pasión por Argentina
Michel Rolland eligió Argentina como su segundo hogar hace casi cuatro décadas. Proveniente de una familia con tradición vitivinícola en Pomerol, Francia, aprendió desde joven los secretos del vino de su padre, abuelo y bisabuelo. Su formación como enólogo la completó en Burdeos, fortaleciendo el legado familiar.
Rolland se destacó como uno de los flying winemakers más influyentes a nivel global, trabajando simultáneamente en bodegas de distintos países como China, India, Marruecos y Portugal. Su llegada a Argentina se dio en 1988, cuando fue convocado por el bodeguero Arnaldo Etchart para asesorar en Cafayate, Salta.
Juntos elaboraron el primer vino premium reconocido en el país, y años después consolidaron una amistad y sociedad que llevó a la inauguración en 1999 de la bodega Yacochuya. Poco después, Rolland buscó un lugar ideal para su proyecto personal y encontró en el Valle de Uco, Mendoza, el terruño perfecto.
En 1999 fundó Clos de los Siete, un proyecto que marcó un antes y un después en la vitivinicultura argentina y que refleja su pasión y dedicación por el vino.