Por Mime Mascaró
A través de una convocatoria por redes, recopilamos recuerdos y anécdotas para la construcción de este humilde Inventario de Cucos y Miedos de la Región del Alto Valle.
En la parte 1 de este informe, describimos las primeras categorías de cuco: el Cuco útil y el Cuco adaptación libre de cucos universales.
En esta 2da entrega del inventario, nos adentramos en otras historias de este personaje clave en el imaginario colectivo de los miedos.
Tipología:
3- Cuco NyC (Nacido y Criado)
La tercera categoría de cuco es la -en apariencia- más sencilla, pero en esencia más terrorífica.
La posibilidad de que el cuco viva entre nosotros, junto a nosotros, que sea uno de nosotros, es la quintaescencia de un cuco. Su máximo poder radica en su cotidianidad, en su proximidad y muchos de los testimonios recibidos tenían como destino de su pánico a personas de su mundo cercano.
Vecinos, maestros, (muchos profesores de matemática), vendedores, y hasta inclusive madres en un mal día de make up:
-Ma, ¿tuve algo que me daba miedo de chica?, le pregunta Nani a su mamá.
– Las jeringas, responde la madre.
– Algún cuco ma…
- Yo cuando me pintaba las cejas.
(Diálogo entre madre e hija, con motivo de esta nota. Material aportado por Nani, la hija).
Y de ese tenor, otros muchos tantos. De muestra, valga el siguiente recuerdo contado por Carolina Ortega; Neuquén,Capital .(Por respeto a la memoria de las personas reales involucradas mantenemos sus nombres en el anonimato):
“Nosotros íbamos a una profe particular. Era gigante y siempre con ruleros. Me daba pánico. Ella gritaba mucho. La casa era la casa embrujada. Toda envuelta en enredaderas. Iba mucha gente de Neuquén a esa profe. Ella ya murió. El marido era divino. Nos hacía tostadas. Me daba la tostada y al oído me decía `no es tan mala´”.
4- Cuco AC/DC (Antes del Cuco, Después del Cuco)
Hay una clase de cuco con la que no se jode. Una clase a la que la palabra cuco le queda ajustada. Esa clase de historia en la que todo es antes y después de esa historia. Y la región del Alto Valle tiene muchas de esas.
Testimonios recibidos afirman que la leyenda del Tetué habla de cabezas voladoras que son confundidas con aves negras al ser vistas a la distancia. En realidad serian los rostros voladores de brujos.
La Chascona en Plaza Huincul (una mujer de pelo revuelto y mirada perdida que deambulaba por el campo de deportes de la ciudad), el Tetué en toda la región patagónica (“La historia del Tetúe sí que daba miedo. Si decías 3 veces su nombre frente a un espejo se te aparecía el pájaro negro. Es una leyenda mapuche, le tienen mucho miedo acá” -testimonio de una lectora-). Encuestados todos los participantes de esta investigación, sólo el 16% se animó alguna vez en su vida a decir 3 veces Tetué frente a un espejo; y las brujas de Cinco Saltos; son sólo algunas de estas entidades que se caen de la categoría de cucos configurando otra cosa, ocupando otro lugar dentro del patrimonio folclórico de los temores más profundos del Alto Valle.
“Yo tengo una experiencia, pero no es un cuco, son las brujas del Bajo Negro de Cinco Saltos, salí a buscarlas y las vi “. Nos cuenta la estudiante Viky Prado. Y no podemos evitar seguir oyendo:
Soy de Cinco Saltos, y siempre se contó que hay muchas brujas ahí. Es más, mi papá nos contaba que a nivel mundial es uno de los lugares donde más brujas hay. Entonces, a los 12-13 años con unos amigos averiguamos, que en el Bajo Negro, -se le dice así porque es un lugar que es muy profundo, como un hueco detrás de las bardas, a donde no llega el sol- ; dicen que en ese lugar se juntan todas las brujas a hacer sus brujerías cierto día, a cierta hora, y cuando hay luna llena. Entonces aquel día, un viernes 13, justo cuando había luna llena, quisimos ir. Para llegar a ese lugar teníamos que pasar por unas chacras, por un bosquecito, por el canal grande -el canal principal de Cinco Saltos -, y caminar hasta llegar a las bardas, hasta la cruz de Indupa. Ahí hay unas bardas bien grandes y una cruz grande blanca. Fuimos para probar si podíamos ver a las brujas. Cuando llegamos vimos una luna que era luna llena, que nunca en mi vida había visto una luna tan grande. Era tan grande, y justo estaba flotando detrás de la cruz. Parecía que si estirabas la mano podías tocarla. Cuando estábamos mirando, vimos una mujer de blanco que estaba arriba, mirándonos, supusimos que era una bruja. En vez de asustarnos fuimos a buscarla. Escalamos rapidísimo hasta llegar a la punta. Y cuando llegamos, ahí no había nadie. La cima es plana y estaba todo iluminado por la luna. Yo por hacerme la pícara grité, y resulta que grité de una manera tan terrorífica que hasta yo me asusté, y empezamos a correr hacia abajo. Para bajar mas rápido había un arenal y lo bajamos entre corriendo y cayendo. Cuando paramos de rodar, corrimos hasta mi casa, sin parar y sin mirar hacia atrás. Desde ese día y por 15 años, no volví nunca más a ese lugar. Además, un tiempo antes, en ese mismo lugar habíamos ido con mi papá, y en el altar de un santito salió una polilla, yo intentaba pegarle con mi mano y era imposible, era como que traspasaba mi mano. Después la polilla sale volando, se mete en un matorral cercano y del matorral sale una culebra. Con el tiempo el recuerdo de eso y del día de la bruja se me fueron mezclando y haciendo un solo gran recuerdo, así que no quise ir nunca más a ese lugar. Hasta hace un par de años.
Disculpe las molestias, lo estamos asustando por Ud.
Hasta aquí y por ahora, llega nuestro inventario colectivo de Cucos y Miedos del Alto Valle. Un catálogo movilizado por el deseo de escarbar en los fantasmas del pasado y de repensarlos juntos. Que tal vez, acaso, no eran tan malos. Que tal vez, acaso, solamente buscaban contarnos una historia. Inmortalizar un amor. Protegernos de un peligro. Asegurarnos un buen descanso.Y nos descubrimos inundados de una hermosa sensación de infancia vivida, una infancia gloriosamente habitada por bardas, veredas, copas de árboles, helados, vientos y cucos entrañables.
Comenzamos este informe pensando en cucos y lo terminamos celebrando la niñez. Una bondad más de los cucos del Alto Valle.