Nido Blando

Una artista visual 

“Cuando veo todo el cuerpo de obra, veo que todo tiene que ver con el registro de las experiencias que son bisagra en mi vida”, nos dijo Lucía Bonato, Enriqueta GZ en IG. Esas vivencias dan forma a algunas obras que les compartimos en la nota.
viernes, 6 de diciembre de 2019 · 11:20

Lucía Bonato, Enriqueta GZ en IG, se formó como artista visual en una familia con mirada fotográfica, renegó de esa génesis hasta que la vida la puso frente a situaciones límite. 

Frente a esas experiencias, el arte le permitió contarse, sacar afuera las sensaciones, compartirnos su mirada patagónica y dejarnos sin aliento  por un buen rato. 


¿Cómo es tu camino en la fotografía?
Yo soy hija de cineastas; mi viejo es director de fotografía y camarógrafo; y mi vieja es asistente de dirección, directora y docente. Fue algo que tuve de muy de chiquita en casa pero, como renegué contra eso, hice una formación en artes visuales plásticas, después hice cine, clínicas de arte contemporáneo y me reencontré con la fotografía en una residencia que hice en Chile hace tres o cuatro años. Llegué justo después de un incendio que había destruido una buena parte del territorio. Llegué  a la fundación donde iba a hacer la residencia en un estado de emergencia y yo boyé por ahí con la cámara de fotos, que era la herramientas más cercana que tenía para laburar. Así me reencontré con la fotografía, que siempre la había negado un poco.

 

Y fue hace poco tiempo…
Si, aunque nunca deje de sacar fotos, siempre tuve buenas cámaras a mano. cuando tenía que formalizar el estudio iba por otro lado.

¿Cómo contás tu trabajo?
Mi primer laburo grande que considero fundacional en mi corta trayectoria, lo llamo la “presencia protectora”. Es un proyecto que yo selecciono a personas por convocatoria abierta a través de una entrevista para diseñarles un símbolo protector y un amigo tatuador se los tatúa. Es un proyecto relacional con el cual arranqué fuerte con una edición en San Martín de los Andes, en Junín de los Andes y en Buenos Aires. De ahí salió la residencia en Chile y mi reencuentro con la fotografía y armo el álbum de viaje con esa experiencia.

Después, en marzo de 2018,  a mi vieja le diagnosticaron un cáncer bastante heavy y una vez más, en una situación de emergencia, empecé a sacar fotos. Cuando estaba en terapia intensiva, en horas de espera, empecé a sacar fotos detalle con el celular y las empecé a subir a Instagram, que me resulta una plataforma muy amena. Entonces, empecé a tomarlo como un registro, como un diario de lo que significa pasar por esta experiencia; se llama “Cuando todo se detiene”. Este año, en mayo, hice una muestra con este trabajo en San Martín de los Andes.

 

¿Cómo te definís?
Por lo general, digo que soy artista visual. Creo que tiendo a hacer un registro de experiencias. A raíz de “Cuando todo se detiene”, empiezo a indagar el universo de las redes y ahí comiendo el proyecto de erótica por celular, proyecto que presento en “Fuego en la Torre”. Yo lo que hago es dibujar arriba de conversaciones eróticas por texto. Cuando veo todo el cuerpo de obra, veo que todo tiene que ver con el registro de las experiencias que son bisagra en mi vida.    

 

 

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