Nido de la tierra

Con el fuego en las venas

Hoy les vamos a contar la maravillosa historia que llevó a Juliana Garcia Bello y Carla Andrea a preguntarse “¿por qué no?” y así movilizar un hecho cultural que honra a las raíces y la moda.
martes, 12 de marzo de 2019 · 23:59

Por Carla Barbuto

Vivir en la Patagonia tiene un halo de magia singular. Hay quienes creen que es por el clima rabioso de vientos furibundos; o por la geografía bipolar de exuberancias y escaseces; también hay quienes apuestan al embrujo de cielos propios del fin del mundo.
Vivir en la Patagonia tiene un halo de magia singular. Y nosotros estamos entre quienes creen que la magia nace en su gente.

Un desfile singular 
Hoy les vamos a contar la maravillosa historia que llevó a Juliana Garcia Bello y Carla Andrea a preguntarse “¿por qué no?” y así movilizar un hecho cultural que honra a las raíces y moda. Se trata de un desfile que pone el cuerpo, un desfile no convencional que se llevará a cabo el 23 de marzo en la capital fueguina.
“Soy bastante soñadora y nunca había pensado en generar un desfile en Rio Grande. Me parecía muy lejano y un día me dije: ´hay que hacerlo´. Rápidamente busqué una aliada y encontré a Carla (Andrea) con quien tenemos muchos puntos en común. Nos dijimos: ´Hagamos un desfile en Río Grande´”, nos cuenta Juliana como quien confía un secreto.
Y así fue cómo las dos diseñadoras fueguinas se pusieron en marcha y, el 23 de marzo, se llevará a cabo un desfile fuera de la norma en “La oveja negra” (la Sociedad Rural Fueguina). “Desde diciembre pensamos en un desfile más performático, con una puesta en escena un poco más grande y con el concepto de nuestras colecciones. Los modelos son gente de Río Grande sin un cánon de belleza tan establecido, hay distintos tipos de cuerpos, personalidades, alturas, rasgos faciales”, explica Juliana.
Modelos excluidos de la pasarela habitual, fotógrafos y productores locales y la cestería Selknam de Margarita Maldonado -artesana y referente de cultura Selknam- son algunos de los ingredientes de este maravilloso hecho cultural.

 

El diseño fueguino es fuego
Juliana nos cuenta los detalles y sentimos que la belleza de esta movida tiene su génesis en el amor y la honra a las raíces. “Tanto para Carla como para mi, Tierra del Fuego es nuestro universo poético” nos dice.
“Poner nuestras prendas en nuestro lugar de origen es como volverlas al sentido, es ubicarlas en su lugar de nacimiento. Es volver al concepto y regalar de alguna manera a nuestra ciudad todo lo que nos da en generación de ideas, en inspiración”, asegura Juliana.

Pasarela 743
“Mi colección es un código. Cuando la comunico vía oral, la llamo 743, que es el código único de identificación ganadera correspondiente a la estancia de la escuela agrotécnica salesiana de Río Grande, que es donde realicé mis estudios secundarios”, comienza contándonos Carla.
Nos comparte la importancia de la misión salesiana en la conformación de Río Grande, de los pecados de la evangelización y luego nos dice: “Mi colección habla de mi paso por la escuela agrotécnica de Río Grande. Siempre hablo de la ciudad, desde la parte emocional, de la historia de mi vida”.
Carla nos cuenta que aprendió mucho de ganadería -”desde el arreo, la construcción de cercas, vallados para contención, la esquila o la inseminación artificial”- y nos dice que intenta contar en la pasarela poéticamente cómo el calendario académico se basaba en la esquila, la yerra, la señalada, las recorridas luego de la inseminación artificial… “Estos ítems determinaban nuestra cursada. Y, en el medio de estas prácticas, el rostro helado, los pies llenos de barro, las manos duras… Todo era parte de mi uniforme diario. Busqué rememorar eso”, nos dice con tono pausado y de pronto nos sentimos en una mañana gris caminando por la gélida estepa fueguina.
Esa historia obviamente se ve reflejada en sus diseños. “La bombacha de campo y la superposición de piezas de indumentaria reciclada sin importar ninguna distinción de género como para proteger la piel a la intemperie. Rescatar esa estética donde la importancia era la comodidad física para la labor diaria”, comenta Carla.

Pasarela Encomienda
“Mi colección habla de mi relación por encomienda con mi abuela. Ella es de La Plata  y yo de Tierra del Fuego. Para los fueguinos es muy común tener familiares a distancia con los cuales, en los ´90, nos relacionábamos por encomienda”, nos dice Juliana y de pronto nos traslada a su infancia fueguina.
La diseñadora nos habla de su abuela, de los obsequios contenidos en cada encomienda y de prendas hechas con telas reutilizadas. Mientras nos imaginamos a la niña abriendo la caja enviada por la abuela, ella nos repite que la “colección habla de mi relación por encomienda con mi abuela”.
“Además de tener materia prima de descarte, también habla de la identidad nacional, de las siluetas oversize que se adaptan a diferentes tipos de cuerpos. Siempre hago foco en eso porque mido 1.50 y algo, y generalmente soy excluida de muchas marcas del sistema de la moda y para mi es muy importante que mis productos se adapten a diferentes siluetas, que no tengan género”, asegura Juliana como quien transparenta un verdadero manifiesto.

Poner el cuerpo
“Tal vez en ese momento no lo veía, pero estar a las 7 de la mañana en el campo en el invierno y a veces con nevada, que los animales también la sufren y hay que ir a buscarlos y traerlos, es poner el cuerpo”, asegura Carla y la frase nos saca del ensueño de los pasillos de la escuela agrotécnica en un sólo movimiento.
“Poner el cuerpo en la Patagonia me terminó de imprimir cierta fortaleza, me enseñó algo más sobre el esfuerzo del trabajo diario. Todo lo más artesanal, relacionado al vivero o la tejeduría, el hacer más pequeño desarrolló en mí una perseverancia que desembocó en lo que hago hoy. Más allá de la indumentaria, me refiero al amor por el oficio”, nos cuenta Carla y nosotros sentimos admiración.
 

La Patagonia es magia. La de quienes ponen el cuerpo para proteger a los animales, la de quienes esperan con ilusión una encomienda armada con amor de abuela, la de quienes nos maravillamos con los patagónicos que se preguntan “¿por qué no?”.

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