Nido Blando

¿Quién es Ilay Kurelovic?

A este neuquino, el destino lo quiso dandy y él se dejó llevar hasta las grandes ligas de la moda del mundo.
lunes, 13 de abril de 2020 · 22:07

De camiseta y alpargatas, más padre que modelo, mientras se toma unos mates nos dedica un rato para contarnos cómo es que un chico sencillo de Neuquén termina poniéndole rostro a marcas como Lancôme, Christian Dior o Jean Paul Gaultier.

EL DANDY

Nació en Neuquén. Vivió en Catriel (Río Negro) y en Punta Alta (Provincia de Buenos Aires). A los 14 volvió a Neuquén donde terminó la escuela en el Colegio Don Bosco, y luego partió hacia Buenos Aires donde estudió derecho, publicidad y dirección de arte. Su vida avanzaba tal como lo planeó, hasta que a los 26 años viajó a NYC para tener la "experiencia de salir del país". El primer día en suelo neoyorquino, y sin que lo notara, le hicieron un scouting por la calle, que le abrió las puertas del mundo.

 

“Estaba sentado en una cafetería, una mujer se acercó y me preguntó si era modelo. Yo venía de pasar unos días en Florida, donde trabajaba haciendo sandwiches para turistas. Estaba muy bronceado, el pelo largo, y tenía puesto un gamulán de mi papá. Supongo que le llamé la atención, parecía un indio que había bajado de las Rocallosas (risas). Ella me contó que era asistente de Mario Testino. Yo no tenía ni idea de moda, pero Testino me sonaba. Había leído un artículo de él porque le había sacado fotos a la hija de Madonna. Era un top con muchos contactos en la industria del fashion de Nueva York. Y bueno, al otro día de esto me llamaron porque la primera agencia que fueron a ver quería conocerme. Así empecé”, relata Ilay.

Luego, con este antecedente, y con la visa vencida, Ilay volvió al país y se fue directo a ver a Ricardo Piñeiro, uno de los representantes de modelos más destacados del país. “Trabajé un par de meses con Ricardo y salió lo del dandy”, recuerda. Y ahí llegaron los 5 minutos de fama, según él mismo menciona.

Cinzano Dandy fue una campaña publicitaria de 2001, producida por la agencia Craverolanis, en la que Ilay interpretaba a un un tipo muy elegante, con mundo y mucha cintura para pasarla bien. 

 

¿Por qué creés que te vio esa mujer en ese café de Nueva York?

No tengo idea. Son las cosas del azar. Yo creo que en la vida uno cree que toma decisiones pero en realidad simplemente hay energía que cuando la movés, empiezan a pasar cosas. De hecho, las cosas que quería que me pasaran en mi vida, no me pasaron. Los últimos 15 años de mi vida fueron fruto del azar. Cuando estaba en Florida, me acuerdo que le dije a mi amigo ´me tengo que ir mañana´. Es como que sabía que tenía que irme, como si hubiera sentido que a las cinco de la tarde del día siguiente tenía que estar en ese bar porque me iba a cambiar la vida.

 

JUGAR EN PRIMERA

Un Dandy no puede menos que jugar en primera. ¿Cómo diste el salto a las ligas mayores del fashion, poniéndole rostro a relojes de alta gama, perfumes, ropa de alta costura para marcas de la talla de Gaultier, Dior o Lancôme?

Después del Dandy me fui a París. Ahí empecé a dedicarme seriamente al modelaje y desde el principio me fue muy bien. Empecé a trabajar y a hacer cosas, a viajar a todos lados.

¿Cuáles de esos trabajos disfrutaste más?

Creo que el primero fue Gaultier, porque además de que es muy importante en Francia, fue la primera campaña mundial que hice. Luego, disfruté muchos trabajos que me dieron la oportunidad de trabajar con gente a la que yo admiraba o conocer lugares. Hice una campaña para Timberland en Islandia; una para Marlboro que duró un mes y fuimos a Tokio, a Los Ángeles. Al final terminé viviendo una vida espléndida, trabajando con gente de primer nivel y encima me pagaban.

 

Hiciste una campaña de perfumes en la que interpretaste a un boxeador que enamoraba a Penélope Cruz. ¿Cómo estuvo eso? 

Lo hicimos en Nueva York y fue importante, sobre todo, por trabajar con la gente que lo hizo. Lo filmó un tipo que se llama Rob Marshall que es el director de “Chicago”. Muy groso. Y Penélope era la cara del perfume. Fue un flipe porque la trama era como de una historia de amor y Penélope estaba embarazada de su segunda hija, ya estaba con un poco de tripita. Entonces era raro porque, supuestamente, la tenía que enamorar pero cuando la abrazaba, abrazaba a una mujer con panza, a una mamá (risas). Pero ella fue un encanto. Es una diva de Hollywood pero muy cercana.

Campaña de Trésor de Lancôme. Año 2013. Rodaje junto a Penélope Cruz. Ilay, el boxeador.

 

Lancôme, Penélope, un director de teatro y cine multipremiado. ¡Eso es jugar en primera!

Sí. De hecho, lo que más me gustó fue el contacto con Marshall. Yo no sabía mucho de qué iba la campaña y terminamos construyendo un personaje, este boxeador que tenía una dosis bastante alta de interpretación. Y el primer día, cuando terminamos de filmar, viene el tipo y me dice que cree que yo debería ser actor. Yo le agradecí pero nada más. Al segundo día me dijo: “Te lo estoy diciendo en serio” y me puso en contacto con su agencia de representación de actores de Los Ángeles, súper grosa. Y el segundo día, cuando llega Penélope, viene con su representante que se llama Katrina Bayonas. Y claro, escucha que Marshall está hablando muy bien de mí, entonces me ficha. A partir de ahí empecé a tomar clases, me formé durante tres años haciendo cursos en Madrid y Londres. Y luego, empecé en la actuación.

 

Casi sin querer, nuevamente, estabas en el lugar indicado, en el momento justo. Y así también llegó la actuación. ¿Cómo fue entrar en ese mundo, también de la imagen, pero desde otro lugar?  

Cuando me puse a estudiar me di cuenta que es un oficio que tiene gran complejidad pero que, por lejos, es mucho más atractivo que el modeleo (como dicen en España) donde yo tenía mucho de acting pero podés, tranquilamente, trabajar si tenerlo: ponés cara uno, cara dos, y no salís de ahí, e igual vas a lograr una imagen que al cliente le va a servir. Pero todo, una vez más, me fue llevando a la actuación que me gusta mucho.

¿Qué te gusta de la diaria de la actuación?

Me gusta el trabajo previo antes del primer día, construir cómo es este tipo, llevarlo a tu vida para ver qué cuestiones de tu personalidad vas a resaltar. Y luego, me gusta mucho el trabajo con el director. 

Foto: “Tenemos que hablar” es una comedia de enredo española, dirigida por David Serrano. Es la historia de un triángulo amoroso donde Ilay interpreta al novio de Michelle Jenner (la protagonista). En 2014, filmó episodios para una serie de Estados Unidos llamada “Black Sails”. En 2016 dio el salto al cine español con su participación en la comedia de “Tenemos que hablar”. En 2018 interpretó a un militar “La noche de 12 años” basada en una trágica historia real y fue parte del elenco de “Cuéntame cómo pasó”, la serie más longeva de la televisión española.

 

SER DEL SUR

Ilay estuvo de paso por Neuquén en diciembre. Hacía muchos años que no volvía. Esta vez vino para que sus hijos conozcan el sur y aprovechar a pasar las fiestas con tíos y primos en Cipolletti. “Cuando me dicen si soy argentino, siempre aclaro que soy de la Patagonia. Yo siento que soy del sur”, dice y reflexiona que es bueno esto de pensar la identidad. 

“Barcelona es el sitio donde más he vivido. He formado mi nido ahí. Pero cuando me preguntan sobre mis raíces, yo sigo siendo el pibe de Neuquén que iba a tomar mate al río Limay y que quería colarse en el Club Santafecino. Claro, ahora puedo pagar la entrada, pero no me olvido que antes tenía que saltar el alambrado porque quería estar con mis amigos”.

 

Acerca de los recuerdos de esa infancia en el sur, cuenta: “vivíamos en el alto pero recuerdo mucho el río (Limay), las chacras, estar jugando entre manzanas y peras, andar a caballo; o los picaditos en la plaza hasta que venía el guardia y te sacaba corriendo; ir al cole en bicicleta, conocer a todo tu pueblo por su nombre de pila. Hay olores que se vinieron conmigo, los duraznos en almíbar que envasaba mi vieja para el invierno, Eso, sumado a una biblioteca. Estar en el culo del mundo pero haber leído a Chéjov, eso es lo que a los europeos les llama la atención. Esa sencillez del interior mezclada con cultura”.   

MODO PAPÁ

Cuando no está trabajando o de viaje, Ilay está full time con sus dos hijos. “Ser padre es mi actividad principal”, asegura con el pecho lleno de orgullo. Familiero y hogareño, se ocupa de la casa mientras su mujer trabaja y planea su próximo movimiento que es ir una temporada a Londres donde se realizan muchos castings de actores.   

Si tuviera que imaginar una vida en Argentina, se anima a fantasear que sería en una cabañita en la cordillera donde, aprovechando que aprendió varios idiomas viajando, llevaría a turistas a conocer los lugares a los que él iba de chico, como el lago Huechulaufquen o Villa Traful.

 

Y, antes de despedirlo, le hicimos la última pregunta.

“Guapo a rabiar” dicen algunas portadas con tu imagen. ¿De dónde viene la facha?

(Risas) Bueno, no quiero caer en el lugar común de decir que viene de adentro. Creo que viene de papá. Él es un tipo muy atractivo. De todos modos, hasta que no me pararon en Nueva York, yo no sabía que tenía facha. Nunca me lo habían dicho. De hecho, si no me hubiera ido, no creo que hubiera sido modelo. Creo que tengo una impronta muy argentina, que tiene una autenticidad y un color local que es un poco raro, porque hay genética y pero también hay que ponerle, como dicen los españoles, “morro” a la vida. Esta especie de caraduréz argentina acaba siendo muy atractiva para las revistas. Y cuando actúo, hay una cosa de “ciudadano del mundo” que lo puedes usar. Y de eso se trata cuando digo “llevarte el sitio de donde sos, con vos”. Eso te da singularidad, una forma particular de estar en el mundo”.

Ilay asegura que sigue siendo un tipo sencillo, que conserva los valores de haberse criado en una pequeña comunidad, con fuertes lazos familiares y de amistad. Antes de despedirse, el Bardem moderno, como lo llaman algunas revistas españolas, repasa: “Lo mío no estaba en ningún plan. Pero está siendo una bonita experiencia de vida. Me gustó hacer memoria. Gracias”, concluye. 

 

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