Adopción responsable

La abandonaron en un yacimiento con cachorros y quebrada

Es la historia de Martina, una perra raza galgo que desde hace dos años y medio espera por una familia. Un rescate que hasta el momento no llegó al corazón de nadie y sigue esperando por una casa definitiva.
jueves, 9 de enero de 2020 · 14:31

En julio de 2017 dos rescatistas de Cipolletti recibieron un mensaje por facebook con la pregunta que muchos hacen por desconocer el mundo de los "proteccionistas y rescatistas". La consulta era si tenían lugar para una perra galgo y nueve cachorros que estaban en un yacimiento cercano a Senillosa, comían cuando algunos empleados le llevaban alimento, pero "los jefes" no los querían allí.

En una camioneta de la firma de servicios petroleros, dos operarios la dejaron a ella, flaca, temblorosa con sus tetas deformadas de amamantar y con un pelaje que al tacto se sentía como paja. Sus cachorros, ya podían comer por sus propios medios pero lo único que tenían eran las tetas de una madre hambrienta que ya no podía llenarles la panza.

Bajaron los diez perros directo a un control en la veterinaria, estaban llenos de pulgas y piojos, si, piojos. Desnutridos, llenos de parásitos. Su mamá tenía una pata quebrada ya soldada. ”Quién sabe lo que habrá sufrido allá, en el medio de  un campo en pleno invierno” dicen quienes hoy cuidan de ella.

Con promesas truncas de que algunos de esos empleados adoptarían algún que otro cachorro, Funpabia Cipolletti recibió a los perritos en un canil. Mientras que su mamá fue a parar a un patio transitorio junto a otros perros más. Sus compañeros ya tienen hogar, aquellos cachorros que hoy ya son adultos también disfrutan de sus familias, pero Martina, así la bautizaron, todavía sigue esperando.

Martina pasa sus días en un patio con nuevos compañeros perros, tiene una cucha, tiene agua y alimento, pero apenas tiene unos minutos de contacto con gente durante el día. Tres personas se turnan los siete días de la semana para limpiar y alimentarlos a todos. Martina busca mimos y los tiene, pero solo un rato.

Su pata “rara” no le impide caminar ni correr. No necesita amputación, sería tal vez más por una cuestión estética dijo la médica veterinaria. Es tranquila, una perra joven que ya está castrada y que es una compañera ideal para niños, ya que le gusta estar en contacto con ellos.

El tiempo pasa, y Martina sigue esperando una familia. Su estadía en el patio se está terminando y lejos de ir a un hogar ingresará a un canil. No va a estar mal pero no es el objetivo de un rescate. Cuando se “levanta” un perro, cuando se los saca de la calle, o en este caso cuando se rescata de un campo es para cambiar el destino del animal y encontrar un hogar para siempre. Esperamos que la historia de Martina llegue al corazón de muchos y encuentre por fin su lugar.

 

 

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