La escena se repite con una frecuencia inquietante. Un jugador cae, se toma la rodilla, pide el cambio y el silencio invade la cancha. Horas después, el parte médico confirma el peor diagnóstico: rotura de ligamento cruzado anterior. Esta vez fue el turno de Valentín Carboni, cuya lesión sacudió a Racing Club y volvió a poner el foco en una estadística que ya preocupa a todo el fútbol argentino.
Pero el caso del mediocampista no es aislado. En lo que va de la temporada 2026, la lista de futbolistas con la misma lesión no deja de crecer. Desde fines de diciembre hasta hoy, al menos diez jugadores confirmaron la rotura de ligamentos cruzados en distintas categorías del fútbol nacional.
En Estudiantes de Río Cuarto, la enfermería está desbordada: Lucas González, Matías Ruiz Díaz y Valentín Fenoglio padecieron la misma lesión en pocas semanas.
En Central Córdoba, Fernando Juárez también fue diagnosticado con rotura del ligamento cruzado anterior.
El golpe también alcanzó a River Plate, que perdió a Juan Carlos Portillo tras el encuentro ante Argentinos Juniors.
En Vélez Sarsfield, el juvenil Jano Gordon sufrió la misma lesión en un entrenamiento.
La nómina continúa en Córdoba: Belgrano confirmó la baja de Gastón Martínez, mientras que Instituto informó la lesión de Manuel Romero. En Tigre, el juvenil Simón Rivero también quedó al margen tras romperse los cruzados en un amistoso.
Los números estremecen: en apenas 66 días, se registró una rotura de ligamentos cada seis jornadas. Una frecuencia inusual que abre interrogantes inevitables. ¿Exceso de competencia? ¿Pretemporadas más cortas? ¿Campos de juego en mal estado? ¿Sobrecarga física acumulada?
Mientras el debate médico y dirigencial sigue abierto, la realidad es contundente: cada caso implica entre seis y diez meses de recuperación, cirugías, rehabilitación y un proceso psicológico complejo para futbolistas que ven frenada su carrera de golpe.