En la rueda de prensa previa al inicio del Argentina Open, Luciano Darderi -quién jugará este domingo la final del Argentina Open 2026 ante Francisco Cerúndolo- destacó que realizó la pretemporada sobre cemento por segunda vez en su carrera y afirmó que su objetivo es cerrar el calendario entre los diez mejores del mundo.
Distendido, entre tantas certezas, planteó una duda: “Quizás, si no me hubiese ido a Italia cuando tenía 10 u 11 años, hoy no tendría mi ranking”. El oriundo de Villa Gesell, de 24 años y número 22 de la clasificación, juega bajo el cobijo de la bandera de la Azzurra: la emperatriz del tenis.
Las raquetas -efímera actualidad- parlan italiano. Su escuela rejuveneció y le deja poco al resto: es bicampeona de la Billie Jean King Cup y tricampeona de la Copa Davis (solo la había ganado en 1976). En la última final por la "Ensaladera de Plata", disputada en Bolonia, los locales prescindieron de Jannik Sinner, ganador de cuatro de los últimos nueve Grand Slams. El ídolo potencia, pero no genera dependencia. Detrás, hay otros siete jugadores dentro del Top 100 y estadísticas en crecimiento: entre 2016 y 2025, los tanos acumularon 31 campeonatos, 23 más que la década previa, en la que -al igual que en casi toda su historia- estuvo lejos de la gloria. Filippo Volandri, capitán del equipo masculino, resumió el renacimiento: “Jannik es hijo de un sistema que funciona. Claramente vivimos una edad de oro”.
Angelo Binaghi, ingeniero industrial, tenista que alcanzó en 1982 la decimosexta plaza del escalafón de su país, se convirtió en el presidente de la Federación Italiana de Tenis y Pádel en 2001. “Cuando tomó su cargo, la institución estaba prácticamente quebrada; no tenían plata ni para hacer torneos. Poquito a poquito, con planificación, fue contagiando a distintos sectores y aumentando el financiamiento hasta convertirse en la federación mejor administrada”, recordó Eduardo Infantino en La Nación.
Infantino, guía pasajero de las carreras de Juan Martín del Potro y Gabriela Sabatini, fue director del Centro de Preparación Olímpica de Tirrenia, provincia de Pisa, corazón que impulsó el resurgir tano. En su charla con Sebastián Torok, continuó: “Venían, desde distintas partes del país, Lorenzo Musetti, Matteo Berrettini y Sinner. Nosotros controlábamos los calendarios y qué ejercicios hacían. Trabajamos en conjunto con los profesores privados”.
Tras declarar a Tirrenia capital del tenis, el siguiente paso apuntó a compartir las posibilidades. Binaghi aplicó un plan federal. “Cada departamento tiene su entrenador y su cuerpo técnico, que se ocupan de los niños de 8 a 16 años -explica Michelangelo Dell’Edera, director del Instituto de Formación Superior Roberto Lombardi-. La descentralización es poner nuestras competencias a disposición de los jóvenes; ir hacia ellos, no sacarles de sus familias ni de sus vidas”.
La ambición de Binaghi fue más allá: enfocó todo su esfuerzo para evitar derrochar talento y salió a buscarlo al mundo. En Argentina, contrató a Franco Squillari, semifinalista de Roland Garros 2000, para moldear a jóvenes con chances de obtener la ciudadanía. El mandamás visitó tres veces Buenos Aires, observó el entrenamiento de Francisco y Juan Manuel Cerúndolo en el Club Ciudad y se llevó lo que le gustó. Así desenterró uno de sus tesoros: los Darderi, Luciano y Vito, su hermano de 18 años.
El nacido en Villa Gesell, provincia de Buenos Aires, destacó que la competencia europea fue una “ayuda muy grande” para su desarrollo tenístico: “Cuando tenía 10 u 11 años, siempre jugaba contra las mismas dos o tres personas. En Europa, en cada torneo, se enfrentan caras distintas. Eso cuenta”.
La gestión Binaghi cimentó su éxito con una premisa: muchos torneos a muy bajo costo. Ahora, los sudamericanos cruzan océanos en avión, mientras quelos italianos se trasladan en tren. Para la temporada 2026, aún en planificación, La Bota tiene confirmados 11 Challengers (Argentina, cinco) y 36 Futures (6).
Este domingo, un argentino, jugará por Italia la final del Argentina Open, ante un argentino, por esa cuestiones que a vece son complicadas de entender en un país tan complejo como el nuestro, donde el tenis y los que buscan mejores condiciones, no son la excepción.