El Rally Dakar volvió a recordar por qué es la competencia más extrema del automovilismo mundial. En la quinta etapa de la edición 2026, el argentino Eduardo Blanco fue protagonista de un vuelco tan violento como impactante, una escena que parece sacada de una película y que terminó con el abandono del Santana Racing Team.
El accidente ocurrió luego del kilómetro 271, en un tramo veloz y con visibilidad comprometida por el polvo. El vehículo N°244, conducido por el español Jesús Calleja y navegado por Blanco, impactó contra una rodera en una zona donde el obstáculo no estaba señalado en el roadbook, pese a tratarse de un sector catalogado como “peligro 3”. El resultado fue inmediato: pérdida de control, varias vueltas de campana y un auto completamente destruido.
Las imágenes del vuelco recorrieron el mundo y volvieron a exponer la crudeza del Dakar. El Santana Pickup T1+ quedó desarmado en medio del desierto, una postal que resume la exigencia extrema de la carrera. Por fortuna, tanto Blanco como Calleja lograron salir por sus propios medios.
El golpe llegó en el mejor momento del binomio. En la etapa anterior habían conseguido su mejor resultado de la edición, con un 26° puesto, y en la jornada del accidente marchaban a solo 17 minutos del líder tras superar el kilómetro 217. Todo se derrumbó en segundos, en una de esas situaciones donde el Dakar no concede segundas oportunidades.
El episodio reavivó las críticas sobre la seguridad y el orden de largada. Calleja ya había manifestado su preocupación por partir detrás de vehículos más lentos, una condición que incrementa el riesgo en sectores con mucho polvo y escasa visibilidad. La quinta etapa terminó confirmando esos temores.
El equipo competía en la categoría T1+ con una Santana Pickup preparada por Century Racing, equipada con motor Audi DECA RS4 de 450 caballos, chasis de acero y un tanque de 450 litros. El proyecto buscaba posicionar nuevamente a la marca española en la elite del rally más duro del planeta.
El Dakar no perdona. Esta vez, el desierto golpeó con fuerza al argentino Eduardo Blanco. Quedará el alivio de que no hubo heridos y una secuencia de imágenes que explican, mejor que cualquier palabra, por qué esta carrera sigue siendo una prueba límite para hombres y máquinas.