La Cámara alta dio su aval por amplia mayoría al tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea y habilitó un cambio estructural en la política de comercio exterior del país. Con 69 votos afirmativos y solo tres en contra, el Congreso ratificó el entendimiento firmado en enero en Asunción, tras más de 25 años de negociaciones entre ambos bloques.
La iniciativa ya fue promulgada por el Poder Ejecutivo, lo que convierte a la Argentina en el primer socio del Mercosur en completar ese paso formal. Sin embargo, para que entre plenamente en vigencia todavía resta la ratificación de los parlamentos europeos, instancia clave para su implementación definitiva.
¿Qué establece concretamente el acuerdo? El núcleo del proyecto es una reducción progresiva de aranceles para el comercio bilateral. La Unión Europea abrirá su mercado al 92% de las importaciones provenientes del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con productos industriales y bienes europeos en plazos escalonados. El tratado también contempla cuotas preferenciales para determinados productos sensibles.
Para la Argentina, el impacto se concentra en su perfil exportador. La carne vacuna, que actualmente enfrenta aranceles elevados en Europa, accederá a nuevas cuotas con gravámenes reducidos o nulos. Lo mismo ocurrirá con productos pesqueros como langostinos y calamares, que pasarán a tributar 0%, y con la merluza y la miel. También se verán beneficiadas frutas y cítricos como limones, peras, arándanos, cerezas y kiwi, sectores con fuerte presencia regional.
El acuerdo prevé además las mayores cuotas agrícolas concedidas por la Unión Europea para bienes como carne bovina, maíz, arroz, carne aviar y etanol. En paralelo, la Argentina reducirá impuestos de importación para productos europeos, especialmente industriales, en un esquema gradual y previsible que apunta a dar certidumbre a empresas y consumidores.
En términos económicos, el Gobierno proyecta un fuerte salto en las exportaciones al bloque europeo. Actualmente, la Unión Europea es el tercer destino de las ventas externas argentinas. Las estimaciones oficiales indican que los envíos podrían crecer hasta un 76% en los primeros cinco años de vigencia y superar el 120% en una década, lo que implicaría más que duplicar el flujo comercial hacia ese mercado.
Otro eje central del proyecto es la seguridad jurídica para las inversiones. La Unión Europea ya es la principal fuente de inversión extranjera directa en la Argentina, con un stock cercano a US$75.000 millones. El tratado incorpora reglas alineadas con estándares internacionales que buscan fortalecer la previsibilidad regulatoria y atraer nuevos capitales, especialmente en sectores estratégicos como energía, minería, litio e infraestructura.
En síntesis, el texto aprobado por el Senado no solo reduce aranceles: redefine el marco de inserción internacional de la Argentina. Si el proceso de ratificación europea avanza, el país quedará integrado a una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con implicancias directas sobre exportaciones, inversiones y competitividad a largo plazo.