La salida de Marcelo Gallardo al campo de juego vestido de negro, con paso cansino, fue una tortura para el plantel de River que comenzó a ser hostigado desde los movimientos precompetitivos al partido contra Banfield válido por la 7ª fecha de un deslucido Torneo Apertura 2026 que ya es histórico sólo por la particular situación de esta renuncia maquillada de despedida.
Al momento que la formación titular de River fue a posar para la foto protocolar se desató el duelo. Todos los insultos para los jugadores y la ovación clásica "Muñeeeco, Muñeeeeco", que retumbó desde los cuatro costados y obligó a que el DT se parara del banco y saludara a todos los presentes.
Bienvenidos los reconocimientos en tiempos de guillotinas a los proyectos deportivos, fundamentalmente en el fútbol, cuando no se dan los resultados. El fin de semana también se vivió algo parecido en La Plata con la partida de Eduardo Domínguez al Atlético Mineiro.
Pero el segundo adiós de Gallardo retumba como definitivo, al menos en la función de DT por la que se convirtió en estatua cuando él todavía pretendía vigencia en Núñez.
Hoy es imposible la futurología con él y su club Millonario, pero el posible regreso huele más a otras funciones que a sentarse nuevamente en el banco de suplentes.
Por eso dolió tanto su video de despedida en el predio de Ezeiza el lunes por la noche. Dolió grabarlo en el plano personal para el DT, dolió en cada dispositivo de hinchas de La Banda por la culminación de algo que fue hermoso, pero terminó pésimo.
Los números del segundo ciclo del Muñeco son lapidarios. Sin títulos en dos años y medio, no se clasificó a la última Copa Libertadores y en el 2026 deberá conformarse (quién llegue) con disputar la Copa Sudamericana. Un ejemplo contundente de lo que fueron las 18 derrotas cosechadas, una docena de las cuales fueron en los últimos 20 partidos, tres de manera consecutiva.
Poco importa el porcentaje positivo en cuanto a la obtención de puntos: 53,72%, bajo de todos modos para la superioridad histórica de un club como River, sobre todo en el ámbito nacional.
Transformación
Sobre todo en el primer período al mando del primer equipo, Gallardo transformó el fútbol riverplatense para siempre. Ideó y lideró la construcción de un predio de entrenamientos top, reestructuró el fútbol formativo y fue piedra fundacional en la recaudación necesaria para la remodelación primermundista del Estadio Monumental. Además de ganar la Libertadores en la final inolvidable en Madrid contra Boca.
Sin embargo, su vuelta fue todo lo contrario, un derroche en los mercados de pases de 100 millones de dólares, si incursión en otras áreas más empresariales secundado por su representante, Hernán Berman, la marginalidad de otra leyenda como Enzo Francescoli y su función de mánager.
Salpicado desde el inicio por los modos en la despedida a Martín Demichelis el técnico inmediatamente anterior, se fue a buscar un salvador y se encontró con un profesional más que terrenal, al que dicen ya no le respondían ni sus propios jugadores.
Por eso quiso una salida sin estridencias, cobijado sólo por el cariño de los hinchas que en modo espectador fue unánime para expresarle cariño eterno, pero desde lo deportivo estaba todo encaminado para una interrupción de contrato de esta magnitud.