Durante la madrugada de este pasado 3 de enero, la ciudad de Caracas, capital de Venezuela, se vio atacada por un bombardeo de parte de Estados Unidos. Comandado por su presidente Donal Trump, el propio líder yanqui confirmó, horas más tarde, que capturó a Nicolás Maduro, mandamás venezolano, y se lo llevó cautivo por vía aérea del país.
Ante este escenario de conflicto diplomático y político, el deporte no queda exento de toda esta cuestión. Es que no es un detalle menor que Estados Unidos acaba de invadir otro país mediante su arsenal militar, lo que podría derivar en una escalada rumbo a una guerra. Todo esto, en el inicio del año donde el Mundial 2026 se disputará en tierras estadounidenses.
Así como ha sucedido en casos recientes de conflictos bélicos en otras partes del planeta, la FIFA puede intervenir en el ataque de el país norteamericano a Venezuela. Sin embargo, en lo que respecta a escenarios de batalla actuales, el ente regulador del fútbol mundial ha tenido respuestas dispares.
En el caso de la invasión de Rusia a Ucrania, y el posterior estallido de la guerra entre las dos naciones -iniciada en febrero de 2022-, la FIFA decidió suspender a la Federación Rusa de todo tipo de competencias desde ese entonces, por lo que no han participado de la Eurocopa 2024, del Mundial de Qatar 2022, de las Eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo 2026 y los clubes rusos tampoco formaron parte de las competencias internacionales del viejo continente.
En cambio, en el actual conflicto entre Israel y Palestina, FIFA omitió las peticiones de organizaciones internacional que exigían una sanción para los israelíes por perpetrar el territorio palestino, pero Gianni Infantino se negó a la suspensión y simplemente hizo un llamado a la paz, alegando que “la FIFA no puede resolver problemas geopolíticos”.
¿Qué puede pasar con Estados Unidos y el Mundial 2026? ¿Puede peligrar la organización de la contienda?
Lo cierto es que, en base al reglamento de la FIFA, en el artículo 76 del Código Disciplinario, “la competencia para sancionar los atentados graves contra los fines estatutarios de la FIFA corresponderá en todo caso a ésta, en el supuesto de que las asociaciones nacionales, las confederaciones o las demás entidades deportivas no enjuiciaran las infracciones cometidas o lo hicieran de manera que no sea conforme a los principios generales del derecho”.
En resumen, la FIFA puede inhabilitar a Estados Unidos por el ataque a Venezuela al igual que lo sucedido con Rusia. En este caso, el país norteamericano quedaría inhabilitado para realizar el Mundial 2026 por la posible expulsión de todo tipo de competencias internacionales.
Sin embargo, parece difícil que esto termine cumpliéndose. El estrecho vínculo entre Gianni Infantino y Donald Trump, además de la cercanía para que comience el acontecimiento global, dan a pensar que la FIFA volverá a utilizar la evasiva que data desde épocas de Joao Havelange, donde FIFA -en cuestiones que conviene- se escuda en la frase del ex mandamás brasileño: “En la FIFA no se hace política, se hace deporte“.
Así las cosas, lo máximo que puede ocurrir, a priori, es un caso similar al de Israel, que FIFA reciba presiones políticas y sociales para que actúe contra Estados Unidos, pero que Infantino la tire afuera y simplemente realice un llamado a la paz entre la nación norteamericana y Venezuela. Por ende, el Mundial 2026, pese al conflicto que estalló este 3 de enero, no parece correr riesgo.