La noche en La Paternal dejó algo más que una derrota. El 1-0 frente a Argentinos Juniors expuso, otra vez, la fragilidad de un River desconocido, sin rebeldía ni capacidad de reacción. El gol del juvenil López Pérez Muñoz, formado en Núñez, fue un golpe que el equipo nunca pudo absorber. Como si el impacto inicial alcanzara para noquearlo.
El equipo de River Plate venía de una goleada dolorosa ante Tigre en el Monumental. El 4-1 no solo dejó heridas futbolísticas, sino que abrió interrogantes profundos. Lejos de encontrar respuestas, el Millonario repitió la imagen: desorden defensivo, escasa generación de juego y una preocupante sequía ofensiva.
Los números ya no acompañan. River acumula 18 partidos sin poder dar vuelta un resultado adverso. Desde aquel 3-2 ante Instituto en noviembre de 2024, nunca más logró revertir una historia que comenzó en desventaja. De esos 18 encuentros, perdió 13 y apenas empató cinco. Las últimas diez veces que recibió el primer golpe, terminó en derrota. Una estadística que grafica la falta de carácter que supo ser marca registrada en los mejores tiempos del ciclo Gallardo.
La planificación también quedó bajo la lupa. Tras un mercado de pases con inversiones millonarias, el equipo lleva cinco fechas sin que sus delanteros conviertan. En La Paternal, el DT volvió a mover piezas, pero el efecto fue nulo. River no genera peligro sostenido, no impone condiciones y, lo más alarmante, no transmite reacción anímica.
El clima empieza a tensarse. Si bien el hincha mantiene el respeto y el afecto por el entrenador más ganador de la historia del club, la paciencia no es infinita. En los últimos partidos en el Monumental ya hubo reproches hacia los jugadores, y cualquier nuevo traspié puede encender definitivamente la mecha.
El calendario no da respiro: Vélez, Banfield, Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán y el compromiso por Copa Argentina asoman en el horizonte inmediato. Cada encuentro empieza a tomar forma de final anticipada.
Gallardo, mito indiscutido en Núñez, atraviesa hoy su momento más delicado en este segundo ciclo. Sin respuestas futbolísticas claras y con un equipo que no refleja su identidad histórica, el margen se reduce. River necesita reaccionar. Y rápido. Porque cuando la hemorragia no se detiene, el riesgo deja de ser una mala racha para convertirse en una crisis estructural.