EDITORIAL

Lo nuestro es pasar

Por estos lares la cuestión es parecida a lo que se vive en el país. La lucha de los que se van es por mantener su cuota de poder y la fuerza de los que llegan es por captar la idea de cambio. La particularidad de Neuquén es que se da dentro del mismo partido de gobierno. Y ya se sabe que no hay peor astilla que la del propio palo. Guillermo Pereyra es el caso emblemático en estas circunstancias.
domingo, 10 de agosto de 2014 · 05:08
Agosto se presentó con todo. Y parece que la era de los cambios se consolida paso a paso. El candidato del Frente Renovador, Sergio Massa impuso en el discurso político la idea de que quedan solo 500 días para que el cambio se siente en el sillón de Rivadavia. Suena como aliciente para quienes quieren que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se vaya a su casa y a su vez es un estímulo para quienes necesitan creer que la política aun reserva una cuota de ilusión.
Con su impronta juvenil y su aura de renovación Massa ilusiona millones de personas que tienen fe en que la política sigue siendo un instrumento para cambiar la vida de la gente. Viene de un pasado kirchnerista pero también es cierto que abandonó al kircherismo en el momento en que muchos pujaban por subirse y le plantó cara cuando debía volver a la intendencia de Tigre. Sobrevivió a los embates y se alistó para dar la pelea política cuando muchos siguieron prefiriendo tener acceso al besamanos oficial. Es un mérito que no puede desconocerse. El discurso oficial lo descalifica diciendo que pertenece al establishment y que abandonó la trinchera popular. Tiene sus argumentos para sostener porque cambió de bando y le sobran razones para defender su posición política. Es una firme promesa, La Promesa. De  él depende no quedarse en eso y nada más.
Por ahora es el más firme candidato a destronar el modelo en vigencia; por ahora millones creen en él. Solo por ahora. El tiempo juzgará cuan acertado es el palpito de los ciudadanos. 
 La situación nacional es un final de época, el gobierno lucha por estirar su poder hasta el final de mandato y los pretendientes a sucederlo luchan por ganar posiciones, los factores de poder que retrocedieron en la era kirchnerista buscan vengarse del daño sufrido, la sabiduría popular debe saber separar la paja del trigo.
Sí o Sí 
Por estos lares la cuestión es parecida a lo que se vive en el país. La lucha de los que se van es por mantener su cuota de poder y la fuerza de los que llegan es por captar la idea de cambio. La particularidad de Neuquén es que se da dentro del mismo partido de gobierno. Y ya se sabe que no hay peor astilla que la del propio palo. Guillermo Pereyra es el caso emblemático en estas circunstancias. El dirigente petrolero ha sido quien rompió el redil del gobernador Jorge Sapag y se lanzó a su propia aventura en busca de la gobernación. Quiso ser el senador de Sapag y ante la negativa afiló su discurso y armó su propio plan de vuelo. Algunos todavía se lamentan no haberlo escuchado. Ganó las PASO y se quedó en la mejor posición para el 2015. Ahora pelea por la conducción del partido.
Ante la ofensiva oficial y del gobierno naconal volvió a endurecer su discurso. Anteanoche en Centenario ratificó su decisión de ser candidato a gobernador y denunció que la Nación "quiere arrebatar nuestras riquezas y eliminar impuestos que significan más de 3 mil millones de pesos de ingresos para nuestra provincia”, y fue más allá al asegurar que "también quiere terminar con la empresa provincial Gas y Petróleo del Neuquén, que hoy tiene una valuación de 1400 millones de dólares”.
Esto se enmarca en la pelea que sostiene en el Senado con el vicepresidente Amado Boudou de quien ha dicho que como mínimo tiene que tomarse licencia y esto no ha sido gratis para el senador neuquino. Afronta la discrepancia de quien ha sido su "elegida”, en efecto la senadora Lucila Crexell marcó sus diferencias con el líder petrolero y se quedó en la sesión donde iba a informar el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich. Más de eso Crexell estuvo compartiendo un acto institucional con el gobernador Jorge Sapag, su tío y acérrimo opositor.
Pereyra afronta el desdén de los gobiernos nacional y provincial, pero sabe que es parte de la carga que debe asumir para ser el próximo gobernador. Los insistentes rumores acerca de su decisión de no ser candidato a gobernador forman parte de esa batería de ataques a su candidatura a presidente del partido. Por eso ha modificado su discurso y hará la campaña diciendo que será candidato, el primer grito lo pegó en Centenario pero ha decidido redoblar la apuesta y unificó personería. La presidencia del partido moviliza pero la gobernación moviliza más. 
Un blanco perfecto 
La decisión del ministro Guillermo Coco de lanzar su candidatura a la gobernación no le resulta nada barata. La infinidad de ataques que ha recibido en los últimos días son una muestra de cuanto afecta la decisión tomada.
Inicialmente Coco lo charló en la intimidad de su equipo y la filtración sonó como la estampida de un rayo. La idea era que no podía hacerse el anuncio en medio de la interna partidaria pero los secretos muchas veces fallan y ahí comienzan las complicaciones. 
Ya no solo desde la interna partidaria le disparan a Coco sino que también han tomado partido los opositores cercanos al gobierno nacional. Los grupos satélites allegados al kirchnerismo disparan sus dardos contra GyP, la empresa provincial que es una piedra en el zapato de YPF y el cerebro de Gas y petróleo neuquino es el ministro.
Los misiles opositores a la idea de GyP apuntan directamente a la cabeza de Coco y este no se corre de la escena, sabe que lo mejor que le puede pasar para instalar su candidatura es que lo pongan en medio de la escena política y desde allí explayar su discurso chauvinista. Le dieron un buen instrumento y parece estar dispuesto a utilizarlo. Ni lerdo ni perezozo se mueve entre las procelosas aguas de la política, algo atípico en quien siempre se refugió en el discurso técnico.
Son los vientos de cambio que se viven en la política neuquina y es como dijo el poeta Machado: Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.


M.E.G.


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