EDITORIAL

Un traspaso karmatico

El Estado ha sido el gran reproductor de poder en la provincia y en las últimas elecciones provinciales quedó demostrado y el contraste fue patente en las elecciones nacionales cuando la intervención del gobierno provincial se repliega y entran en juego otros intereses.
domingo, 8 de noviembre de 2015 · 01:02

En la religión budista y en el hinduismo, se denomina Karma a la creencia según la cual toda acción tiene una fuerza dinámica que se expresa e influye en las sucesivas existencias del individuo. Y a pesar de estar escribiendo en una columna especializada en política hemos elegido un ejemplo de la religión para explicar el momento histórico que vive la provincia de Neuquén frente  la elección nacional y ante el traspaso del gobierno de Jorge Sapag a su ministro y hombre de confianza, Omar Gutiérrez.
"Cada uno es responsable de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser. Lo que eres hoy es el resultado de tus decisiones y elecciones en el pasado. Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy”. 
Nadie escapa a la ley de causa y efecto, lo que sembramos, cosechamos. Siguiendo este razonamiento lo que se está viviendo con la situación financiera provincial es en partes compartidas entre las decisiones propias del gobierno provincial y las decisiones económico-financieras del gobierno nacional.  El nivel de endeudamiento, el crecimiento del gasto público y la ampliación de la planta de personal son algunas de las causas que señalan los analistas como el gran déficit que deja la administración Sapag. 
Se le critica al gobierno que se va, la incondicional disposición con el gobierno de Cristina Fernández y la escasa retribución de este para con la provincia. La no concreción de Chihuido es otra de las cosas señaladas como la ingratitud con que el gobierno nacional ha pagado la lealtad del gobierno neuquino. Se está yendo Jorge Sapag sin concretar su anhelo, no lo dice pero lo asume como su gran frustración.
Cuando respondió a las críticas de la prensa el mandatario exhibió la paz social y reconstrucción de la concordia entre los neuquinos entre sus principales logros; se remite siempre sin mencionarlo al crimen de Carlos Fuentealba, ese hito que fue el quiebre del estrecho vínculo del MPN con las mayorías populares. A partir de ese asesinato la clase media se replegó y junto a los gremios se convirtieron en el principal bastión opositor al histórico partido. La muerte política de Jorge Sobisch, los escándalos de corrupción y la construcción de su conglomerado político fueron parte de la agenda obligada de los primeros cuatro años de gestión. Allí es donde comienza a desplazarse la larga mano del Estado neuquino, allí es donde está el secreto de haber llegado hasta aquí y haber colocado a su delfín en la casa de gobierno. 
Lo que no le gusta al gobernador Sapag es que ahora que se va y queda medio huérfano de defensa se comiencen a destapar el costo de esa paz social. Cuanto le ha costado a cada contribuyente neuquino la pacificación o dicho en otros términos cuanto debió pagar quien nunca tuvo responsabilidad por aquel crimen emblemático. 
El Estado ha sido el gran reproductor de poder en la provincia y en las últimas elecciones provinciales quedó demostrado y el contraste fue patente en las elecciones nacionales cuando la intervención del gobierno provincial se repliega y entran en juego otros intereses. Para ganar la provincia no se ahorraron recursos y se habla de cifras fantásticas; en cambio ya con el gobernador electo en las elecciones para la diputación nacional los recursos fueron paupérrimos. A la vista están los resultados, Rody Kaiser seguirá en la provincia y el Movimiento perderá una banca en diputados.
Todo este relato político tiene su correlato en términos económicos, el déficit acumulado en el último semestre alcanza los 1900 millones de pesos y contrasta con el superávit logrado en el mismo periodo del año anterior. ¿Costaron las elecciones ese monto? Desde ya que no, pero sí marca  cual es el comportamiento del gobierno cuando toma decisiones en un año electoral. A cada cual le ha prometido lo que demandaba y el costo ha sido altísimo. Ahora se viene el momento de cumplir con las promesas y pagar lo comprometido. Es la hora de hablar de la continuidad de la gestión, quien asume la gobernación además de ser el ministro de Economía, es el presidente del partido. No se ha tomado licencia en ninguno de estos cargos y no ha tenido el paso atrás que suelen exhibir los boxeadores en los momentos culminantes. 
Hay mucha ansiedad en la administración para saber quiénes se quedan y quiénes se van; también hay expectativas en la opinión pública por saber cuál será su equipo de gobierno y cuáles serán las medidas que adoptará para domar el déficits y de acuerdo al nuevo gobierno nacional si podrá recurrir al endeudamiento para cumplir con las obligaciones del Estado. Hay todo un panorama que genera preocupación y ansiedad.
El próximo 10 de diciembre culmina un proceso que llevó más de dos años de alocada carrera hacia la sucesión de Sapag, cuando Guillermo Pereyra derrotó a Ana Pechen dejó grogi al gobierno. Fue entonces que los azules comprendieron que estaban muy cerca de irse a su casa, remontaron la cuesta, lograron ganar el partido y ganar la formula y finalmente la gobernación. Ha llegado el turno de pagar el costo de un nuevo mandato, es la hora donde todos comenzamos a mirar quien ordena el salón y  apaga la luz. La fiesta ya se sabe desde siempre quiénes la pagan.

 

M.E.G.



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