OPINION: RUBEN BOGGI

Neuquén, entre la maravilla y la prudencia

El balance de los 100 días se torna inevitable. La prudencia gestual contrasta con la osadía de confiar en el futuro, con financiamiento para enfrentar los compromisos asumidos.
domingo, 20 de marzo de 2016 · 11:05

Lo de los primeros 100 días es una arbitrariedad marketinera, una forma de endulzar los oídos de los gobernantes de turno, pues es difícil defenestrar una gestión en tan poco tiempo, y fatalmente se anotarán porotos para el lado positivo, aunque más no sea por actitud de esperanza, de buena leche.

Puede convenirse que es así a nivel general. Pero lo cierto es que se instaló el tema de los 100 días de Macri, por imperio mediático, y hay que hablar entonces de los primeros 100 días de Omar Gutiérrez, el titular de un nuevo gobierno del MPN, un gobierno que alguna sorpresa (positiva) ha causado, y que alcanza este arbitrario período de juzgamiento precoz en el mismo instante que cierra el acuerdo salarial con los maestros, y termina así de abrochar una precaria aunque importante paz social para el Estado y para todo lo que rodea vivencialmente al Estado, en esta provincia donde el Estado es un poco más que en el resto.

Gutiérrez, que este sábado anduvo con el todavía fulgurante ex boxeador Sergio Maravilla Martínez, reafirmando la convicción del deporte como dique a las adicciones, y a la vez puerta abierta para una vida sin drogas (¿será lo mismo que una vida sin narcotráfico?), cerró dos tipos de acuerdos salariales con los gremios del Estado. Con ATE y UPCN, que participan de paritarias, lo hizo por el semestre; con los docentes de ATEN, que tozudamente han desdeñado el camino paritario, cerró por todo el año. Tiene, así, proyectado un gasto previsible (35 por ciento de aumento promedio) para la mayor masa de asalariados estatales, los maestros; y con los demás, un acuerdo hasta julio, mes en el que se supone que habrá algunas cosas macro ya encaminadas. Por ejemplo, el acuerdo con los holdouts. Por ejemplo, los nuevos precios para el gas.

No hay mayor misterio acerca de la estrategia económica del gobierno neuquino. Hacer el puente hacia los mayores ingresos mediante financiamiento, el más barato que se pueda conseguir. Trabajar sin descanso para que el gobierno de Macri anticipe fondos (ya anticipó 1.500 millones de pesos en tres meses) sin que esto erosione las participaciones futuras. Y producir mientras tanto las bases de mayores ingresos en función de los recursos existentes, lo que se traduce como logros a conseguir en materia de ingresos por hidrocarburos (precio del gas a 5 dólares el millón de BTU promedio) y, fundamentalmente, incrementando las "otras” economías, de manera particular el turismo, y la agro-industria, algo que parece lejano pero que en realidad está al alcance de esta gestión, si la presión política se mantiene.

Mientras tanto, se exaltan las características del gobierno que no están necesariamente vinculadas al dinero, no por lo menos en los objetivos que se plantean y en las metodologías diseñadas para conseguirlo. Esto se traduce así: acción política en todos los frentes sociales. Desde la actividad escuela por escuela, pasando por los clubes deportivos, las agrupaciones de los barrios, las organizaciones que reflejan la sensibilidad social de los argentinos. Allí se verá una creciente participación de lo estatal, confluyendo con la militancia del MPN, partido que (no debe olvidarse) es conducido por el gobernador y por el vice, Rolando Figueroa.

Cristina Storioni, la ministro de Educación que acaba de ser coprotagonista de la negociación con el gremio docente, dio este fin de semana un ejemplo de algunas cosas que se propone conseguir el gobierno en el área. Reveló que en el Consejo Provincial de Educación se pasó de pagar más de 17 mil pesos por mes en gasto de electricidad, a poco más de 90 pesos, con el solo trámite de cambiar las lámparas que se utilizan para alumbrarlo. El ahorro de lo que se malgasta, más la actitud política abierta a cambios que sean para bien, será una característica determinante, asegura esta funcionaria. Otro ejemplo: se aplicarán acciones concretas para usar los patios de las escuelas durante los fines de semana, para que las escuelas estén ocupadas los 30 días de cada mes, para empezar a cimentar otra vez ese ámbito esencial de la democracia y la vida libre en comunidad, tan deteriorado, tan malentendido, tan despreciado, a contramano de la evolución democrática del país.

Así, en los primeros 100 días, hay un balance que puede afirmarse en el concepto de la prudencia gestual como actitud de gobierno –sin dramatismo, sin altisonancia, pero con mucha presencia- y al mismo tiempo, en una osadía casi temeraria, la de confiar en las propias fuerzas aun con variables que no se pueden manejar a nivel local, para apostar a que se haga realidad esa frase de "dar vuelta la página de la conflictividad”. En concreto, Gutiérrez ha sido osado con lo que más conoce, es decir, con la economía: ha jugado muy fuerte, acordando niveles salariales que se corresponden con proyecciones más que con realidades, y esto lo ha hecho confiando en el nuevo momento político del país, y fundamentalmente, creyendo en la "nueva relación” que teje con el mundo occidental el presidente Macri.

Esta semana, Gutiérrez estará en la cena en la que se agasajará al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. El estadounidense pasará, dicen, al menos un día en Bariloche, aquí cerquita. Obama llega con 400 empresarios ávidos de invertir en un país emergente que hasta hace tres meses vilipendiaba a los yanquis, y que ahora pretende firmar un tratado de libre comercio y volver a la relación bilateral sin visa que había conseguido Carlos Menem. Dicen que la CNN quiere comprar Telefé, y que el rubro petrolero (que siempre interesó) vuelve a interesar, justo cuando el precio internacional del crudo anda cerca de los 40 dólares, como amagando a recuperarse en el mediano plazo.

Los primeros cien días son un poco eso: la esperanza en los días que vienen. Para Neuquén, como para el resto del país, sigue siendo más fuerte la esperanza por lo bueno por venir, que la angustia por los males presentes.

Rubén Boggi

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