EDITORIAL

Hierve el MPN, en medio de un escenario cambiante

El Gobernador gestiona inversiones en Estados Unidos. El partido piensa estrategias. Las internas se huelen en el horizonte cercano. Hay disonancias y promesa de catarsis colectiva.

La gestión de Omar Gutiérrez quiere mostrar el rumbo gasífero con claridad antes de fin del año, procurando sintonizar lo más posible con el gobierno de Mauricio Macri, y al mismo tiempo, abrir un surco confiable en la interna del MPN para aspirar a una reelección en 2019 con suficiente masa crítica a favor. El Gobernador pasará la semana en Estados Unidos, en simultáneo con la presencia, allí, del Presidente. Gutiérrez tiene fijada su propia agenda, focalizada absolutamente en los inversores yanquis que ven posible una jugada a largo plazo en Vaca Muerta.

La política danza alrededor. La seguidilla de funcionarios de primer nivel del anterior gobierno nacional, encarcelados, mueve aún más el escenario que había empezado a pintar el resultado de las elecciones del 22 de octubre. Incide en todos los distritos, también en Neuquén. Julio De Vido y Amado Boudou cerraron operaciones muy concretas con esta provincia durante la vigencia del kirchnerismo, en medio de aquel sueño inmortal que fracasó. Los dos están ahora presos. Más allá del show mediático-político, propio de una republiqueta (¡otra vez!) más que de un país serio, lo que fue el núcleo central del gobierno de Cristina Fernández rinde cuentas ante la Justicia. Nunca un ex gobierno tuvo tantos presos. Hay que buscar ejemplos no comparables, en gobiernos militares que siguieron a períodos democráticos, o en la última democracia, la vigente, respecto de la anterior dictadura.

En el MPN el hervor sigue presionando la tapa de la olla que contiene la sustancia primordial del poder provincial en sus manos. Se preparan dos internas. Una por cargos partidarios, para conducir el partido. Otra le seguirá, la de cargos electivos, la fórmula para competir en 2019. Todo pasará dentro de unos meses nomás, porque todos saben, en el partido provincial, que deberán encauzar las mayorías internas lo más rápido posible, despejar la dudas, hacer la catarsis, producir la batalla para que alguien gane y alguien pierda. Saben, además, que sería oportuno concretar la reforma de la carta orgánica, instalar el D´Hont, y posibilitar que ganadores y perdedores compartan, después, las listas de candidatos, en proporción a los votos conseguidos en la interna.

Pero el momento todavía es de incertidumbre. Y hay quienes no aguantan. Se levantan las voces dentro del Gabinete mismo de Gutiérrez para cuestionar áreas del Ejecutivo. Hay descontento con Cultura y con la cartera de Ciudadanía, la que conduce Gustavo Alcaraz. No es extraño que se cuestione en el mismo seno del gobierno del MPN, a sectores donde hay integrantes extrapartidarios afines al kirchnerismo. Es una de las ansiedades del MPN ante el nuevo escenario, desprenderse de los residuos del pasado inmediato, para enfrentar una nueva etapa con una nueva hegemonía que parece alumbrar el macrismo.

En cada cosa concreta que se debate, aparecen las disonancias. En la Cámara de Diputados se observa con mayor claridad estos enfrentamientos, a veces soterrados, otras, explícitos. Todo sirve para criticar. Una muestra de fotos del Che Guevara, concebida desde la amplitud ideológica, provoca indignación entre los que trabajan para acercarse a Macri. El presupuesto desnuda premios y castigos que no son compartidos por todos. La línea de la campaña que terminó en mediocre desempeño se cuestiona abiertamente, por entender que se defiende al Estado más que a la sociedad neuquina. El MPN en estos momentos es como un lago, un gran espejo de agua, agitado por el viento, y del cual puede nacer una incontable cantidad de ríos. Por eso, la dirigencia que tiene en sus manos el poder concreto del Gobierno, piensa, cómo hacer la represa que contenga furias y ambiciones, lo más rápido posible.

En 10 días, se presentará una línea "felipista”, promovida por la rama familiar de los Sapag que ha jugado, hasta ahora, como soporte sin mayores cuestionamientos de los gobiernos de Jorge Sapag y de Omar Gutiérrez. En pocos días más, prometió lanzar su línea y candidatura otro referente, surgido de la historia más o menos reciente, Luis Manganaro, quien antes presentó un proyecto concreto de reforma de la carta orgánica partidaria. El oficialismo propiamente dicho, todavía elucubra posibilidades entre sus referentes más importantes: el propio Gobernador, el vice, Rolando Figueroa, el senador nacional Guillermo Pereyra, el ex gobernador Jorge Sapag.

Pero, más allá de nombres y agrupaciones que se lancen, quizá como nunca antes se está instalando una discusión de fondo en el MPN, que tiene como propósito dilucidar hasta dónde sintonizará con el gobierno de Macri en una reforma del Estado. Porque el escenario neuquino será como una especie de caso testigo, y así será aprovechado por el macrismo con vistas al 2019. Particularmente, en desmenuzar esa corporación político-sindical que tiene el Estado, concebida desde los ’60 del siglo pasado por el propio MPN, recién asumido en su neoperonismo progresista, que pensó en incorporar a los gremios y a los empresarios, para formar así una coalición sectorial invencible y producir el desarrollo económico de la provincia, con la joya ideológica más preciada como bandera, esa que popularizó (aunque no inventó) Eva Perón, la justicia social.

Aquella concepción originó este presente: un Estado supernumerario, que piensa más en sí mismo que en la sociedad que representa, sustentado por una gran renta, que con altibajos, ofrece la riqueza en hidrocarburos. Ahora, esto, como ya pasara en la década del ’90, vuelve a cuestionarse, de la mano de un gobierno nacional que pretende otro modelo. En los ’90, el MPN –vía Jorge Sobisch- trató de achicar el Estado todo lo que pudo sin resentir el propio poder. Ahora, se intuye, habrá otro intento en la misma dirección, aunque la historia, ya se sabe, tiende a no repetirse, sino, en todo caso, a semejarse, con las diferencias que el tiempo y la evolución social van marcando.

Rubén Boggi

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