EDITORIAL

El politburó de Gutiérrez confronta con Quiroga (y viceversa)

Mucha tensión en la política neuquina, más que en la misma sociedad. El atraso administrativo. La puja MPN-Cambiemos por el modelo del Estado.
sábado, 06 de enero de 2018 · 20:41

La política en Neuquén está más tensa que la sociedad. Es posible cada vez que su práctica se desprende de las necesidades reales de la gente, para encapsularse de lleno en las necesidades propias. El MPN tiende a concentrarse en sí mismo, para reafirmar convicción, poder, y hacer su catarsis interna. Cambiemos se obsesiona con marcar sus diferencias en la concepción del Estado. Y el resto se desangra en apocalípticas quejas de un presente aciago, aventurando o bien que el pasado inmediato fue mejor, o que debemos creer en la utopía revolucionaria.

La sociedad, mientras tanto, sigue su curso, muy abandonada. Los resultados educativos han sido malos, pero ya no sorprende. Los hospitales han sido un quilombo permanente: otra costumbre dificultosamente tolerada. Las grandes obras inauguradas muestran su singularidad de estar terminadas sin terminar. La gente tolera y masculla una futura venganza en las urnas, que solo Dios sabe a quién beneficiará y a quién castigará.

El Estado neuquino está, todavía, semiparalizado. El cambio de Gabinete devino en una ordalía de atrasos administrativos. La mitad de los cargos de la burocracia siguen sin confirmar. “No hay firma”, se dice una y otra vez en los ministerios. Los trámites se atrasan, los proveedores sufren, y miles de ñoquis estatales sudan la gota gorda sin saber si recibirán un golpecillo en el trasero o una tranquila confirmación de la vigencia del estatus quo del todo vale, qué me importa.

Omar Gutiérrez, el gobernador, busca afirmarse en la nueva etapa con un puñado de incondicionales dividido en dos círculos concéntricos y pequeños. El más cercano, parientes y amigos, lo atosiga con consejos, advertencias y listas negras que pasan con la velocidad de las alcahueterías para conformar escenarios posibles de lealtades y traiciones. El otro círculo pretende un poco más de racionalidad, ubicado fuera del politburó casi soviético que se ha levantado a sí mismo, curiosamente, de la mano de las nuevas generaciones. Lo integran los ministros más importantes, que buscan no perder el pulso político, y evitar que el MPN haga implosión en las próximas internas, llevándose medio gobierno a una tumba precoz e inapelable.

La obsesión del gobierno es Horacio Quiroga. El intendente capitalino, que se vio con Mauricio Macri durante la semana en una fugaz visita a la cancha de golf de Los Canales, (en el distrito de Plottier, donde aprovechó para sacarse la foto más singular del año Andrés Peressini) dispara con el arma más potente que tiene a mano, que es el superávit de las cuentas públicas. Así, instaló nuevamente el tema de la concesión al EPAS, y cerró, el viernes, con el anuncio del acuerdo salarial para todo el 2018 con el gremio Sitramune. Un 16 por ciento en tres cuotas, sin cláusula gatillo, que esconde otro aumentito devenido de la recategorización que sumará otros puntos al sueldo de los municipales. Aprovechó Quiroga también para sugerir que el gobierno de Gutiérrez debería hacer lo mismo con ATE, UPCN, viales y docentes. Desde el gobierno nacional aprovechan para chicanear también, y aseguran que el acuerdo de Quiroga debería tomarse como ejemplo.

El gobierno de Gutiérrez respondió a todo, con despectiva furia. El ministro Prezzoli le dijo a Quiroga, vía mediática, que solo ponía excusas para no firmar el contrato de concesión con el EPAS apuntando sus diferencias, porque estaba encaprichado en no firmarlo. Y que el presidente de la empresa pública (en realidad, un ente…insistimos) Mauro Millán lo esperaba para aclarar las cosas. El gobierno le baja el copete a Quiroga, que es Intendente, no negociador de un contrato de concesión. Y de paso, deja en claro que su concepción es que el EPAS es equivalente en poder y autoridad a un gobierno elegido por el pueblo. Algo inquietante, y perturbador sobre todo si se tiene en cuenta que Millán ha sido citado a declaración indagatoria por la Justicia federal en una causa por contaminación del río Neuquén, situación sobre la que el gobierno provincial ha guardado un inexplicable silencio.

Otro de los atacantes sobre las incendiarias palabras de Quiroga es el ministro Gaido, quien ha definido al Intendente como un “intendente de Facebook”, es decir, alguien virtual que juega en una realidad asimismo virtual. Gaido repudió el superávit capitalino afirmando que se logra en función de no hacer lo que tendría que hacer el gobierno. Igual, mantuvo la palabra del inicio de gestión del gobierno de Gutiérrez: que cada intendente sería parte del Gabinete. “Es así”, dijo Gaido, por lo que se entiende que es Quiroga el que no quiere participar de las reuniones...aunque todo suena a superchería retórica, y nadie lo imagina al Intendente capitalino y jefe de Cambiemos neuquino, sentado a la misma mesa del Gabinete provincial, reiterando sus conceptos sobre la administración del Estado, el rol de la deuda, y el qué hacer con los sindicatos.

Es posible así que enero pase entre tropezones, bravuconadas e incendiarios panfletos partidarios. En febrero, según se ha dicho, comenzará el proceso formal hacia las convocatorias a internas, con reuniones de la Junta de Gobierno y de la Convención del MPN. O tal vez se adelante un poco. Se verá, según lo que defina el círculo rojo.

Rubén Boggi