La otra cara de la cuarentena

Obras sí, balas no

El balazo que recibió el taxista Miguel Sisterna, pone a la inseguridad en los primeros planos. Comerciantes y vecinos del oeste a los tiros con los jóvenes delincuentes.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 14:16

El próximo 27 de octubre, en nuestro país se tendría que realizar el Censo Nacional. Deberíamos contar con la foto actualizada de la situación demográfica, económica y social de cada una de las provincias de nuestro país, como la obtuvimos en 2010. Hasta el momento nada se ha dicho y es muy posible que la Pandemia también interfiera en esta acción de gobierno que se desarrolla cada década. Entonces, como nunca, el termómetro de esas fotos actualizadas va a estar en los habitantes de cada rincón de nuestro país y de los medios de comunicación. En este caso tengamos en cuenta a aquellos que no son parte de la “grieta” y que son lo que deben ser, transportadores de la realidad tal cual es. Difícil misión en un país de opinólogos, pero es lo que nos toca y hay que estar preparados para el convite del momento. En octubre del 2010 la tasa de desocupación, promedio, en los asentamientos de menos de 500.000 habitantes alcanzaba el 6,6 por ciento. En los conglomerados de más de medio millón de habitantes el porcentual trepaba a los 8 puntos. Para  tener algunos ejemplos de aquella foto, también recordemos que la demanda de viviendas y servicios básicos esenciales figuraban entre las deudas sociales pendientes. La foto de este 2020 está muy distante de aquella. Si bien la Pandemia hizo de las suyas no solo aquí sino en todo el mundo, es justo decir que antes de que el Coronavirus llegara a nuestras tierras, nuestra economía venía a los tumbos y por la banquina. En marzo ingresamos a la cuarentena más larga de esta época y otras tantas, con índices de inflación, desempleo y caída del consumo más que preocupantes. Lo demás la COVID-19, lo hizo.

Lo urgente

Sabemos que el panorama actual es el peor al imaginado. Que el 50% de las fuentes de trabajo en el sector privado están en terapia intensiva y que los gobiernos nacionales, provinciales y locales; deberán someterse a rigurosas medidas de austeridad. Sobre todo aquellas administraciones que hicieron del gasto un festival. La lupa de los “ciudadanos responsables” esta puesta sobre la dirigencia política gobernante y se vienen tiempos de debates más que interesantes. Lo que antes sonaba como un cliché hoy está visto como una demanda impostergable. Los tiempos posteriores a la Pandemia serán los que pondrán a prueba a los gobernantes. Se verá si están a tono con las circunstancias o si mueren en su buena ley con sus viejos y arcaicos libritos de estilo de conducción. Se puntualizó mucho sobre la necesidad de que el gobierno nacional lograra acordar los términos del repago de la deuda que el país mantiene con un grupo de acreedores externo. Luego de mucho trajinar se fumó la pipa de la paz y pareciera ser que el mundo financiero nos abraza con el afecto y consideración como lo hizo en otras épocas. Neuquén, al igual que el resto de las provincias, estaría alcanzada por estas señales. Desde la sede del  gobierno provincial aseguran que el acuerdo de reprogramación de la deuda por 30 millones de dólares estaría listo y que se daría a publicidad en breve. También dicen que el escenario es un buen momento para la reinstalación de Vaca Muerta en el contexto nacional e internacional. El Plan Gas anunciado por Nación hace pocos días es otro de los elementos esgrimidos desde la fortaleza de calle Rioja.

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Mientras tanto, el gobernador Omar Gutiérrez continúa con sus conferencias de prensa,  promocionando los planes diseñados por su gobierno para reactivar la economía neuquina. Todas medidas de aliento y promoción pero que serán efectivas cuando se logre activar el consumo. Mientras los sueldos continúen, precarizados, y con diagramas de pago que en algunos casos llega a ser en cuotas durante el mes; es muy difícil que los instrumentos anunciados sean efectivos en el corto plazo.En este escenario es que llegamos al peor momento de la cuarentena. Miles de personas agotadas por el encierro, psicológicamente “rotas” y con la necesidad de salir a tomar contacto con el exterior. El clima social no es el mismo que el de aquel mes de Marzo, cuando por última vez caminaron las calles de su barrio o disfrutaron de un momento en alguna plaza o parque público. La inseguridad pega sin piedad. Castiga a lo largo y ancho de todo el país y, para ser justos, en el mundo también. Neuquén ingresó al 2020 con un cuadro preocupante en materia de inseguridad. Delincuencia juvenil y crecimiento territorial de las bandas narcos en la periferia capitalina. Cuando el año pasado ocurrió el asesinato del agente de policía en Cutral Có, nosotros desde esta columna advertíamos sobre la situación en Neuquén, Plottier y Centenario. El Área Metropolitana Neuquén es el centro de operaciones de por lo menos tres grupos narcos. Así lo indican las historias que abundan en los barrios más populosos de estas localidades y los continuos enfrentamientos en barrios como Valentina Norte Rural, San Lorenzo, Gran Neuquén, Cuenca XV, Toma Norte, Confluencia, Parque Industrial y Sapere; por citar algunos.

Ausencia y tiros

El viernes pasado el taxista Miguel Sisterna, se dirigía con pasaje desde Cuenca XV al centro del oeste capitalino. Una bala le ingresó por la nuca en forma ascendente perforándole el cráneo. Tiene 33 años, su estado es crítico. Sisterna era chofer de colectivos de larga distancia, la parálisis del sector hizo que se subiera a un taxi para al menos “parar la olla”. El hecho es motivo de investigación, como sea, Sisterna es una de las tantas víctimas de la inseguridad imperante. Lo que surge del caso en estos primeros días, es que hay una llamativa ausencia de protagonismo de las fuerzas de seguridad. Los vecinalistas y comerciantes de distintos barrios coincidieron en que desde hace algunas semanas no hay más personal policial en las calles y que el delito callejero ha ido en aumento. Las corridas de comerciantes a jóvenes “rastreros”, así los llaman, que huyen portando el botín obtenido es una postal coincidente en los barrios más populosos de la capital provincial. Los vecinos se arman en defensa de sus bienes y los comerciantes armaron redes de seguridad a través de whatsapp, en la cual tienen a mano a algún encargado de “ajusticiar” al reo que aparezca en escena. Mientras la institucionalidad policial comienza a ser objetada, en los barrios crecen grupos de choque para frenar el delito. Los testimonios obtenidos, en off, dan crédito de lo dicho anteriormente y marcan la gravedad del cuadro de situación. El entramado social está en ebullición y a punto de explotar. Por eso es que la foto de este censo es muy distinta a la de hace 10 años atrás. Las comunidades y los barrios se sienten desprotegidos, pero además ven a la dirigencia política en otra sintonía. Los programas de reactivación y generación de empleo son muy importantes, pero también hay que profundizar o recuperar la presencia de las instituciones de seguridad y justicia en cada lugar que haga falta, caso contrario estaremos ante un escenario social complicado.

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