El sábado 1 de marzo, una operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán desató una ola de condenas en varios países latinoamericanos, que expresaron su preocupación por las víctimas civiles y la creciente inestabilidad regional.
Gobiernos de Brasil, Colombia, Cuba, Venezuela, México, Chile y Perú manifestaron su rechazo a los ataques y solicitaron que las partes involucradas retomen el diálogo y las negociaciones diplomáticas. En este marco, instaron a la Organización de las Naciones Unidas a intervenir para contener la escalada y preservar la paz.
Los países se pronunciaron sobre el conflicto
Venezuela fue uno de los primeros países en pronunciarse. En un comunicado difundido por el canciller Yván Gil, el gobierno venezolano lamentó que "en un contexto en el que se desarrollaban esfuerzos diplomáticos y negociaciones en curso, se haya optado por la vía militar mediante ataques contra la República Islámica de Irán".
El texto venezolano destacó la gravedad de la situación, subrayando que "causan consternación los reportes e imágenes de ataques a instalaciones civiles dentro del territorio iraní, que han causado bajas civiles inocentes, incluidas estudiantes menores de edad de una escuela primaria de dicho país". Además, hizo un llamado a la "comunidad internacional y a los Estados involucrados a retomar la vía de la negociación y evitar una mayor extensión de la confrontación".
Por su parte, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó en la red social X que "los ataques perpetrados por Israel y Estados Unidos, quebrantando la soberanía e integridad territorial de Irán, constituyen una flagrante violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas".
Díaz-Canel agregó que estas acciones "arruinan, por segunda ocasión, los esfuerzos de la diplomacia en relación con la cuestión nuclear y ponen en peligro la paz y la seguridad regional e internacional". El gobierno cubano también pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que asuma su "responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad" y a la Asamblea General que promueva "la restauración de la paz con la urgencia y la determinación que exige el momento".
Desde Bogotá, la Cancillería colombiana condenó "de manera categórica el uso de la fuerza en Oriente Medio", solicitó la protección inmediata de la población civil y urgió a la comunidad internacional a actuar con rapidez para evitar consecuencias devastadoras. El presidente Gustavo Petro también pidió que la ONU convoque una reunión urgente y declaró que "es la hora de la paz mundial".
Petro criticó directamente a los mandatarios Donald Trump y Benjamin Netanyahu, señalando en X que "el presidente Trump se ha equivocado hoy" y calificó la acción como "barbarie", aludiendo a la muerte de "50 niñas menores de edad asesinadas por un misil de Netanyahu".
Brasil expresó su profunda preocupación y llamó a todas las partes a respetar el derecho internacional y ejercer la máxima moderación para evitar una escalada de hostilidades, garantizando la protección de los civiles y la infraestructura civil.
Chile, mediante un comunicado oficial, manifestó su inquietud ante la grave escalada militar y condenó tanto los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán como la respuesta iraní contra Israel y países del Golfo. La Cancillería chilena hizo un llamado a detener la violencia y reiteró su compromiso con la no proliferación nuclear.
La administración peruana, encabezada por José María Balcázar, también invitó a privilegiar el diálogo y los mecanismos diplomáticos para restablecer la estabilidad y la paz, reafirmando su compromiso con el respeto irrestricto del derecho internacional, la soberanía y la solución pacífica de las controversias según la Carta de la ONU.
En México, la Secretaría de Relaciones Exteriores expresó profunda preocupación y exhortó a evitar una escalada mayor del conflicto.
Los ataques, que comenzaron en la madrugada del sábado, provocaron una respuesta iraní con contraataques en Bahréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Según medios estatales iraníes, la operación causó la muerte del líder supremo Ali Jamenei y otras autoridades, además de dañar infraestructuras políticas y militares clave.
La Sociedad de la Media Luna Roja de Irán reportó hasta el sábado 201 personas fallecidas y 747 heridas como consecuencia de los enfrentamientos.